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Una oficina de objetos perdidos llamada X

Más de 500 personas ayudaron en X a José Arcas en la búsqueda de su iPad olvidado días antes en un AVE de Renfe

Una mujer usa su 'tablet' durante un viaje en tren. Hinterhaus Productions (Getty Images)

Posiblemente la tablet sea el mejor invento desde la invención de la penicilina. Creo que podría acostumbrarme a vivir sin un móvil conectado a Internet, pero ni hablar de renunciar a esa pantalla gigante que muestra mis correos electrónicos, la prensa, los libros y las series subtituladas al tamaño que agradecen unos ojos bastante machacados. Por esta razón me saltaron todas las alarmas solidarias el pasado jueves cuando descubrí en X a un usuario, @jose_arcas, que trataba de desesperadamente de recuperar el iPad que había olvidado en un tren: “Hola, @Renfe, me dejé el iPad en un AVE hace dos días y lleva desde entonces viajando por España. No puedo reclamarlo como objeto perdido desde la web de ADIF porque no figura como encontrado. Tengo los detalles del tren en el que va, podéis avisar a la tripulación?”, interpelaba el desdichado a la compañía ferroviaria.

¿Cómo sabía José que su iPad estaba recorriendo la piel de toro cual baúl de la Piquer? La tablet tenía activada la función que permitía geolocalizarla desde otro dispositivo registrado con la misma cuenta. Y, efectivamente, el iPad de José estaba viendo mucho mundo, como atestiguaban las capturas de los mapas que el afectado iba compartiendo desde su cuenta de X. Subida en un AVE entre Madrid y Valencia, la tablet pasó, entre otros parajes de España, por Santa Cruz de la Zarza y Seseña, en la provincia de Toledo, así como La Gineta, en Albacete o Vilar de Olalla en la provincia de Cuenca.

Como este mundo está repleto de gente estupenda, aunque la política internacional se esfuerce por desmentirlo, más de 500 personas compartieron con sus propias cuentas de X la búsqueda de José. Algunos le daban ánimos: “Rezo para que lo encuentres y espero que puedas obtener ayuda”, escribió @Chimaría.“Te van a cobrar por todos los viajes que ha hecho”, opinaba @nolose2003. Un buen ramillete de usuarios coincidía en la misma observación. “Ese iPad está viajando más que yo”, algo que tampoco resulta exagerado como pronóstico si la subida del precio de los carburantes sigue amenazando con fastidiar las vacaciones del personal.

Con media red social siguiendo la búsqueda del iPad como si se tratara una película de suspense, se produjo un momento de crisis: Renfe informó en X que la primera intentona de localizar la tableta con los datos de número de tren, vagón y asiento proporcionados por el propietario había resultado infructuosa. Pero el dueño de una tablet no se da por vencido así como así. José ideó entonces un ingenioso método con un segundo sistema de geolocalización, gracias a un reciente servicio de la propia web de Renfe que permite situar en el mapa de España, en tiempo real, la posición de todos los trenes que están circulando. José cruzó los datos de la ubicación de su iPad con los del mapa de trenes y comprobó que su dispositivo viajaba camino a Alicante. Hizo capturas de pantalla de la geolocalización de Apple y del mapa de la herramienta de Renfe y volvió a compartirlas desde su cuenta.

Para entonces más de un usuario de X había hecho suya la misión de que la tablet no volviera a vagar por esos caminos del Señor. El amable @buffoneta, residente en Alicante, se ofreció a infiltrarse en la estación de tren de la ciudad en una operación comando para recuperar el iPad de José. Se identificó en las oficinas de Renfe y, con las autorizaciones pertinentes, consiguió subir al tren. Buscaron y encontraron, como predicó San Mateo. Lo siguiente fue una fiesta virtual de alegría compartida entre asiduos de una red social sin vínculos previos entre ellos. Un buen recordatorio de que, cuando no hay malajes a la vista, las redes sociales recuperan su capacidad de conectar a humanos y sacar de ellos su mejor versión.

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