Amancio Ortega se convierte en el mayor magnate inmobiliario del mundo
A través de varias sociedades, como Pontegadea, el empresario controla propiedades por más de 21.200 millones
Amancio Ortega, el fundador de Zara, puede considerarse multimillonario por partida doble. A través del imperio de la moda bajo el paraguas de Inditex, grupo del que controla el 60% de las acciones en Bolsa, es una de las personas más ricas del mundo. A esa riqueza hay que sumarle la fortuna inmobiliaria que ha ido construyendo, con un goteo de compras, precisamente con las ganancias provenientes del grupo textil. El empresario, que cumplió 90 años el pasado mes, se ha convertido en el magnate con una mayor cartera inmobiliaria del mundo, según publica Forbes. Esta revista calcula en 25.000 millones de dólares (21.200 millones de euros, a cambio actual) ese patrimonio inmobiliario repartido en más de 200 propiedades en 13 países, un importe basado en datos de registros.
Los datos públicos de los inmuebles adquiridos hasta ahora por Ortega ofrecen una cifra similar, según calcula EL PAÍS, a la estimada por Forbes. Para calcular esa fortuna en ladrillo hay que comprobar el valor de esas inversiones inmobiliarias en las distintas sociedades del empresario en 2024, las últimas disponibles en el Registro Mercantil. A través de Pontegadea, su principal vehículo inversor, contaba a esa fecha con propiedades por 12.149 millones; a eso se le suman otros 2.889 millones en Pontegadea GB 2020, y otros 3.675 millones en Partler.
A esas tasaciones de inmuebles de 2024 hay que sumar las adquisiciones de Ortega en 2025, un año altamente inversor, ya que destinó 1.875 millones en nueve compras inmobiliarias (aunque la cifra es mayor porque hay dos inversiones adicionales en Luxemburgo de las que no se conocen los importes). En total, la cifra ascendería al menos a 20.586 millones, sin tener en cuenta esos edificios de Luxemburgo y la posible revalorización de la cartera en 2025, un ejercicio en el que en general mejoraron las valoraciones inmobiliarias en Europa y EE UU.
La estrategia del empresario leonés afincado en A Coruña ha estado muy clara desde que Inditex debutase en Bolsa en 2001. Los millonarios dividendos obtenidos mediante el imperio textil los ha ido destinando en su mayor parte a realizar compras inmobiliarias, con lo que ha creado esa gigantesca cartera en sus manos, mayor que la de las dos grandes inmobiliarias españolas, que son Merlin Properties (12.630 millones en 2025) y Colonial SFL (12.203 millones).
Ortega es, asimismo, la décima persona más rica del mundo, según el ranking publicado en marzo por Forbes, con una fortuna calculada en 148.000 millones de dólares en ese momento (125.450 millones de euros), principalmente gracias al valor de sus acciones de Inditex. Esa lista estaba encabezada por Elon Musk, principal accionista de Tesla, Jeff Bezos, dueño de Amazon, y Serguéi Brin, cofundador de Google.
Cómo son las inversiones
Como cada vez los beneficios de Inditex han sido mayores, los dividendos proporcionales al 60% del capital que controla Ortega han sido también más elevados, así que sus inversiones inmobiliarias han ido creciendo en los últimos años. Por ejemplo, en este 2026, el multimillonario cobrará más de 3.200 millones por las ganancias de Inditex de 2025, lo que supone un récord personal.
El fundador de Inditex, un imperio creado a partir de los años ochenta, ha seguido siempre un principio muy claro a la hora de comprar inmuebles. Fundamentalmente son activos muy bien ubicados y de buena calidad en las principales calles comerciales de las grandes ciudades del mundo. Aunque inicialmente su apuesta era por locales, que en muchos casos estaban alquilados a la propia marca de Zara, las compras se han convertido en más relevantes en volumen al calor de los mayores dividendos. De esa forma, Ortega se ha ido haciendo con lo que en el mercado se llama activos trofeos. Hay numerosos ejemplos de este tipo de propiedades: solo en Madrid cuenta con la Torre Picasso en Azca y la Torre Moeve al norte de la Castellana (una de las conocidas como las Cuatro Torres).
