Reportaje:

Un jardín de libertad

La videoartista iraní Shirin Neshat salta a la ficción con 'Women without men', realismo mágico en versión persa

Hay un momento de digresión en Women without men en que sus protagonistas, mujeres de muy distinta clase social, acaban en un jardín especial, alejado en lo temporal y lo espacial de las revueltas -y posterior golpe de Estado- que vivió Irán en 1953.

Es un toque de realismo mágico nada sutil, un guiño a la auténtica pasión de su directora, la iraní Shirin Neshat (Qazvin, 1957): el videoarte. Neshat es una de las creadoras audiovisuales más importantes y Women without men, su exitoso salto -premio en Venecia incluido- al largo de ficción. Ese guiño enlaza su película con ...

Suscríbete para seguir leyendo

Lee sin límites

Hay un momento de digresión en Women without men en que sus protagonistas, mujeres de muy distinta clase social, acaban en un jardín especial, alejado en lo temporal y lo espacial de las revueltas -y posterior golpe de Estado- que vivió Irán en 1953.

Es un toque de realismo mágico nada sutil, un guiño a la auténtica pasión de su directora, la iraní Shirin Neshat (Qazvin, 1957): el videoarte. Neshat es una de las creadoras audiovisuales más importantes y Women without men, su exitoso salto -premio en Venecia incluido- al largo de ficción. Ese guiño enlaza su película con Hunger, de Steve McQueen, otro videocreador de altura devenido en cineasta con ganas de contar historias sociales con potencia visual y lirismo. "Muchas gracias por el paralelismo. Le respeto muchísimo como artista y como realizador de cine", contesta por teléfono desde Nueva York.

Más información

"Es cierto que usamos la poesía para hablar del drama. Otros artistas, como Julian Schnabel, han caído en su salto al cine en lo convencional. Al contrario, para mí era necesario usar la fuerza de las emociones, la potencia de las imágenes para construir la historia sin olvidar los diálogos. Ah, el guion... es duro respetarlo para alguien que viene de la videoinstalación [risas]".

La iraní ha vivido casi toda su vida en Estados Unidos, pero nunca ha traicionado a su país natal en su obra. "Estoy tan involucrada en ser iraní, que entiendo que la gente vea mi obra como la de una autora de allí, a pesar de que a los 18 años mi familia se mudó a EE UU. Sé que mi obra es un constante diálogo entre la sociedad iraní, el islam y la condición femenina. Ser artista es ser consciente de ti misma, de tu realidad". Y en esta ola de libertad que arrasa como un tsunami a los países islámicos, ¿le ha llegado la hora a Irán? "Ojalá. Esto está pasando tan rápido. En Egipto fue muy espontáneo, pero en Irán no pillarán al Gobierno con la guardia bajada. Hay un férreo control de las comunicaciones".

En Women without men, el jardín-refugio alegórico en el que se recluyen las mujeres bebe del realismo mágico de la literatura sudamericana. ¿Es una elección suya? "Estaba en el libro en el que se basó el guión. Mucha gente me avisó: 'Ese tipo de literatura es el más difícil de trasladar al cine'. No hay ni una adaptación decente de las novelas de Gabriel García Márquez, porque la magia y la alegoría no se pueden plasmar en la pantalla si no lo haces con absoluta libertad artística. Y lo alegórico siempre ha estado en la cultura persa. El jardín sirve para escapar de la realidad, y muchos occidentales no me entienden".

A Neshat se le acaba el tiempo -"tengo que ir al dentista, hasta los videoartistas tenemos cuerpos mortales [risas]"-, pero antes quiere recordar a Jafar Panahi, el cineasta iraní represaliado por el régimen de los ayatolás. "Somos amigos, estamos en contacto constantemente. Su conversión en icono es dolorosa para su situación, necesaria para defender la democracia en Irán".

Un fotograma de Women without men, con las manifestaciones en Teherán en 1953. Abajo, Shirin Neshat.
Shirin Neshat.

Babelia

Las novedades literarias analizadas por los mejores críticos en nuestro boletín semanal
RECÍBELO

Sobre la firma