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Estados Unidos impone la asfixia petrolera a Cuba

“Cuba no podrá sobrevivir”, asegura Trump tras publicar una orden ejecutiva que amenaza con aranceles a los países que suministren crudo a La Habana

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en el estreno de la película de su esposa, Melania Trump, este jueves en el Kennedy Center de Washington.Foto: Octavio Guzmán (EFE) | Vídeo: EPV

Una orden ejecutiva publicada a última hora de la tarde del jueves en Washington es la herramienta con la que Donald Trump ha consumado la asfixia petrolera a Cuba. Con esta estrategia, el presidente de Estados Unidos está convencido de que provocará a lo largo de este año la caída del régimen castrista, superviviente a más de seis décadas de bloqueo estadounidense. En 2.207 palabras, el inquilino de la Casa Blanca ha anunciado la posibilidad de imponer aranceles a los países que proporcionen crudo a Cuba, un país que ya está contra las cuerdas energéticas tras el fin de los suministros que recibía de Venezuela.

El argumento que alega el presidente estadounidense para tomar esa medida es que Cuba lleva a cabo una política hostil hacia su vecino del norte y esa situación representa un peligro tal para Estados Unidos que constituye una “amenaza nacional”. Por tanto, asegura en el documento firmado este mismo jueves, la manera de responder a esa amenaza es la imposición de gravámenes a los productos de los países que faciliten petróleo a Cuba y, por tanto, permitan que el régimen continúe su funcionamiento.

“Considero que la situación con respecto a Cuba constituye una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos, y declaro una emergencia nacional con respecto a esa amenaza”, proclama el mandatario. La orden ejecutiva no especifica a cuánto se elevarán los aranceles: es algo que, según explica, decidirá el propio Trump caso por caso tras recibir los informes de los Departamentos del Tesoro y de Comercio sobre países responsables de esos suministros.

La medida representa un golpe a la posibilidad de que México -el principal suministrador de Cuba tras la conversión de Venezuela en país tutelado por Estados Unidos- retome los suministros que había interrumpido.

“Parece que no podrá sobrevivir. Cuba no podrá sobrevivir”, declaraba Trump a la prensa en la noche del jueves, poco después de la publicación de la orden ejecutiva, durante el estreno del documental “Melania”, sobre el papel de su esposa en los días previos a su investidura el año pasado. Preguntado si estaba intentando “asfixiar” a Cuba, consideró que esa palabra es “muy dura”, pero opinó que la isla es “una nación fallida”.

En La Habana, el presidente de la agencia estatal cubana Prensa Latina, Jorge Legañoa, acusó a Washington de tratar de buscar un “genocidio” con su nueva medida, informa Efe. “¿Qué se busca? Se busca un genocidio del pueblo cubano y, de materializarse por los aranceles, el efecto sería paralizar la generación eléctrica, el transporte, la producción industrial, la producción agrícola, la disponibilidad de los servicios de salud, el abasto de agua… en resumen, todas las esferas de la vida”, sostuvo en un comentario televisado.

La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, ha argumentado que los cargamentos de petróleo que envía su gobierno son de dos tipos: ayuda humanitaria y contratos celebrados por Pemex, la petrolera estatal, con el régimen cubano, informa Sonia Corona. Hasta principios de enero, los buques iban desde las costas del golfo de México hasta la isla con regularidad. Sin embargo, Pemex suspendió desde mitad de mes el envío de buques petroleros a La Habana. Sheinbaum ha asegurado en varias ocasiones que la ayuda humanitaria en hidrocarburos seguirá y tras una llamada con Trump este jueves negó que el asunto fuese parte de la conversación. La petrolera mexicana estimó en su último reporte —publicado en diciembre— que en los primeros nueve meses de 2025 México exportó 17.200 barriles de crudo al día, lo que representa un 3,3% de sus envíos al exterior.

