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Y ahora, ¿qué?

La ex tenista Nadja Manjón Mihalic comparte su experiencia como aspirante a convertirse en deportista profesional y no lograrlo

El porcentaje de deportistas que se convierten en profesionales varía según el deporte, pero en ningún caso asciende demasiado. En el fútbol, por ejemplo, la posibilidad se queda en el 0,15% en España. En el atletismo de Estados Unidos se calcu...

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El porcentaje de deportistas que se convierten en profesionales varía según el deporte, pero en ningún caso asciende demasiado. En el fútbol, por ejemplo, la posibilidad se queda en el 0,15% en España. En el atletismo de Estados Unidos se calcula que puede estar alrededor del 2% desde el ámbito universitario —mucho menor desde la educación secundaria, entre 0,02% y 0,03%—. En el mundo del tenis se calcula que menos del 1% llegan a profesionales. Y llegar significa poder vivir de ello, no formar parte de la élite. El porcentaje de deportistas que alcanzan la cima de sus respectivas disciplinas se reduce considerablemente.

Esos datos implican que existe un importante número de personas que lo intenta y que no lo consigue. Puede ser por cuestiones genéticas, por una lesión, por falta de apoyo o, sencillamente, porque el día decisivo, en el momento clave, la suerte no estuvo de su lado.

¿Qué sucede entonces con todas las horas empleadas, con todas las jornadas de doble sesión de entrenamiento, las sesiones extra de gimnasio, los estudios encajados en las horas libres? ¿Qué pasa por la cabeza de alguien que ha dedicado una parte importante de su vida a perseguir un objetivo que no ha alcanzado? Un trabajo en el cual, además, suele estar involucrado todo el entorno del deportista.

Esa misma pregunta —¿y ahora qué?— se hizo un día la tenista gallega Nadja Manjón Mihalic. Después de años de entrenamiento, ilusión y dedicación, llegó a detestar las competiciones. En Los que no llegaron presenta una autobiografía en la que, a través de la figura de Ana —una joven que aspira a ser profesional del tenis—, relata su historia con el deporte de la raqueta. Porque hubo un momento, cuando aún era una niña, en el que su vida —y la de su familia— cambió para siempre. Se centrarían en su carrera deportiva, se mudarían a donde hiciera falta. Viajar, conocer gente, la adrenalina de la competición, las expectativas de futuro… Y un día, de repente, el silencio. Un libro para entender todos los sentimientos que genera una carrera deportiva que no terminó en la meta esperada. Después, afortunadamente, queda la persona.

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