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Baleares y la Comunidad Valenciana lideran el interés por opositar, seguidas de Madrid y Cataluña

La previsibilidad horaria y la estabilidad vital pesan más que el salario a la hora de decidir, incluso en comunidades autónomas con amplias alternativas laborales, según un estudio de OpositaTest

Durante años, opositar fue sinónimo de vocación temprana, rutina de estudio casi monástica y una paciencia infinita. Hoy, cada vez más, es otra cosa, una decisión que, a veces, llega tarde, y que no siempre tiene que ver con cumplir un sueño, sino con algo mucho más prosaico: poder organizarse la vida. Saber cuándo se trabaja, cuándo se descansa y cuánto se cobra a final de mes. Nada épico, pero decisivo.

Esa es una de las conclusiones más claras que deja El peso del opositor en España 2025, el estudio elaborado por OpositaTest, y también una de las que mejor explica por qué las oposiciones han vuelto a ocupar un lugar central en el debate sobre el empleo. No como un refugio frente al sector privado, sino como respuesta racional a un mercado laboral cada vez más imprevisible.

“Lo que más nos dicen quienes quieren opositar es esto: ”Quiero poder organizarme la vida”, resume Jacobo Fariña, responsable de comunicación de la plataforma. La previsibilidad del tiempo —horarios, turnos y descansos— aparece como el gran motor de la decisión, incluso por delante del salario. “La sensación no es solo la de “buscar un empleo”, sino la de encontrar un marco estable que permita planificar la vida a corto y medio plazo", añade. Algo que, para muchos perfiles, se ha vuelto casi un lujo.

Distintos territorios, una misma necesidad

El mapa del interés por opositar dibuja una España con contrastes, pero también con coincidencias reveladoras. Baleares y la Comunidad Valenciana encabezan la intención de opositar, ambas con un 31%, pese a representar realidades laborales muy distintas. En el archipiélago, el peso del turismo marca el mercado laboral, con empleo abundante pero muy estacional y horarios difíciles de conciliar. En la Comunidad Valenciana, también muy vinculada al sector turístico, pesan más la fragilidad y la incertidumbre, con trayectorias laborales a menudo encadenadas a contratos temporales.

“Se llega al mismo sitio por caminos distintos”, resume Jacobo Fariña. “En Baleares puede haber trabajo, pero con mucha rotación, mucha temporalidad y horarios difíciles de conciliar. En la Comunidad Valenciana pesa más la sensación de inestabilidad o de fragilidad laboral. En ambos casos, el mensaje que nos trasladan es muy parecido: ”Quiero estabilidad y saber a qué atenerme”.

Muy cerca aparecen Madrid y Cataluña, con un 24% de personas que se plantean opositar: un dato que desmonta la idea de que el empleo público solo seduce allí donde faltan alternativas privadas: “Incluso en ciudades donde hay más opciones laborales, sigue habiendo un interés alto por lo público”, apunta Fariña. Pero ¿por qué? “El empleo cualificado en los grandes núcleos urbanos puede ser muy competitivo, pero también poco predecible. Y, frente a eso, el empleo público ofrece unas reglas claras, estabilidad y un marco más comprensible. En cierto modo, es también un toque de atención al mercado privado, que no siempre está consiguiendo retener talento si no ofrece mejores condiciones”, esgrime.

Cuando se pregunta por qué oposiciones despiertan más interés, la respuesta vuelve a ser práctica. Administración, educación y Correos encabezan la lista, no tanto por prestigio como por viabilidad. “Detrás suele haber una idea muy clara: ”Esto lo veo posible”, resume Fariña. “Son oposiciones con un gran número de plazas, y eso hace que mucha gente perciba que, con esfuerzo, puede conseguirlo. No es solo una cuestión de gusto, sino de probabilidad”.

Una decisión cada vez más calculada

Ese cálculo vital no surge de la nada. En los últimos años, las ofertas de empleo público han alcanzado cifras históricas: solo en la Administración General del Estado, llegó hasta las 39.574 plazas en 2023; volvió a batir récord en 2024, con 40.146; y se situó en 36.588 en 2025, a las que hay que añadir las convocatorias autonómicas y locales. Se trata, en todos los casos, de volúmenes muy elevados que han ampliado de forma significativa el número de oportunidades reales de acceso al empleo público.

Este aumento sostenido de la oferta ha tenido un efecto directo en la competencia. En varios cuerpos estatales, especialmente en categorías intermedias, la ratio de aspirantes por plaza se ha reducido de forma apreciable en apenas uno o dos años. Opositar sigue siendo exigente, pero ya no siempre implica enfrentarse a decenas de candidatos por una sola plaza, lo que ha reforzado la percepción de que el esfuerzo puede tener una recompensa tangible.

También ha cambiado el perfil del opositor. Lejos del estereotipo del joven recién titulado, hoy predomina una persona en edad madura, mayoritariamente mujer, con estudios medios o superiores y varios años de experiencia laboral. Muchas compaginan la preparación con un empleo a tiempo completo, y la oposición no aparece como punto de partida, sino como un giro estratégico tras comprobar los límites de las trayectorias laborales marcadas por la temporalidad o la falta de previsibilidad.

“Cuando hablamos de previsibilidad del tiempo es porque aparece de forma muy clara como un atractivo clave”, insiste Jacobo Fariña. “Para mucha gente, conciliar y poder planificar pesan muchísimo. El salario importa, pero la decisión muchas veces se inclina por tener horarios más claros y un día a día más ordenado, especialmente cuando hay hijos o responsabilidades familiares”.

Eso no significa que todo el mundo que se plantea opositar acabe dando el paso. El estudio detecta, de hecho, una brecha clara entre quienes reconocen un deseo por opositar y los que finalmente optan por hacerlo. “La intención es alta, pero no todo el mundo pasa a la acción”, matiza el portavoz de OpositaTest. “Y quienes finalmente se deciden suelen hacerlo cuando confluyen varios aspectos: una convocatoria clara, tiempo y recursos para prepararlas y expectativas realistas”. También influye, lógicamente, el volumen de plazas disponibles, que parece que continuará siendo elevado de cara al futuro: “En los últimos años hemos tenido cifras récord y, con las jubilaciones previstas y los procesos de estabilización, todo apunta a que seguirá habiendo ofertas numerosas”.

Por eso, visto en conjunto, el auge de las oposiciones no habla tanto de una huida del sector privado como de una búsqueda de certezas, de la necesidad de poner algo de orden en unas trayectorias laborales cada vez más fragmentadas. Opositar ya no es solo una aspiración de estabilidad: es, para muchos, una decisión calculada frente a un mercado donde la incertidumbre se ha convertido en la nueva norma.

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