Gran versión del 'Quijote' de Strauss por la OSG

A algunos músicos les pasa como a los buenos vinos. Nemanja Radulovic tocó el día 23 el Concierto para violín de Beethoven por segunda vez en dos meses y en esta ocasión levantó mayor entusiasmo aún. Su técnica impecable y gran musicalidad conquistaron al auditorio. Las cualidades musicales del serbio son como un vino de una añada excelente. El tiempo las puede atemperar y afinar hasta hacer de él un gran reserva. El inicio del Larghetto por las cuerdas de la Sinfónica tuvo un punto de gran emoción que Radulovic y la Orquesta Sinfónica de Galicia (OSG) mantuvieron y acrecentaron....

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A algunos músicos les pasa como a los buenos vinos. Nemanja Radulovic tocó el día 23 el Concierto para violín de Beethoven por segunda vez en dos meses y en esta ocasión levantó mayor entusiasmo aún. Su técnica impecable y gran musicalidad conquistaron al auditorio. Las cualidades musicales del serbio son como un vino de una añada excelente. El tiempo las puede atemperar y afinar hasta hacer de él un gran reserva. El inicio del Larghetto por las cuerdas de la Sinfónica tuvo un punto de gran emoción que Radulovic y la Orquesta Sinfónica de Galicia (OSG) mantuvieron y acrecentaron. Recuperar la obra sin ensayo demuestra que la calidad del trabajo es más importante que su cantidad.

El viernes 25, ya en abono regular, se escuchó una gran versión de Don Quijote, de Richard Strauss. Desde la primera exposición de los temas principales, la quijotesca alternancia sublime/grotesco fue emotivamente traducida a sonidos en tutti y solos por Steven Isserlis y la orquesta. A la parte grande del chelo solista se unen o contraponen solos de violín, viola, oboe, flauta, clarinete y bombardino, en los que los solistas de la OSG dieron adecuada réplica a las excelentes intervenciones de Isserlis.

La Heroica de Beethoven arrancó el allegro con brío y gran fuerza, buena precisión, equilibrio y regulación de la intensidad sonora, pero evolucionó con una notable caída del pulso y sensación de pesantez por el número de efectivos de cuerdas, que disminuyó la transparencia original de la obra beethoveniana en la edición, aunque finalmente pesaron más los pros que los contras. La lectura de la Marcha fúnebre fue emocionante en conjunto y solos, con un enorme Casey Hill al oboe.

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