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La caída al vacío de los siete alumnos de La Granja en la tragedia de Santander: “Ha sido un cúmulo de desdichas”

El director del centro donde estudiaban los jóvenes que fallecieron en la pasarela de Santander cuenta que habían terminado el ciclo y ese día se fueron de excursión

El director del centro de formación profesional La Granja, Carlos Micó, primero por la derecha, asiste al minuto de silencio por los jóvenes que cayeron al mar tras romperse una pasarela ayer en El Bocal, de Santander. A su lado, el consejero de Educación de Cantabria Sergio Silva Fernández.Foto: Iratxe Rodríguez (EFE) | Vídeo: EPV

“Mala mar, marea alta y una plataforma que se viene abajo, el suelo se abre a sus pies, como si fuera una película. Ha sido un cúmulo de desdichas”, enumera Carlos Micó, director del centro de formación profesional La Granja de Heras, situado en el núcleo de Heras, a unos 15 kilómetros de Santander. Micó no daba crédito cuando ayer le llamaron para decirle que siete de sus alumnos se habían “caído al vacío” mientras hacían una ruta por una zona de acantilados. Cinco de ellos, cuatro chicas y un chico con edades de entre 19 y 22, fallecieron y sus cuerpos fueron rescatados del mar. Una alumna de 19 años logró sobrevivir. Está ingresada en la Unidad de Ciudados Intensivos del hospital Marqués de Valdecilla de Santander. Otra, de 20 años, está desaparecida. Un dispositivo de búsqueda intenta localizarla en la zona desde primera hora de este miércoles. “Ayer estaba en shock, la adrenalina nos dio energía, pero hoy está saliendo toda la impresión”, reconoce, todavía con restos de lágrimas en la cara y las gafas empañadas. Podía haber sido peor. “Hubo un chico que también iba a ir, pero al final llegó tarde y se lo perdió”.

El centro La Granja, en el que los siete alumnos estudiaban un grado superior de Técnico en Ganadería y Asistencia en Sanidad Animal, ha convocado a sus estudiantes este miércoles a las 13.00 a un minuto de silencio. Micó, que apenas ha podido decir unas palabras a los medios de comunicación, contaba después, algo más tranquilo, que las seis alumnas y el alumno que ayer salieron de la excursión estaban cerrando una etapa en sus estudios. “Era un día de fiesta”, manifiesta, sin dar crédito a lo que pasó en las horas posteriores. Tres de las chicas se iban a ir de viaje de Erasmus y también era el momento en el que iban a conocer a las empresas en las que iban a hacer las prácticas.

Micó cuenta que los chicos eran “un grupo muy bueno”, “muy implicado en el centro”, “alumnos modelo”, llega a decir en algún momento. Algunos de ellos llevaban cuatro años en el centro, de ahí que algunos exprofesores y exalumnos también hayan querido acercarse a mostrar su dolor por la pérdida. “Hace falta tener un ocho en Bachillerato para acceder”, incide el director, para indicar que eran chicos “muy motivados” con su formación. La clase a la que pertenecían tenía 20 alumnos y este año se habían quedado 200 solicitudes fuera.

“¿Cómo estás Micó?”, pregunta un alumno con cariño al director, mientras le da un pequeño apretón en el brazo. Intercambian varias palabras de ánimo y el joven le dice que se va dar un paseo. Señala un campo de césped en el que hace unos minutos sus compañeros se han concentrado en el acto de homenaje a los alumnos fallecidos. “Esta es la relación que tenemos en el centro, muy cercana, muy familiar”, resume el director. La comunidad educativa, formada por 600 alumnos y 70 profesores, ha hecho lo posible por gestionar el duelo.

“La incertidumbre nos ha matado”

“Ha sido un día muy duro. No sabes lo que ha sido a las ocho de la mañana”, resume el docente. El director ha agradecido el apoyo psicológico prestado por el Gobierno de Cantabria y el equipo de psicólogos de Cruz Roja que se ha desplazado hasta allí para atenderles. “La incertidumbre nos ha matado”, dice, señalando que todavía no se sabe nada de Elena, la chica a la que se busca en el mar, y de la que destaca su gran implicación con el centro, especialmente en proyectos solidarios. “Algunos de los chicos comían en el comedor, los cocineros están destrozados”.

Cuatro de los cinco fallecidos se habían traslado desde otras comunidades para cursar sus estudios en Cantabria. Tres de ellos venían del País Vasco y la cuarta de Andalucía. La única superviviente también se trasladó desde Euskadi y la joven desaparecida residía en Guadalajara.

El centro ha vivido un día especialmente emotivo. “Ha sido un día para gestionar el duelo, para acercar la relación entre profesor y alumno, para encajar lo que ha pasado”, resume Micó, que reconoce que no ha podido atender a la gran cantidad de mensajes que ha recibido estas horas. Tras la charla, se une a un grupo de alumnos que a las 14.00 todavía permanecía de pie en las instalaciones sin saber muy bien como retomar la jornada.

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