El espacio de Junts, en disputa
Una parte del partido se decanta por intentar retener a los votantes indecisos adoptando el discurso de Aliança Catalana, mientras otra llama a reunificar las diferentes sensibilidades de la antigua Convergència
Las alarmas suenan con intensidad en Junts desde que el barómetro del CEO de noviembre vaticinó un empate con Aliança Catalana en la tercera posición en unas eventuales elecciones autonómicas. Aunque el partido de Sílvia Orriols quedaba por debajo en intención de voto, ambas fuerzas obtenían 19-20 escaños y Aliança aparecía como el partido más votado en Lleida y Girona. Desde entonces, Junts vive con angustia la sensación de una encrucijada en la que, si las cosas le van mal, puede llegar a convertirse en una fuerza secundaria, residual incluso.
La primera prueba de fuego van a ser las ...
Las alarmas suenan con intensidad en Junts desde que el barómetro del CEO de noviembre vaticinó un empate con Aliança Catalana en la tercera posición en unas eventuales elecciones autonómicas. Aunque el partido de Sílvia Orriols quedaba por debajo en intención de voto, ambas fuerzas obtenían 19-20 escaños y Aliança aparecía como el partido más votado en Lleida y Girona. Desde entonces, Junts vive con angustia la sensación de una encrucijada en la que, si las cosas le van mal, puede llegar a convertirse en una fuerza secundaria, residual incluso.
La primera prueba de fuego van a ser las municipales de mayo de 2027, en las que las encuestas y muchos expertos dan por hecho que Aliança Catalana le arrebatará buena parte de los votos que obtuvo en 2023. Es cierto que en las elecciones locales cada municipio es un mundo, pero el hecho de que Junts solo tenga una fidelidad de voto del 60% indica que ha entrado en zona de riesgo.
Conscientes de esa grave amenaza, el expresidente Artur Mas ha abogado por reunificar las diferentes sensibilidades de la antigua Convergència. Lo plantea en términos de “recuperación”, lo que supone impugnar la deriva política de Junts bajo el liderazgo de Carles Puigdemont.
Este llamamiento es en realidad una desesperada operación de supervivencia ante la confusión en que vive Junts y su dificultad para establecer una estrategia para hacer frente a la amenaza que representa Sílvia Orriols. Una parte del partido se decanta por intentar retener a los votantes indecisos adoptando el discurso de Aliança Catalana. Es lo que ha ocurrido en Manresa, al anunciar una candidatura con el ultra Sergi Perramon, líder de Avenç Nacionalista, un grupo escindido, como el de Sílvia Orriols, del Front Nacional de Cataluña. El alcaldable, Ramón Bacardit, defiende un discurso antiinmigración que en nada se distingue del de Orriols. Manresa tiene 80.000 habitantes, de los que 18.000 son extranjeros, y la mitad de ellos de origen magrebí.
De seguir esta estrategia, el camino conduciría a aceptar con naturalidad pactos postelectorales con Aliança Catalana en otros municipios para retener alcaldías o arrebatárselas a la izquierda. Pero esta opción implica abandonar la idea de centralidad que propugnan quienes añoran a CiU. El problema es que en estos años han pasado muchas cosas y no es tan fácil recuperar el espacio perdido. En primer lugar, porque una parte de las viejas sensibilidades han encontrado acomodo en fuerzas políticas colindantes. Pero, sobre todo, porque además de la competencia de Aliança Catalana, Junts tiene que hacer frente a dos poderosos adversarios que ya le han arrebatado la hegemonía y le disputan el espacio electoral. En primer lugar, el PSC de Salvador Illa, que no disimula su intento de atraer a sectores económicos y del empresariado antes afines a Convergència. Y, en segundo lugar, Esquerra Republicana, que ha emprendido un giro posibilista y de pactos justo cuando Junts se atrinchera en la política de la confrontación y coquetea con el esencialismo populista. Las recientes mociones de censura promovidas por ERC para arrebatar a Junts las alcaldías de L’Ametlla de Mar y Perafort son testimonio de esa pugna. Constreñida entre tres fuerzas políticas pujantes, Junts lo va a tener muy difícil para conservar su espacio electoral.