Gobiernos locales, asuntos internacionales
Sobre el anuncio del alcalde de Santiago, Mario Desbordes, de la inauguración de una oficina de relaciones internacionales, es necesario considerar ¿para qué? ¿cómo? y ¿qué?
El reciente anuncio del alcalde de Santiago, Mario Desbordes, sobre la inauguración de una oficina de relaciones internacionales, reaviva la reflexión acerca del rol de los gobiernos locales en el escenario internacional. Si bien, en un contexto globalizado, es razonable que las autoridades subnacionales busquen –más allá de sus propias fronteras– recursos técnicos y económicos que les permitan concretar sus propuestas y así mejorar la vida de los ciudadanos, es necesario considerar, al menos, tres preguntas antes de impulsar este tipo de iniciativas: ¿Para qué? ¿cómo? y, finalmente, ¿qué?
El para qué es la expresión de la voluntad de vinculación con el mundo que debiera provenir de las definiciones estratégicas del municipio, sustentada en las necesidades prioritarias identificadas a partir de un trabajo en terreno que las recoja desde lo expresado por la ciudadanía y no a partir de una mera suposición burocrática. De esta manera, la labor de estas oficinas que atienden asuntos internacionales debiera estar orientada hacia el apoyo y la contribución efectiva del quehacer del gobierno local y no a instalar agendas paralelas que pueden terminar en efectos publicitarios vacuos. Para ello, es importante que los equipos monitoreen de manera constante los proyectos planificados y en desarrollo en el municipio, reconociendo demandas de recursos, aportes técnicos y recomendaciones de experiencias previas. Asimismo, deben mantener en el radar las potenciales alianzas internacionales estratégicas que contribuyan al cumplimiento de los objetivos definidos. Desde nuestra experiencia, la sostenibilidad institucional y política de este tipo de instancias radica en su capacidad para demostrar –de manera transparente y activa– el retorno concreto de las gestiones internacionales, más allá de que se perciban como agencias de viajes para las autoridades de turno.
En segundo lugar, aparece el cómo y para responder a esta pregunta se requiere abordar la gobernanza. Gobernanza en múltiples niveles y con distintas características, reconociendo que en un mismo territorio (municipio o región) existe una diversidad de organizaciones que también desarrollan asuntos con perspectiva internacional: universidades, gremios empresariales, cámaras de comercio, organizaciones de la sociedad civil y otras instituciones del Estado como ProChile, las cuales no tienen dependencia jerárquica unas con otras. Entender esto nos obliga a definir la organización y el rol a desempeñar, junto con el tipo y alcance de las actividades a realizar, evitando duplicar gestiones y apuntando a aprovechar las capacidades ya instaladas en el territorio.
La organización de una oficina de internalización requiere de competencias específicas. La primera es saber qué y dónde buscar las alianzas internacionales, que es la menos dificultosa, y la segunda es la capacidad de articular a los actores locales, que va desde la articulación burocrática de las entidades de gobierno local, regional y nacional, así como a los actores privados involucrados. Esto, porque nadie se hace cargo del acompañamiento indispensable para la materialización de sus intenciones, sea de cooperación o de inversión.
Por último, se debe tener claridad sobre el qué. Como ya mencionamos, las oficinas de asuntos internacionales tienen un potencial enorme en la medida que trasciendan la gestión de agenda de las autoridades y logren articularse con las agendas de cooperación internacional de las distintas instituciones que operan en su jurisdicción, incluyendo espacios de fomento dentro del propio municipio. A la vez, existe un importante potencial de reconocimiento y difusión internacional del territorio a través de la exportación de prácticas y experiencias, en los casos en donde esto sea posible. Este trabajo concreto requiere de equipos profesionales y estables que tengan capacidad de conectar lo que pasa en el espacio subnacional con las oportunidades que ofrece el contexto internacional. Finalmente, estas definiciones serán creíbles y, por tanto, sostenibles en el tiempo, en la medida en que se establezcan y mantengan estándares claros de calidad y servicio para todos los involucrados, resguardando así una reputación de credibilidad y seriedad tanto ante los pares internacionales, como ante la ciudadanía, a la que las autoridades deben su mandato.