El niño “bajito” que cubre al despistado Diakhaby

Visto con recelo en la cantera, Guillamón apuntala la zaga del Valencia

Hugo Guillamon, durante el derbi valenciano.Maria Jose Segovia / AFP7 (Europa Press)
Valencia -

Mouctar Diakhaby atraviesa una aguda crisis de confianza. Más que un central de presente, el francés lo es de futuro tras dos temporadas en el club. Correcto el curso anterior y desdichado este, ha involucionado tras la salida de Marcelino. Víctima de las expectativas, Diakhaby todavía es incapaz de asumir responsabilidades huérfano de Garay o de Gabriel Paulista, los mariscales defensivos. Autor de tres penaltis en los dos últimos partidos, dos ante el Atalanta y uno ante el Levante, el joven de 23 años ha emborronado el porvenir que le auguraban los ojeadores internacionales.

Las cala...

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Mouctar Diakhaby atraviesa una aguda crisis de confianza. Más que un central de presente, el francés lo es de futuro tras dos temporadas en el club. Correcto el curso anterior y desdichado este, ha involucionado tras la salida de Marcelino. Víctima de las expectativas, Diakhaby todavía es incapaz de asumir responsabilidades huérfano de Garay o de Gabriel Paulista, los mariscales defensivos. Autor de tres penaltis en los dos últimos partidos, dos ante el Atalanta y uno ante el Levante, el joven de 23 años ha emborronado el porvenir que le auguraban los ojeadores internacionales.

Las calamidades de Diakhaby aumentan el diámetro del cráter que el equipo tiene en el eje de la defensa. Garay está lesionado y en rebeldía, mientras Mangala, que no escapa a sus reiterados contratiempos físicos, es invisible para Celades. Los problemas se agravaron la semana pasada cuando Paulista se lesionó en Paterna, lo que le ha dejado fuera de la lista para hoy ante el Madrid.

La caótica planificación en esa zona y la renqueante economía del club dejan la defensa ante el Real Madrid en manos de un central aún muy verde. Hay otras opciones, como retrasar a Coquelin o alinear a Mangala, un tiro al aire, pero la más sólida es el joven Hugo Guillamón, que debutó en Anoeta en febrero.

Campeón de Europa sub-19 en Portugal junto a Ferran Torres, Guillamón (San Sebastián, 20 años) acaba contrato a final de temporada, pero el club no ha mostrado aún demasiado interés en retenerlo. La oferta de renovación, que parece puro compromiso, se produjo hace un par de meses. Floja económicamente y decepcionante en el apartado deportivo, a Guillamón no se le ofreció ficha del primer equipo ni presencia diaria en los entrenamientos con los mayores. Él quiere renovar, pero el club siempre ha mostrado pereza para abordar su caso.

La historia de Guillamón tiene un matiz llamativo. Hace unos años, todavía en pleno proceso de desarrollo físico, le hicieron una radiografía en una mano para medirle los huesos de la muñeca y conocer qué altura alcanzaría cuando dejara de crecer. Con esta prueba los endocrinos determinan la madurez del sistema esquelético de un niño. Se suele hacer con una radiografía de la mano, generalmente la izquierda, desde la muñeca hasta los dedos. La radiografía se compara con imágenes de unas tablas del desarrollo óseo estándar.

La prueba predijo que Guillamón estaría dentro del percentil medio-inferior, y los técnicos de la ciudad deportiva lo descartaron para el futuro del primer equipo. Guillamón mide 1,77, pero lleva colgada la etiqueta de “es bajito para ser central”, de ahí que la dirección deportiva (primero en manos de Jorge López y ahora de César Sánchez) no haya considerado en serio su renovación. Los mismos técnicos lo tildaron de “poco agresivo” para esa demarcación.

Sucede que hoy, desde su casi metro ochenta, Guillamón mostró ante el Levante lo que otro joven, Diakhaby, pese a su 1,92, no es capaz de ejecutar: temple, liderazgo, anticipación, madurez y salida de balón. Si repite ante Benzema, le sacará los colores a más de un técnico de Paterna.

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