Japón se entrega a Takaichi
La arrolladora mayoría absoluta de la primera ministra favorece la estabilidad del país, pero no justifica cambiar el compromiso constitucional con la paz y la democracia
Poco después de llegar al cargo de primera ministra de Japón (la primera mujer en hacerlo), Sanae Takaichi pidió disolver la Cámara de Representantes para intentar lograr una mayoría absoluta de su partido, el Liberal Democrático (PLD), que pusiese fin a un periodo de inestabilidad política —con cuatro primeros ministros en cinco años—, sin su tradicional socio de gobierno, el centrista Komeito, que en octubre pasado rompió la coalición que había mantenido durante 26 años. La decisión de convocar unos comicios con poca antelación (solo 16 días de campaña) y en pleno invierno (en un país donde muchas regiones registran fuertes nevadas en febrero) no ha estado exenta de polémica.
Pese a la nieve, los japoneses han respondido con creces a la petición de la política ultraconservadora: el PLD ha conseguido 316 de los 465 escaños en liza, su mejor resultado, y por primera vez en la historia del Japón democrático un partido supera los dos tercios en la Cámara Baja. Esto sería suficiente para impulsar una reforma constitucional, siempre y cuando logre convencer a suficientes miembros del Senado, donde el partido de Takaichi no tiene mayoría.
El gran derrotado ha sido el liberal progresista Partido Constitucional Democrático, el principal de la oposición, cuya coalición con Komeito se ha tenido que conformar con 49 escaños. El auge de Takaichi ha quitado el viento bajo las alas de otros partidos conservadores, en especial el ultraderechista Sanseito, que ha logrado 15 escaños, más que en 2024 pero muy lejos de sus expectativas iniciales. Mientras, la ya precaria izquierda parlamentaria se ha hundido.
La receta de Takaichi es una retórica agresiva y optimista (para atraer a los votantes descarriados a la ultraderecha), una política fiscal que saque a la economía del marasmo —derivado del envejecimiento de la población y la pérdida de fortaleza industrial frente a otros países de la región— y, sobre todo, una posición más dura en política exterior y de defensa, en especial ante China. Takaichi forma parte del sector más duro del PLD, que exige reformar el artículo noveno de la Constitución nipona, que prohíbe a Japón tener fuerzas armadas salvo para su propia defensa. Esto ya le ha generado a Takaichi un serio conflicto diplomático con Pekín, tras afirmar que una invasión de Taiwán supondría “un riesgo existencial” para Japón. La primera ministra cuenta con el apoyo de Donald Trump, que respaldó su campaña.
La estabilidad de la mayoría del PLD será una buena base para impulsar una reconstrucción económica, pero el mandato de Takaichi, por grande que sea, no justifica cambios radicales. El compromiso constitucional japonés con la paz y la democracia le ha convertido en uno de los pilares del orden internacional basado en reglas en Asia Oriental y en uno de los países más prósperos del mundo. Sería un error perderlo.