Por valor, su mayor compra fue la de Royal Bank Plaza, un edificio de oficinas en Toronto por el que pagó 916 millones dólares en 2022. También en Canadá, en Vancouver, desembolsó en 2025 otros 855 millones de dólares (unos 680 millones de euros, al cambio en la fecha de la compra) para hacerse con la sede de Amazon en esa ciudad. En Europa, destaca la adquisición de The Post por 700 millones de euros (al cambio en esa fecha), inmueble en las inmediaciones de Oxford Street y que alberga la sede de la consultora Mckinsey.
En los últimos años, sin embargo, se podría decir que ha incluido otra variante en sus compras: la diversificación por tipo de activos. Si hasta hace poco sus propiedades eran básicamente edificios de oficinas, tiendas y hoteles (en menor medida), Ortega le ha perdido el miedo a entrar como casero logístico para grandes multinacionales y en viviendas de alquiler (que cumplen también los criterios de zonas bien ubicadas de grandes ciudades y enfocados a inquilinos de rentas altas).
Precisamente, la principal transacción de la historia de Pontegadea se produjo en logística en EE UU. En septiembre de 2022 desembolsó 905 millones por nueve almacenes, adquiridos a la inmobiliaria Realty Income y operadas por empresas de primera fila como Amazon, Fedex TJX, Home Depot y Nestlé. Daba así el primer gran paso para entrar en la logística, en unas operaciones que desde entonces ha ido repitiendo en América y Europa. Sobre sus mercados favoritos, Ortega ha puesto sus ojos siempre en España, Estados Unidos y el Reino Unido.
En España, en la primavera pasada cerró la transacción por la que se hizo con la sede de Planeta en Barcelona por 250 millones, la operación más importante en el país desde 2016, cuando adquirió la entonces Torre Cepsa por 490 millones.
Otra diferencia en la estrategia del multimillonario es el tiempo que conserva las propiedades, ya que es un inversor a muy largo plazo. De toda sus compras, según la base de datos inmobiliaria Real Capital Analytics, solo ha vendido 10 edificios. Entre las desinversiones, se encuentran activos que han dejado de ser estratégicos, como la venta de una tienda en Seúl por 18,5 millones, un mercado de retail que ha dejado de tener interés para el empresario. Recientemente, también se desprendió de un edificio de oficinas en París por 90 millones.
Más allá de inmobiliario
En los últimos tiempos, Ortega ha invertido a través de Pontegadea —donde impera la discreción impuesta por el dueño sobre los movimientos empresariales— en otros negocios en países con seguridad jurídica, principalmente de la OCDE (la organización de los países más desarrollados), a través de participaciones minoritarias en compañías que tengan una caja estable y sean negocios previsibles, sin sobresaltos. Así, ha entrado en energía invirtiendo en dos sociedades de Repsol propietarias de parques eólicos y solares; en una sociedad de la francesa EDF, además de contar con acciones por el 5% de Enagás; el 5% de Redeia, y el 13,7% del operador portugués de electricidad y gas REN. En el sector de las telecomunicaciones entró en Telxius, una firma de cable submarino controlada por Telefónica y en la que el family office dispone de un 30% del capital social.
En esa diversificación, a finales de 2024, la firma adquirió el 20% de Q-Park, con la que se adentró en el negocio de aparcamientos. El pasado verano se conoció la entrada de Pontegadea en las infraestructuras portuarias, al comprar al fondo canadiense Brookfield —que continúa como accionista mayoritario— el 49% de la empresa británica PD Ports. Y su último gran movimiento, en 2026, ha sido también en esa área portuaria, al hacerse con una participación del grupo australiano Qube.