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Tomás y Valiente y el concepto de ‘patria política’

Diversos actos de homenaje recuerdan al presidente del Constitucional en el 30 aniversario de su asesinato por ETA

Francisco Tomás y Valiente, entonces presidente del Tribunal Constitucional, junto a los jueces Fernando Garcia-Mon y Eugenio Díaz Eimil, en la toma de posesión de los nuevos vocales en la renovación del órgano de garantías, el 8 de julio de 1992.Luis Magán

Esta semana está marcada por el 30º aniversario del asesinato de Francisco Tomás y Valiente, cometido por ETA el 14 de febrero de 1996. Este jueves fue objeto de homenaje en el Tribunal Constitucional, del que fue presidente entre 1986 y 1992. El más importante de estos actos tuvo lugar este viernes, presidido por los Reyes en la Universidad Autónoma, de la que Tomás y Valiente era catedrático de Historia del Derecho. El conocimiento que Paco Tomás —como se le llamaba cordialmente en el órgano de garantías— tenía de esta materia era ingente, y siempre puesto al servicio de las soluciones juríd...

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Esta semana está marcada por el 30º aniversario del asesinato de Francisco Tomás y Valiente, cometido por ETA el 14 de febrero de 1996. Este jueves fue objeto de homenaje en el Tribunal Constitucional, del que fue presidente entre 1986 y 1992. El más importante de estos actos tuvo lugar este viernes, presidido por los Reyes en la Universidad Autónoma, de la que Tomás y Valiente era catedrático de Historia del Derecho. El conocimiento que Paco Tomás —como se le llamaba cordialmente en el órgano de garantías— tenía de esta materia era ingente, y siempre puesto al servicio de las soluciones jurídicas más razonables, de la recta interpretación de las normas. Su preocupación fue garantizar el buen sentido y el equilibrio en las resoluciones del tribunal, en sus debates y en su proyección exterior.

Tuve el privilegio de tratarle muy de cerca, con periódicas entrevistas y visitas a su despacho, en las que se pronunciaba siempre con tacto y claridad. Le inquietaban los indicios de desapego hacia las instituciones y apelaba con frecuencia al deber de los dirigentes políticos de actuar con plena responsabilidad para mantener el prestigio del sistema constitucional. Fueron tiempos, los de aquel sexenio, de abundante conflictividad en materia territorial. Hubo cientos de recursos de inconstitucionalidad y conflictos de competencias, incluso después de haberse salvado el escollo de la Ley Orgánica de Armonización del Proceso Autonómico (LOAPA), por sentencia de 1983, un año y medio después del intento de golpe de Estado del 23-F.

La tesis de Tomás y Valiente era que los nacionalismos, y en particular el catalán, darían un gran paso si decidían colaborar a la estabilidad del sistema asumiendo responsabilidades para formar parte del Gobierno, como el PSOE llegó a proponer luego con toda claridad en la última legislatura de Felipe González. “Dile a los tuyos, a los catalanes, que no se conformen con gobernar en Cataluña, que asuman el reto de gobernar para todo el país”. En aquellos años, esa apelación era sobre todo para CiU y su líder, Jordi Pujol, quien nunca quiso aceptar ese compromiso, ni permitir que otros de su misma formación lo hicieran.

En uno de aquellos encuentros me mostró una carpeta que contenía el planteamiento de un conflicto de competencias sobre “las gallinas ponedoras en batería”. Tomás y Valiente tiró de ironía para referirse a lo innecesario de tanta conflictividad, y me hizo otra petición. “Diles —me pidió— que para arreglar este asunto no es preciso que acudan al Constitucional. Para resolver esta controversia quizá bastaría con que cambiaran a las gallinas de posición”. Anécdotas aparte, en lo sustancial el tribunal fue muy sensible con un asunto que preocupó gravemente a la mayor parte de las fuerzas políticas catalanas, y no solo a CiU, como el de la enseñanza del catalán. De hecho, el Constitucional avaló la inmersión en sus primeras resoluciones, aunque luego la sentencia de 2010 sobre la reforma del Estatut reabrió el debate.

Tomás y Valiente, de origen valenciano, siempre tuvo “sensibilidad” autonómica. El 18 de enero de 1996, apenas un mes antes de ser asesinado, ingresó en el Consejo de Estado como consejero permanente, y en su discurso rindió homenaje a su antecesor en este cargo, el capitán general Manuel Gutiérrez Mellado. Para ello citó al licenciado Sebastián de Covarrubias, quien en 1611, en su Tesoro de la lengua castellana o española se refería al concepto de “patria” como “la tierra donde uno ha nacido”. “Esa tierra —precisó Tomás y Valiente— no se identifica con el terruño o la patria chica de cada cual, ni se delimita geográficamente sino políticamente: es la tierra de la sociedad política, del pueblo al que uno pertenece”. Como el hombre de bien que era, Tomás y Valiente siempre se valió del derecho y su historia para unir y predicar el consenso. Por ello, su concepto de “patria política” debía entenderse referido a la disposición “a vivir en relación de generosa procura de su bienestar, de su bien vivir, de su paz y, en estos tiempos de general conciencia democrática, de su libertad”.

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