Esta mesa era un bidón

Hace cinco años un profesor de música le encomendó tirar a la basura unos viejos y deteriorados bidones metálicos, que solía usar para las clases de percusión. Había entre los desechos, además, un par de carritos oxidados de supermercado. François Royer no vio eso. Más bien, bajo la sosa crisálida vislumbró mariposas de colores.

Así comenzó su particular fábrica de muebles. Stanker ofrece modelos únicos de mesas, sillas, repisas y lámparas, a partir de esos "artísticos, viejos, pero sexy" bidones basura. Este creador parisiense considera que con su trabajo contribuye a "re...

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Hace cinco años un profesor de música le encomendó tirar a la basura unos viejos y deteriorados bidones metálicos, que solía usar para las clases de percusión. Había entre los desechos, además, un par de carritos oxidados de supermercado. François Royer no vio eso. Más bien, bajo la sosa crisálida vislumbró mariposas de colores.

Así comenzó su particular fábrica de muebles. Stanker ofrece modelos únicos de mesas, sillas, repisas y lámparas, a partir de esos "artísticos, viejos, pero sexy" bidones basura. Este creador parisiense considera que con su trabajo contribuye a "reflexionar sobre la manía de consumir y tirar, porque urge crear conciencia sobre la reutilización de los recursos". Royer dedica la mitad de su tiempo a la docencia, la otra la invierte en el reciclaje artístico, sus creaciones y en la música, su otra pasión. Las colecciones son bastante reducidas, aunque muy solicitadas. La mitad de la última -de tan sólo 12 piezas- ya tiene un cartelito de "Vendido". Los precios van de los 300 a los 500 euros. http://stanker.design.free.fr.

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