Viaje por la solitaria Soria sin cobertura: “El día del apagón no me di cuenta”
El PP prometió en 2011 conectar “todos los rincones” mediante un plan de banda ancha pero muchas áreas siguen aisladas
Los periodistas sorianos avisan en la redacción de que salen hacia tal zona de Soria sin cobertura para que si no vuelven se sepa dónde andan. Los carteros o repartidores paran sus furgonetas en las orillas de las carreteras si captan un oasis con línea. Los envejecidos habitantes asumen que si se caen no podrán pedir ayuda ni verbal ni telefónica: nadie los escuchará por falta de orejas y de conexiones. La provincia sufre una endémica falta de conectividad que lastra los negocios rurales, frustra el teletrabajo como vía de repoblación y compromete la seguridad. Esta competencia estatal en coo...
Los periodistas sorianos avisan en la redacción de que salen hacia tal zona de Soria sin cobertura para que si no vuelven se sepa dónde andan. Los carteros o repartidores paran sus furgonetas en las orillas de las carreteras si captan un oasis con línea. Los envejecidos habitantes asumen que si se caen no podrán pedir ayuda ni verbal ni telefónica: nadie los escuchará por falta de orejas y de conexiones. La provincia sufre una endémica falta de conectividad que lastra los negocios rurales, frustra el teletrabajo como vía de repoblación y compromete la seguridad. Esta competencia estatal en coordinación con las comunidades choca con las operadoras, que pese a las subvenciones públicas declinan tirar cables: no les renta. En los pueblos, rabia y hastío: “Cero señal pero sí cobran todos los meses”.
Matanza de Soria, 60 habitantes y una trabajadora de Correos harta. El amarillo del coche contrasta con el adobe decadente de las casas. “No hay conexión a Internet”, avisa su móvil; qué novedad, critica Inés Yagüe, de 34 años, que halla las barritas que indican que hay cobertura por calles y calzadas moviendo la furgoneta un metro arriba o abajo. “Me molesta para contactar con la gente o los jefes y me toca parar en mitad de la carretera”, detalla. Ni siquiera la tableta PDA con conexión por satélite tira bien. En el siguiente pueblo, Villálvaro (100), una señora que declina identificarse señala “allí arriba”, donde las porterías, el lugar donde engancharse al siglo XXI: “No puedes pedir ayuda si te pasa algo y no pasa nadie… Los políticos se llenan la boca con la España vacía y luego, nada”.
Leocadia Lucas, de 82 años, protesta: “No hay cobertura, hijo”. “No tengo WhatsApp pero dicen las nietas que va mal”, expone, feliz por mantener el teléfono fijo. La médica Andrea López, de 32, accede al consultorio donde su portátil carbura gracias a un cable de fibra. En lugares sin fibra ni wifi, toca tener paciencia y hacer trámites en otro lado. “El día del apagón no me di cuenta”, ejemplifica López, cansada de llamar a los fijos para localizar a sus pacientes y de las interrupciones cuando conversa con su madre, en Orihuela (Alicante): “¡En las Tierras Altas de Escocia tuve cobertura y aquí no! En Alicante no pasa”. Rafael Ortega, de 66, despotrica: “¡Cero señal pero cobran todos los meses! Si tengo un susto en el campo, ¿qué hago?”. En la sala de espera aguarda Montse Romero: “¡Se lo dijimos el otro día a Mañueco [Alfonso Fernández, presidente de la Junta (PP)], pero decía que no depende de él”. Más o menos: es una competencia estatal en coordinación con las comunidades.
Portavoces del Ministerio de Transformación Digital destacan el aumento de la cobertura mediante programas de 5G y fibra con 23,4 millones de euros para la provincia entre 2018 y 2024 pero lamentan que algunos operadores renuncian y rompen sus planes. “El Gobierno los subvenciona para que lleguen donde no llegarían por no tener interés por la escasa población o la dificultad física”, afirman, pero “han alcanzado su techo porque el coste se ha duplicado o triplicado en zonas remotas o poco pobladas”. Así, estudian “soluciones concretas para ciudadanos que demanden conectividad y cubrir estas pocas zonas que quedan con problemas, dado que los operadores no lo van a hacer” y recuerdan el satélite como alternativa. Portavoces de la Consejería de Transformación Digital de Castilla y León detallan que las pedanías pequeñas tienen una “situación variable: la mitad cuenta con cobertura 4G mientras el resto no tiene cobertura o la señal es débil y el 5G es nulo o débil”. “El Gobierno centralizó los programas de extensión de banda ancha, limitando a las comunidades”, censuran, mientras Transformación Digital insta a las regiones a “plantarse hacer despliegues y elaborar sus programas” cuando se trace un nuevo mapeo.
El expresidente de Castilla y León Juan Vicente Herrera (PP) prometió en 2011 conectar “todos los rincones” mediante un plan de banda ancha y los programas electorales han insistido con ese mantra en un territorio donde muchas áreas siguen aisladas. La España de las dos velocidades se sufre en Arcos de Jalón, casi en Guadalajara, donde cerca del mayor viaducto Madrid-Barcelona tampoco hay señal, como recuerda Luis Miguel Martínez, de 60 años, con el preciado teleclub como vía comunicativa: “El progreso pasa a 10 kilómetros y no tenemos cobertura. Si llegara la fibra más de un joven se pensaría teletrabajar; los políticos dicen que no hay población pero no hacen nada por fijarla”.
Rejas de Ucero (14 habitantes). Las únicas barras son las de la furgoneta de José Luis Vicente, de 65 años, dando pan y compañía a vecinas como Carmen Encabo, 62, siempre con monedas porque “la maquinita” no funciona. “¡Impuesto sí pagamos!”, exclama. La carretera estrecha avanza y coincide con el pastor Bernabé Gonzalo, de 63, con sus ovejas en la campiña. El hombre, estoico como su oficio, asume que no hay cobertura y que de momento ha tenido suerte, a su manera: “Me han dado cuatro vértigos por bajones de tensión, ya me buscarán si no vuelvo”.