Tunda de Nadal, estirón de Davidovich

El balear arrolla al abatido Dimitrov (doble 6-1) y se mide en cuartos a Rublev (7-6, 5-7 y 6-3 a Bautista), mientras el andaluz sigue creciendo (6-2 y 7-6 a Pouille) y Carreño cede contra Ruud (7-6, 5-7 y 7-5)

Nadal golpea con el 'drive' durante el partido contra Dimitrov.ERIC GAILLARD (Reuters)

En el diván desde hace tiempo, Grigor Dimitrov, aquel talento de juego renacentista al que en sus inicios en la élite se le comparaba de forma desmesurada con Roger Federer, no consigue levantar cabeza. No se encuentra. No sale del túnel. Profesionalmente, el búlgaro está ko. Al límite. El que en su día era uno de los proyectos más seductores es ahora un alma en pena que ha perdido el rumbo y lucha consigo mismo. Lo sabe Rafael Nadal, con el que ...

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En el diván desde hace tiempo, Grigor Dimitrov, aquel talento de juego renacentista al que en sus inicios en la élite se le comparaba de forma desmesurada con Roger Federer, no consigue levantar cabeza. No se encuentra. No sale del túnel. Profesionalmente, el búlgaro está ko. Al límite. El que en su día era uno de los proyectos más seductores es ahora un alma en pena que ha perdido el rumbo y lucha consigo mismo. Lo sabe Rafael Nadal, con el que comparte una buena amistad y que este jueves intentó no hacer sangre, pero resultó inútil: Dimitrov no estaba, puso demasiado de su parte. En consecuencia, doble 6-1 (en 55 minutos) y rumbo a los cuartos.

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Más allá de la abrumadora superioridad del español sobre la arcilla, Dimitrov bajó los brazos desde el principio y el resultado fue un duelo completamente descafeinado, sin miga ni sustancia, al que Nadal respondió con buen hacer y del que no pudo extraer excesivas conclusiones; desde luego, no más de las que obtuvo un día antes contra Federico Delbonis, cuando sí pudo chequear su tenis porque el argentino le propuso réplica, escasa pero suficiente para comprobar que su tenis y su cuerpo están bien, y que la preparación ha ido en la dirección correcta. Dimitrov dimitió de entrada, y el pase se resolvió en un abrir y cerrar de ojos. Sin contemplaciones.

De esta forma, Nadal —solo cinco errores, sin caer en la tentación de relajarse— se abre paso y vuelve a situarse en una posición franca para alzar por duodécima vez el trofeo de Montecarlo, donde a excepción de 2003, cuando debutó en el torneo y todavía no contaba un solo pelo en el bigote, siempre ha pisado los cuartos. En ellos se medirá (no antes de las 17.00, #Vamos) al ruso Andrey Rublev, verdugo de Roberto Bautista (7-6(2), 5-7 y 6-3). Mientras tanto, Dimitrov enfiló el vestuario reducido a la mínima expresión, tras reventar una raqueta y lejísimos del tenista que impactó en su despegue en la élite, o de ese otro trabajado que ganó el Masters y Cincinnati hace cuatro años. Allá quedó el irreconocible búlgaro.

“Él ha jugado demasiado agresivo y con muchísimos errores [32]. Es un partido sobre el que hay poco que analizar por mi parte. Es lo que hay, estoy en cuartos y eso una noticia positiva para mí. ¿Si hubiese preferido otro estilo de partido? Sí, pero es el que ha sido”, simplificó; “lo positivo es que he ganado y mañana [por este viernes] será una historia diferente. Confío en estar preparado. Los días previos me indican que lo estoy, pero luego hay que salir y jugar al nivel que necesito”.

A la progresión de Nadal y la sorprendente caída de Novak Djokovic, que dio un paso atrás en toda regla frente al británico Daniel Evans, la jornada añadió el triunfo de Alejandro Davidovich. El malagueño, de 21 años y citado (11.00, Movistar) con Stefanos Tsitstipas, sigue acumulando méritos y haciéndose un hueco en la zona noble del circuito. Después de haber apeado hace dos días a Matteo Berrettini, el primer top-10 al que derrotaba, este jueves volvió a emitir brillos con una victoria contra el francés Lucas Pouille (6-2 y 7-6(2) que le concedía su primer pasaporte hacia los cuartos de un Masters 1000. De hecho, el andaluz es el español más joven que alcanza dicha ronda en un evento de esta categoría desde que lo consiguiera Nadal en el Masters de Miami de 2008, con esa misma edad; eso sí, el balear lo hacía entonces por vigésima vez.

Al cierre de la jornada, el asturiano Pablo Carreño cedió contra Casper Ruud por 7-6(4), 5-7 y 7-5.

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