Antes y después del 8 de marzo
Después del 8 de marzo comienza en realidad la carrera presidencial, y cabe esperar que también el debate programático. Hasta el 13 de marzo se pueden inscribir candidaturas; no es descartable que surjan otras
La carrera presidencial ha entrado en una nueva fase. Desde lo mecánico. En el ámbito discursivo continúa igual, empantanada en lugares comunes y sin nuevos relatos, lo cual desnuda las carencias de los candidatos. Como proceso electoral entra en otra etapa, en torno a las tres consultas ‘interpartidistas’ para definir candidaturas con miras a la primera vuelta.
El encuadre muestra dos dinámicas opuestas, a favor y en contra de dichas consultas. Curiosamente, los tres punteros según las encuestas —Iván Cepeda, Abelardo de la Espriella y ...
La carrera presidencial ha entrado en una nueva fase. Desde lo mecánico. En el ámbito discursivo continúa igual, empantanada en lugares comunes y sin nuevos relatos, lo cual desnuda las carencias de los candidatos. Como proceso electoral entra en otra etapa, en torno a las tres consultas ‘interpartidistas’ para definir candidaturas con miras a la primera vuelta.
El encuadre muestra dos dinámicas opuestas, a favor y en contra de dichas consultas. Curiosamente, los tres punteros según las encuestas —Iván Cepeda, Abelardo de la Espriella y Sergio Fajardo— no participarán en ellas. Los dos últimos, por su propia voluntad, y el primero porque no lo dejaron, con una sibilina maniobra jurídica del Consejo Nacional Electoral (CNE), que confirma la necesidad de una reforma al sistema. Sin proponérselo, los tres son compañeros de viaje y comparten intereses, pues les conviene que las consultas naufraguen. Permítanme indicar por qué.
Al Pacto Histórico y a Cepeda no les interesa que la “Consulta por la vida”, en la que participan Roy Barreras, Daniel Quintero y tres comodines, tenga éxito. La perciben como una maniobra orientada a que Roy pueda presentarse a la primera vuelta y competir para pasar a la segunda. No lo tiene fácil, por supuesto. Además, crece el rumor de que, en ese juego de argucias y tinterilladas, Barreras metió la mano para impedir la participación de Cepeda, ante la evidencia de que solo así podría ganarla. El tiro le puede salir por la culata. ¡Qué tal que le gane Quintero! En política todo puede suceder. Ignoro qué vayan a hacer los seguidores del Pacto Histórico. Pueden optar por no votar, siguiendo las instrucciones del presidente Petro y de Cepeda, o votar por Quintero. Hay antecedentes de maniobras similares. En 2010 hubo una entre Noemí Sanín y Andrés Felipe Arias (“Uribito”, el preferido de Uribe), la cual ganó Sanín gracias a terceros interesados que la apoyaron para frenar a Arias. Después se quedó sola frente a Santos.
En esa misma lógica, hay quienes afirman que en la oposición y en el establishment económico existe interés en votar por Roy, para dividir el progresismo y debilitar a Cepeda. Para que esto ocurra, Barreras debe obtener una votación igual o superior a la de este en octubre pasado. No sé si ello sea posible, pero la política colombiana es muy florentina y se ve de todo. Alguna vez escuché que es el arte de fingir, mentir y disimular con destreza. Roy dice que quiere unir a Colombia, aunque se inauguraría dividiendo el proyecto progresista.
Y si por el progresismo soplan vientos de división, en el uribismo también. A De la Espriella le sucede algo similar que a Cepeda. No le conviene votar en la “Gran Consulta por Colombia”, la cual, en sana lógica, debería ganar Paloma Valencia,la única de sus precandidatos con estructura partidista. Por ello el jefe de ‘Salvación Nacional’ y De la Espriella están llamando a no votarla. Si el uribismo ‘abelardista’ respalda a Paloma, correría el riesgo de que ella por fin levante vuelo y lo desplace.
Aunque quieran disimularlo, esa coalición se la tomó el expresidente Álvaro Uribe, y así es difícil movilizar gente de otras franjas políticas. Lo que comenzó siendo una especie de sindicato contra Fajardo, ante su negativa a participar en esa alianza, derivó en ‘neo-uribismo’. Antipetrismo puro y duro. Por otra parte, es bogo-céntrica. Si no fuera por la presencia de Aníbal Gaviria, podría utilizarse para escoger candidato a la alcaldía de Bogotá.
Tampoco a Fajardo le vendría bien que esta fuese exitosa y la ganara, por ejemplo, Juan Daniel Oviedo, la figura alternativa y novedosa de los nueve. De ellos, es quien tiene un mensaje motivador para sectores jóvenes urbanos. Su principal problema es estar en el lugar equivocado, como decía un antiguo comercial, aunque él cree que le brinda una oportunidad. Piensa —quizás con exceso de ingenuidad— que, de ganar, los demás precandidatos lo respaldarían. Esa coalición puede terminar en un asado en el Ubérrimo, con un uribismo repotenciado.
Los amigos de Fajardo carecen de motivación para votar en las consultas. Muy seguramente se abstendrán. Mejor que cada uno quede en su plata, como sucedió hace cuatro años con la fracasada coalición Centro Verde Esperanza. Tampoco beneficiaría a Sergio votar en la unipersonal de Claudia López, para qué crecerla. En esta ocasión, a riesgo de ser tachado de vanidoso y egocéntrico, ha preferido (como lo hiciera Rodolfo Hernández) ver los toros desde la barrera. Las elecciones del 8 de marzo le indicarán la hoja de ruta a seguir. Ese día sabrá qué tanto chance tiene de ser presidente de la República.
Consultas sin mayor interés
Sin Cepeda, De la Espriella y Fajardo las consultas han perdido relevancia, no definen casi nada. La verdadera batalla se librará en primera vuelta. Como lo ha dicho Hernando Gómez Buendía, éstas no corrigen la crisis de la política colombiana: la esconden. “Son un ritual democrático sin contenido en un país sin partidos”. Un mecanismo fiscalmente costoso, para satisfacer egos, más que para confrontar visiones. Con un efecto colateral perverso: invisibilizar la elección del Congreso de la República. Este proceso no es tema de conversación en los hogares colombianos, pese a su trascendencia. Se sabe que hay elecciones para senado y cámara por la saturación de propaganda, pero el ciudadano del común carece de información y elementos para definir su voto. No entiende ese alud de alianzas mecánicas que revelan solo un propósito: alcanzar el umbral para entrar en el reparto de las curules y conservar así la útil y valiosa personería jurídica. Me temo que a menos de dos semanas, millones de personas aún no saben por quiénes votarán para Congreso.
Después del 8 de marzo comienza en realidad la carrera, y cabe esperar que también el necesario debate programático. Hasta el 13 de marzo se pueden inscribir candidaturas, no es descartable que surjan otras, que podrían descuadrar el tablero. Una posibilidad remota, sí, pero posibilidad al fin y al cabo. ¿Quiénes? ¡Averígüelo Vargas! Lo cierto, es que saldrán de la escena mediática algunos de la liga B, aunque subsistirán otros que se mueven en el margen de error, y no participaron en las consultas. Se sabrá quiénes ganaron. Y conoceremos cómo queda la correlación de fuerzas en el Congreso, que es el otro pulso que se libra, con perjudicial silencio para el país. Esa elección es mucho más importante y trascendente que el vano ejercicio de calistenia electoral de las inocuas consultas.