Lanchas y geografía
El caso de La Guajira reveló la desconexión de Bogotá y la mirada ajena de las realidades del país
Esta semana hubo memes, burlas y mucho desconocimiento del país que es Colombia. El Gobierno de Gustavo Petro entregó dos lanchas ambulancia para la comunidades de la Alta Guajira, el extremo más lejano al norte del ...
Esta semana hubo memes, burlas y mucho desconocimiento del país que es Colombia. El Gobierno de Gustavo Petro entregó dos lanchas ambulancia para la comunidades de la Alta Guajira, el extremo más lejano al norte del territorio, y que dependen del hospital del municipio de Maicao. En cuestión de minutos, opinadores, periodistas y voces indignadas para TikTok, especialmente desde Bogotá, denunciaron el hecho como supuesta corrupción. La desconfianza tiene un antecedente real: en sus inicios, el Gobierno anunció carrotanques de agua para La Guajira, en lo que era la tapadera del que se convirtió en el mayor escándalo de corrupción del Gobierno. Nunca llegó el alivio a una zona donde históricamente mueren niños por desnutrición.
La noticia también ocurrió en el contexto de una crisis de salud palpable que acaba de ser retratada por el British Medical Journal en un extenso reportaje titulado: “Cómo los políticos destruyeron el sistema de salud de Colombia”. El texto describe así el escenario de cada día: “Todo empezó con retrasos. Los pacientes hacían cola durante horas fuera de las farmacias desde el amanecer y las cirugías rutinarias se posponían con frecuencia. Luego vino la escasez. Los estantes de medicamentos básicos se vaciaron, la insulina y los medicamentos contra el cáncer se agotaron, y los pacientes en estado crítico fueron rechazados en los hospitales”.
Pero en el caso de La Guajira, se reveló la desconexión y la mirada ajena de las realidades de las poblaciones. La lancha ambulancia —tuvieron que explicar los médicos y el director del hospital de Maicao— se adjudicó a un municipio sin mar ni río como se indignaron desde Bogotá, pero porque es el encargado de la salud de esa vasta zona. Los memes y las imágenes de IA de una lancha avanzando en medio del desierto inundaron las redes y los habitantes de La Guajira salieron a dar una lección de geografía. La realidad es que las lanchas van a estar en dos corregimientos, Puerto Estrella y Puerto Bolívar, ambos en la costa. Nazareth está a 13 horas de Riohacha, la ciudad más cercana a la que llaman el interior del país, y si hay lluvias pueden pasar días para que un enfermo logre salir. Eso, sin contar el costo del transporte.
La noticia y la “polémica”, como la llamaron varios panelistas, me recordó entonces que en esas tierras áridas rodeadas de trupillos y cactus, la salud nunca fue un derecho sino un sueño. Así me lo relató en 2008 Gladis Daris, una joven de la casta Jurariyú en Siapana. “Mi sueño es traer servicios de salud a mi comunidad”, dijo en ese entonces con 18 años y durante la graduación de los primeros bachilleres de la Alta Guajira. Una ceremonia hermosa que se me quedó grabada por la preocupación de una muchacha: el burro, con el que haría su llegada triunfal a los grados y al que adornó con borlas de colores, se había escapado. El problema es que no era suyo.
Ganar dos horas más de vida, no tener que esperar a que el destino les permita salir de su tierra y atenderse o recuperar un burro prestado, que haya planta de energía para que funcione el Internet, son las preocupaciones que a veces no se ven desde la ciudad. Ignoro si Gladis sigue allí, si trabaja en la salud, pero sí sé que en la región “están contentos, pero con prudencia”, como escribió ahora otra wayú de aquella época. No quieren que se repita la historia.
En otras noticias, Medellín recibió a Bad Bunny y vivió una fiesta hermosa pero también enfrentó una ironía. Tal como escribió el escritor Santiago Cembrano, “la gira del disco más crítico de la gentrificación y turistificación de la historia del mainstream latino llega a Medellín y hace que exploten sus contradicciones alrededor de los mismos temas que el álbum comenta. Diagnóstico y síntoma al mismo tiempo”.
Ya lo habían cantado también los muchachos de Alcolirykoz en Medellificación:
“A Gilmer (Mesa) le pidieron su apartamento / pa’ subirle 1 millón de pesos al arriendo / Volverlo un Airbnb y alquilarlo / a un gringo pa’ llamarlo emprendimiento
Todo está muy caro, recolonizados por ávaros”.
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