Columna

Qué risa

No es difícil si se mira despacio, saber lo que es preciso hacer. Gobernar y ejercer la oposición

La presidenta de Ciudadanos, Inés Arrimadas, y el portavoz adjunto de Ciudadanos en el Congreso, Edmundo Bal, en el Congreso de los Diputados, el pasado 30 de septiembre.EUROPA PRESS/E. Parra. POOL - Eu (Europa Press)

Ay, qué risa me da mi risa, decía Gracita Morales para conseguir el favor de los espectadores.

Los ciudadanos decentes no pueden dejarse llevar por la desesperanza ni la desesperación. La tentación es enorme. Hay, por un lado, la oferta permanente de la “cirugía de hierro”, la que supone el final de las autonomías, por ejemplo que, como siempre, viene de la extrema derecha.

Pero ahora nos llega una presunta nueva amenaza, que es la que tiene a la política y, por supuesto, a los y las políticos/as como el nuevo enemigo a batir. Es una amenaza que parte del propio terreno, algo así...

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Ay, qué risa me da mi risa, decía Gracita Morales para conseguir el favor de los espectadores.

Los ciudadanos decentes no pueden dejarse llevar por la desesperanza ni la desesperación. La tentación es enorme. Hay, por un lado, la oferta permanente de la “cirugía de hierro”, la que supone el final de las autonomías, por ejemplo que, como siempre, viene de la extrema derecha.

Pero ahora nos llega una presunta nueva amenaza, que es la que tiene a la política y, por supuesto, a los y las políticos/as como el nuevo enemigo a batir. Es una amenaza que parte del propio terreno, algo así como un “fuego amigo”, que puede causar bajas donde menos se espera. Viene envuelta en una más que bienintencionada y espléndida prosa.

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No es fuego amigo, sino fuego muy amigo. Parte de una desconsoladora realidad, que es la de que hoy en España se debate, o quizá no se debata, nada más que la capacidad de los políticos para hacer algo que sirva al país.

No hay nada más oportuno que “Dios nos asista”, recordando a Larra. A continuación de sólida, incontestable, exposición de horrores. Verdad lo de Larra, pero este país ha demostrado ya que se puede poner de acuerdo sobre las cosas fundamentales. Una de ellas, y vale como ejemplo, es justamente la transición que tuvo y tiene dos enemigos, los nacionalismos, muy crecidos hoy sobre todo en Cataluña donde se muestran capaces de cualquier maniobra que promueva sus cortos intereses, y la extrema derecha de siempre.

A todo esto le sabrá hacer frente, una vez más, el pueblo español aliado a sus políticos. España ya ha sabido una vez afrontar una situación tan delicada como la que vivimos ahora. Y realmente no debería ser tan difícil porque en aquellos momentos la generosidad de los contrincantes se sobrepuso a los intereses inmediatos elevando por encima de ellos hechos que parecían inalcanzables. ¿Acaso huelen más los muertos de Paracuellos o de Badajoz ahora que entonces? Es la misma táctica de la extrema derecha, asumida ahora por una derecha que se siente comprensiva para llegar a algún poder.

La irresponsabilidad de Pablo Casado alcanza a sus límites, pero más lejos va aún la de Ciudadanos, que han podido dejar a un lado los estúpidos prejuicios de Albert Rivera. No es difícil, si se mira despacio, saber lo que es preciso hacer. Gobernar y ejercer la oposición. ¡Qué risa me da mi risa!

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