Según un cálculo del Financial Times, Cuba tiene suficiente petróleo para los próximos 15 a 20 días. Venezuela proporcionaba en promedio unos 46.500 barriles diarios a la isla antes de la intervención de Estados Unidos. México entregaba en promedio 17.200 barriles al día que dejaron de llegar a principios de enero, apenas unos días después de la incursión estadounidense en Caracas. Otros proveedores de crudo son Rusia, que envió su último buque en octubre, y Argelia, que no ha vuelto a llevar un carguero desde febrero pasado, según la misma fuente.

La nueva orden ejecutiva constituye un paso más en los intentos de Washington por incluir en su órbita, directa o indirectamente, los recursos de la región, castigar a los gobiernos que considera hostiles en ella y asentarse como la potencia hegemónica en el continente que considera -el Departamento de Estado dixit- “suyo”. Todos ellos, objetivos expresados en la Estrategia de Seguridad Nacional que anunció hace dos meses. Y sobre cuya puesta en marcha Washington se muestra cada vez más desinhibido desde la operación militar en Venezuela que capturó al presidente Nicolás Maduro y a su esposa, Cilia Flores, el pasado día 3, y la proclamación de Trump de que Estados Unidos tutelaría el país, el petróleo venezolano y el gobierno de la presidenta en funciones Delcy Rodríguez durante un tiempo indeterminado.

Casi al tiempo que se daba a conocer la nueva orden ejecutiva, la Casa Blanca anunciaba también el levantamiento de algunas sanciones contra el sector energético de Venezuela, lo que abre el camino para que las petroleras de Estados Unidos puedan operar en ese país, tres semanas después de que Trump se reuniera en la residencia presidencial con los consejeros delegados de más de veinte de las principales empresas del sector para instarlos a invertir.

La licencia general que levanta esas sanciones impone una serie de condiciones específicas a la gestión del sector. Solo se permitirán las transacciones con crudo venezolano a empresas estadounidenses que existieran antes del 29 de enero del año pasado. Los pagos a entidades venezolanas se tendrán que hacer a través de una cuenta bancaria controlada por Washington y que el secretario de Estado, Marco Rubio, declaró que estará abierta en Qatar. Los contratos que se firmen con entidades venezolanas, sea el Gobierno o la empresa estatal PDVSA, se regirán por la legislación estadounidense. Cualquier disputa también se resolverá en los tribunales de EE UU. Y no se permitirán condiciones de pago que Washington considere “poco razonables”, ni canjes de deuda, pagos en oro o transacciones que involucren a personas o empresas ubicadas en Rusia, Irán, Corea del Norte o Cuba.

Poco antes de que el Departamento del Tesoro emitiera la licencia, la Asamblea Nacional de Venezuela, controlada por el chavismo ha aprobado la reforma de la ley de hidrocarburos y abre el sector petrolero a la privatización, tras un debate rápido en cumplimiento de los deseos de Estados Unidos. Como otra de las medidas para facilitar el acceso de las empresas estadounidenses, Trump anunciaba en la Casa Blanca también este jueves el fin de las restricciones sobre el espacio aéreo de Venezuela y el restablecimiento de las rutas directas entre los dos países, que habían quedado suspendidas en 2019.

Desde la intervención militar estadounidense en Venezuela, Trump ha insistido una y otra vez en su convencimiento de que los cambios en Caracas desencadenarán más pronto que tarde la caída del castrismo en Cuba - aunque el chavismo siga vivo y coleando en el país sudamericano, por decisión del propio presidente estadounidense.

En una comparecencia el miércoles ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado, el secretario de Estado, Marco Rubio -el hombre detrás de la campaña de presión contra Caracas que acabó desencadenando la operación para capturar a Maduro- aseguraba que Washington no trata de forzar un cambio de régimen en La Habana. Al menos, no directamente. “Nos gustaría, pero eso no significa que vayamos a provocar un cambio, aunque nos encantaría verlo. No cabe duda de que sería un gran beneficio para Estados Unidos que Cuba dejara de estar gobernada por un régimen autocrático”, sostuvo el antiguo senador, hijo de inmigrantes cubanos.

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