Crítica:DANZA

Sonrisa al futuro incierto

El ballet académico español sigue en un avatar oscuro. Corella cambió el gancho principal del programa (su Diana y Acteón) por un balanchine junto a la cubana Adiarys Almeida. Resultó de trámite, empezó algo tibio y ganó en temperatura allá por la coda, pero siempre con un déficit en musicalidad y tiempos. Son ágiles intérpretes y dotan la escena de energía, son de sonrisa fácil, contagiosa, y eso gusta al público.

La compañía se mantiene, aunque son evidentes elementos nuevos algo bisoños, y así la función, con altibajos, salió adelante con gallardía y problemas técnicos ...

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El ballet académico español sigue en un avatar oscuro. Corella cambió el gancho principal del programa (su Diana y Acteón) por un balanchine junto a la cubana Adiarys Almeida. Resultó de trámite, empezó algo tibio y ganó en temperatura allá por la coda, pero siempre con un déficit en musicalidad y tiempos. Son ágiles intérpretes y dotan la escena de energía, son de sonrisa fácil, contagiosa, y eso gusta al público.

La compañía se mantiene, aunque son evidentes elementos nuevos algo bisoños, y así la función, con altibajos, salió adelante con gallardía y problemas técnicos no achacables al artista (sonido, telón de boca).

La coreografía de Tippet es muy difícil; pensemos que está concebida para las exigencias del American Ballet Theatre. Los adagios en progresión, el acento estilístico de czardas (en alusión al origen eslavo del compositor), un todo que, para obtener el efecto deseado, depende de la respiración aérea, del acento elevado como signo del perenne lirismo que habita la danza clásica.

BALLET ÁNGEL CORELLA CASTILLA Y LEÓN

Bruch Concerto: Clark Tippet / Max Bruch; Tchaicovsky Pas de Deux: G. Balanchine / P. I. Tchaicovski; Clear: Stanton Welch / J. S. Bach; We got it good: S. Welch / Duke Ellington; In the upper room: Twyla Tarp / Philip Glass. Nuevo Auditorio de San Lorenzo de El Escorial.

14 de Julio.

El solo de Corella basado en Ellington está hecho a su medida, explota sus dotes (giro, velocidad), e histrión, su simpatía. Se trata del efecto deslumbrante de la dinámica aplicada con cierta elegancia al jazz. Podría modestamente Corella pensar en Fred Astaire, que resolvía con eficacia los contrastes, la aceleración o la cadencia.

Tras Clear vino In the upper room, gozoso cuadro donde Glass se cita a sí mismo. Una perturbadora belleza obtenida en el ostinato de la repetición hace de esta obra una maravilla donde hay algo desgarrado y amargo, ansioso, tras unas complicidades que devienen en humor melancólico. La compañía tiene que madurar también en otro sentido, crear su propio repertorio, no vivir del ajeno. Pero supone una sonrisa al futuro incierto.

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