Crítica:XV BIENAL DE FLAMENCO DE SEVILLA

Empuje colectivo

Es la fuerza que viene, que ya está aquí. Jóvenes con un concepto del trabajo colectivo que parece motivar el individual. Juntos, independientes y libres. Venidos de sitios diversos de Andalucía y reunidos en Madrid por un amor al baile que demuestran en cada nueva obra. En esta, a diferencia de su anterior, la celebrada Chanta la mui, se entregan plenamente al flamenco de una forma desnuda. Dos cantaores, dos guitarras y mucho baile.

Se reúnen en piezas colectivas y dejan espacio para las individualidades. En las primeras, se apuntan interesantes trabajos coreográficos con detal...

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Es la fuerza que viene, que ya está aquí. Jóvenes con un concepto del trabajo colectivo que parece motivar el individual. Juntos, independientes y libres. Venidos de sitios diversos de Andalucía y reunidos en Madrid por un amor al baile que demuestran en cada nueva obra. En esta, a diferencia de su anterior, la celebrada Chanta la mui, se entregan plenamente al flamenco de una forma desnuda. Dos cantaores, dos guitarras y mucho baile.

Se reúnen en piezas colectivas y dejan espacio para las individualidades. En las primeras, se apuntan interesantes trabajos coreográficos con detalles de gran plasticidad que abren puertas de modernidad. Cuando se presentan en solitario, conceden más espacio a la ortodoxia, pero imprimiendo fuertes dosis de personalidad. Qué bien se coloca Marcos Flores con esa planta de bailaor entero que transmite en cada desplante. Por martinetes estuvo variado en formas dentro de la sobriedad que exige el género. Olga Pericet, que está sobrada en muchos aspectos, sorprendió con un más que correcto baile por alegrías, luciendo una bata de cola que movió con suficiente soltura sin dejar de imprimir con su cuerpo los detalles de donosura imprescindibles en esos aires gaditanos. Liñán se reservó el difícil reto de la soleá, que resolvió con solvencia. A los tres, sin embargo, les sobraron minutos. Debe de ser la fuerza de la juventud.

En sus trece.

Baile: Manuel Liñán, Olga Pericet, Marcos Flores. Guitarras: Antonia Jiménez, Arcadio Marín. Cante: Emilio Florido, Jesús Corbacho. Percusión: Sergio Martínez. Cuerpo de baile: Tacha González, Ana Romero. Artista invitado: Daniel Doña.

Teatro Central, 20 de septiembre.

Como artista invitado, se unió al trío el granadino Daniel Doña, que aportó gran presencia escénica y un contrapunto estilístico en clave más clásica. También, para las piezas colectivas, se sumaron Tacha González y Ana Romero, componiendo los seis un cuerpo de baile homogéneo donde funcionaron las normas esenciales de todo grupo: simetría, sincronía y, como se dijo, unas muy plásticas aportaciones en la geometría de los cuadros. Con esa formación arrancó la obra en una vidalita fundida con un baile de trilla. Con posterioridad, los cuatro actores principales dejarían una farruca original y fresca, para concluir todo el conjunto por bulerías. Entre medio, los pequeños detalles de calidad que dejó Doña y las dos chicas del cuerpo de baile en cuadros que fueron más que una transición. Y para el final, todo el cuadro al completo por bulerías.

Configurada la obra con la alternancia de esos elementos individuales y colectivos, el espectáculo tuvo continuidad y variedad, aunque la suma resultante se alargara en demasía. Al resultado global también contribuyó el trabajo musical de las guitarras, con la portuense Antonia Jiménez (sí, una guitarrista) al frente. Ella y Arcadio Marín ofrecieron placenteras transiciones musicales en cada momento. También, y en el mismo sentido, los cantaores, especialmente el gaditano Emilio Florido, que se está confirmando como un gran acompañante para el baile.

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