Valencia, Barcelona y la pérdida de la identidad de las ciudades
Jordi Amat y Josep Vicent Boira alertan de que la turistificación menoscaba la democracia en un encuentro del Aula de les narratives de la Universitat de València
Dice Jordi Amat que no pasea por La Rambla de Barcelona desde hace 10 años: “Ya no es mía”, afirma el autor barcelonés del libro Les batalles de Barcelona (Edicions 62). Es terreno ocupado por los cruceristas y turistas en su recorrido del puerto a la Sagrada Familia. Los vecinos ya no la sienten como propia, como la arteria emblemática de antaño, y esa ocupación se va extendiendo a otras calles del centro.
Sostiene Josep Vicent Boira que los valencianos también están perdiendo algunas de sus señas de identidad, como la calle de Caballeros, la vía histórica forjadora de la ciudad sobre la que hay un gran desconocimiento y en la que el gótico Palau de Los Centelles se transformará en un hotel de lujo. “Es un símbolo de la batalla que perdemos”, apunta el autor de Valencia. La Ciudad (Tirant Humanidades).
Ambos participaron este jueves en la tertulia Narrar la ciutat amenaçada, organizada por el Aula de Narratives en la Nau de la Universitat de València. Amat, escritor, crítico y coordinador de Babelia en EL PAÍS, y Boira, geógrafo y comisionado del Corredor Mediterráneo (hasta marzo), coincidieron en que la turistificación, la expulsión de los vecinos de los núcleos urbanos y la pérdida de la identidad son elementos que desvertebran la sociedad y menoscaban la salud democrática de las ciudades.
“¿Puede ser democrática una ciudad donde no pueden vivir los que han nacido en ella?”, preguntó Paco Cerdà, planteando una cuestión que marcó en buena medida el tenor del encuentro entre los dos autores, apasionados urbanitas y analistas de la ciudad desde una perspectiva contemporánea (Amat) e histórica (Boria) en sus respectivas obras. El escritor ejerció de presentador y moderador junto a la responsable de l’Aula y catedrática de Filosofía del Derecho, Cristina García Pascual.
El nivel de turistificación de Barcelona, que recibió 15.5 millones de turistas en 2024 (según el Consorci de Turisme), es mucho mayor que el de Valencia, que acogió a 2,4 millones el mismo año (Fundació Visit Valencia), pero comparten muchos problemas. La ciudad del Turia empieza a padecer algunos que la ciudad condal conoce desde hace tiempo.
“Gente de clase media hemos de marcharnos del centro de las ciudades, porque no podemos pagar los alquileres. Ya no es solo que no puedan vivir los pobres. Si creemos que no hay democracia sin igualdad ni libertad, la dinámica de la vivienda lo imposibilita”, señaló Amat.
“Hemos de recuperar dos ideas que han articulado Valencia: la idea de misericordia, del amparo de las personas más débiles, y la idea de progreso, que siempre ha sido muy fuerte en Barcelona, pero también en Valencia”, indicó Boira.
El catedrático de la Universitat de Valencia destacó cuatro figuras que han marcado la Valencia moderna: el escritor y político Vicente Blasco Ibáñez, el alcalde falangista Rincón de Arellano y los alcaldes Ricard Pérez Casado y Rita Barberá.
El crítico literario ponderó el trabajo en Barcelona de los alcaldes Narcís Serra y sobre todo de Pasqual Maragall, “gente que ya está reflexionando sobre las carencias democráticas de las ciudades” ya en el franquismo. Amat, no obstante, incidió en que no hay un “relato de la construcción del proceso democratizador en las ciudades”, como sí lo hay en las autonomías, por ejemplo.
En cualquier caso, “la democracia entra a través de las ciudades gracias al prestigio de los ayuntamientos”, que van resolviendo los problemas de las ciudades del posfranquismo que carecían de servicios fundamentales.
En el tentador juego de elegir las novelas que mejor explican las ciudades, tras citar varios títulos en boca de la mayoría, Amat se inclinó por Vida privada, de Josep María de Segarra, por su radiografía del desarrollo de la Barcelona moderna, y Boira escogió Flor de mayo, de Blasco Ibáñez, por la descripción del realismo social de Valencia de finales del siglo XIX, que incluye el sufrimiento y la explotación de las mujeres.