Un final por descomposición

Una comparación, casi imposible, entre el final de ETA y la agonía de las Brigadas Rojas italianas

Es prácticamente imposible encontrar alguna similitud entre el final de ETA y la agonía de las Brigadas Rojas. El terrorismo italiano, que creció de forma paralela al neofascista -vinculado a los servicios secretos del Estado-, surgió a finales de los 60 y sus acciones se prolongaron hasta mediados de los 80. Pero tal vez el momento que supuso la autodestrucción de las Brigadas Rojas fue el secuestro y asesinato del líder democristiano Aldo Moro, en 1978. Salvando las distancias, se puede decir que la repulsa que provocó aquel c...

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Es prácticamente imposible encontrar alguna similitud entre el final de ETA y la agonía de las Brigadas Rojas. El terrorismo italiano, que creció de forma paralela al neofascista -vinculado a los servicios secretos del Estado-, surgió a finales de los 60 y sus acciones se prolongaron hasta mediados de los 80. Pero tal vez el momento que supuso la autodestrucción de las Brigadas Rojas fue el secuestro y asesinato del líder democristiano Aldo Moro, en 1978. Salvando las distancias, se puede decir que la repulsa que provocó aquel crimen en la sociedad italiana es similar al que la española sintió ante la muerte de Miguel Ángel Blanco. Aquello generó además una profunda convulsión ideológica en la organización, despreciada ya por el Partido Comunista y por los sindicatos. Las Brigadas Rojas iniciaron un decaimiento progresivo y fatal. Se fueron fragmentando en grupúsculos hasta desaparecer casi por completo.

El “casi” es porque, al contrario que en el caso de ETA, las Brigadas Rojas jamás protagonizaron una declaración formal de cese de la violencia. Los objetivos revolucionarios de la organización italiana eran de por sí más abstractos e indefinidos que los independentistas que supuestamente perseguía ETA. Otra diferencia sustancial es la aparición de los arrepentidos. Utilizando sus testimonios, y también la guerra sucia, la policía asestó golpes devastadores a la organización a finales de los 70. La desbandada fue general, aunque no definitiva. En los noventa surgieron las Nuevas Brigadas Rojas, responsables de al menos dos asesinatos, y de forma esporádica han ido surgiendo organizaciones al rescoldo de la misma marca. De hecho, no es fácil responder a la pregunta de si las Brigadas Rojas están ya definitivamente muertas y enterradas. Todo parece indicar que sí, al menos con esa denominación, pero tras los graves disturbios ocurridos la pasada semana en Roma el fantasma del terrorismo de los 70 volvió a sobrevolar como un mal recuerdo.

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