Columna

La foto

La suerte y la desgracia de un partido político como Ciudadanos es que se parece a las bragas de canalé. O sea, que es fugaz, que tapa lo justo

Lorena Roldán, junto a Alejandro Fernández, en un acto de precampaña del PP de Cataluña.Enric Fontcuberta (EFE)

“¡Se le ve la foto!” era el grito unánime de cualquier tribu de niños ante la impúdica, aunque fuera involuntaria, exhibición que conducía a un fin frustrante: toda la sexualidad reprimida se condensaba, para los varones en ciernes, en una visión gloriosa, la de unas bragas blancas. Esas bragas, puestas al sol para quitarles las humedades del lavado, perdían ya todo su sex-appeal. ¿Por qué diablos pasaba eso?

La respuesta, amigo mío, está flotando en el viento, que es más o menos como decir que ni puñetera idea. Lo sexi de unas bragas blancas, preferiblemente de canalé, está en q...

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“¡Se le ve la foto!” era el grito unánime de cualquier tribu de niños ante la impúdica, aunque fuera involuntaria, exhibición que conducía a un fin frustrante: toda la sexualidad reprimida se condensaba, para los varones en ciernes, en una visión gloriosa, la de unas bragas blancas. Esas bragas, puestas al sol para quitarles las humedades del lavado, perdían ya todo su sex-appeal. ¿Por qué diablos pasaba eso?

La respuesta, amigo mío, está flotando en el viento, que es más o menos como decir que ni puñetera idea. Lo sexi de unas bragas blancas, preferiblemente de canalé, está en que vayan puestas, en que se sepa que tapan algo que no es bueno que se descubra.

Unos niños que jugaban, por ejemplo, a dola, rompían la disciplina del juego porque una ráfaga indiscreta de viento había permitido ver, por unas décimas de segundo, un atisbo de braga blanca de una paseante dominguera. Un rato después, los niños volvían al redil y reemprendían el juego pactado. Las bragas blancas no aseguraban ninguna permanencia. Su secreto, probablemente, también tenía que ver con la fugacidad.

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A las niñas no les pasaba. Más bien componían un gesto de repugnancia ante la visión de una bragueta mal cerrada. No había ningún do ut des en ese terreno.

La suerte y la desgracia de un partido político como Ciudadanos es que se parece a las bragas de canalé. O sea, que es fugaz, que tapa lo justo, y que despierta el interés de solo una parte de la población.

En algo se tenía que parecer esta época a otras pasadas en las que las bragas blancas significaban algo, en las que si alguien cambiaba de bragas le podían dar otra cosa a modo de trueque.

Que es lo que pasa también con las bragas de canalé de hoy. Lorena Roldán, una de las dirigentes clave de Ciudadanos en Cataluña sin ir más lejos, o las de otros líderes del partido en lugares donde no han tocado poder, lo que hace más caro o imposible el cambio de bragas… ellos y ellas, esta es la novedad, han entrado de cabeza en el juego de los cambios. Algo que puede dejar sin bragas a gente como Manuel Valls, el hombre que lo apostó casi todo a un solo color.

A los de Ciudadanos se les ve la foto ahora mismo. Son el centro de muchas miradas. Algo es algo.

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