Y los emergentes

Si los hasta hoy partidos de gobierno lo tendrán difícil para liderar una coalición con posibilidad de alcanzar la investidura, tampoco resultará fácil para los emergentes

Representantes de Podemos presentando la campaña de la coalición Unidos Podemos. SAMUEL SÁNCHEZ

Si los hasta hoy partidos de gobierno lo tendrán difícil mañana para liderar una coalición con posibilidad de alcanzar la investidura, tampoco resultará fácil para los emergentes. Ciudadanos parece haber llegado al límite de un crecimiento notable, con un claro programa de reformas, que lo sitúa en la mejor posición como fuerza de apoyo decisiva tanto a derecha como a izquierda, pero no suficiente para aspirar a la investidura; a no ser, claro está, que el PP y el PSOE accedieran a verse presididos en ...

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Si los hasta hoy partidos de gobierno lo tendrán difícil mañana para liderar una coalición con posibilidad de alcanzar la investidura, tampoco resultará fácil para los emergentes. Ciudadanos parece haber llegado al límite de un crecimiento notable, con un claro programa de reformas, que lo sitúa en la mejor posición como fuerza de apoyo decisiva tanto a derecha como a izquierda, pero no suficiente para aspirar a la investidura; a no ser, claro está, que el PP y el PSOE accedieran a verse presididos en una gran coalición por un miembro de este partido. Puf, qué disparate, se dirá. Y, bueno, no sería la primera vez que un partido minoritario presidiera una coalición con dos grandes para desarrollar un programa definido y por un tiempo determinado. En la República, sin ir más lejos.

Bajando a la realidad, el otro emergente, Podemos, ha demostrado una gran maestría en el arte del transformismo discursivo —oportunismo demagógico se llamaba antes la figura— fundiendo en una sola propuesta comunismo, populismo, nacionalismos varios, patriotismo español, socialdemocracia, peronismo y corazón más sonrisa de recién casados atiborrándose de bombones en un paseo por Ikea. Nadie se sorprenderá de que semejante capacidad transformista, que convierte al lobo, listo para merendarse a la vieja dama socialista, en príncipe azul cortejando a una ingenua Caperucita perdida en el bosque, no suscite ni un gramo de confianza entre los que podrían considerarse sus aliados naturales para formar una coalición de gobierno.

Porque, tras todas esas pantallas, lo que define a los dirigentes de este singular partido que todo lo atrapa es que todo vale con tal de alcanzar el poder. La ambigüedad por la que tantas críticas habían recibido durará, prometió su líder hace un año, “hasta que obtengamos el poder del Estado y de las instituciones”, hasta el día de la “victoria definitivamente decisiva”. En ese punto terminará la guerra de posiciones y el “momento estrategia” se convertirá en “momento Estado”, la parcialidad en totalidad. ¿Cómo? Abriendo un proceso constituyente que desemboque en una república presidencialista. Este es su programa; es lógico que IU, en plena crisis, se haya subido al carro, pero ¿habrá alguien más por ahí?

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