El Madrid conmueve a Riazor

El Lazio gana por penaltis a un equipo que acabó con nueve y con Savio de estrella

Fue un partido imprevisible, de vaivenes, sorpresas y personajes célebres poniendo su sello. Como De la Peña y su conexión chilena con Marcelo Salas para marcar un gol memorable, lo último que hizo el Lazio antes de sumirse en la confusión. El Madrid salió a flote con nueve y resultó conmovedor. Savio abarcó todo el protagonismo del ataque, participó en los dos goles de su equipo y se convirtió en un recuerdo que Hiddink difícilmente olvidará a la hora de hacer las alineaciones. El Lazio ganó a los penaltis, pero el Madrid salió verdaderamente reforzado.Fue Iván de la Peña el que impuso el primer silencio en Riazor. Corría el minuto 44, Madrid y Lazio empataban a un gol, cuando se sacó un pase en diagonal, como con tiralíneas, hacia la banda izquierda del área de Illgner. Lo interceptó Salas, que entraba hacia el punto de penalti. El chileno, en una décima de segundo, en lo que dura un sorpresa, se llevó el balón pegado al pie ante las narices de Hierro y Sanchis. Sorteó a los dos, dribló a Illgner por su izquierda y marcó uno de sus goles El tanto fue un tributo a la asociación entre el delantero y Lo Pelat.

El Lazio arrancó el partido tirando sus líneas hacia adelante. La defensa empujó al mediocampo del Madrid, cortocircuitando el trabajo de Redondo y Jaime, que, a pesar de llevar el número diez, permaneció intrascendente. Por entonces, el único destello de sorpresa que ofreció el Madrid lo protagonizó Savio por la banda izquierda, por donde apareció con más velocidad de la que acostumbra. El brasileño volvió loco a Conceiçao y a su marcador Negro. En el otro costado, Morientes se asoció en los primeros minutos con mucha fluidez con Raúl. Pero el siete madridista, que se gustó en las primeras triangulaciones, fue desvaneciéndose a medida que pasaba la noche.

El Madrid acertó a marcar primero, en un cabezazo del siempre fiable Morientes en una jugada a balón parado, pero el mando lo llevó el Lazio. Y más cuando una entrada por detrás de Rojas sobre De la Peña desató la expulsión, tal vez excesiva, del primero y dejó a los italianos en superioridad numérica. Iván cogió las riendas y el Lazio fue poniendo también el marcador de su lado. Empató primero Nedved y luego, en la jugada sublime antes relatada, Salas estableció el 1-2 con el que se llegó al descanso.

Hiddink dio entrada a Roberto Carlos, Seedorf y Mijatovic, recompuso el dibujo en un 4-3-1-1 y equilibró el equipo y el partido. Los italianos se abrieron entre líneas, como perezosos, perdieron fluidez y dejó espacios por todas partes. Y en otra jugada a balón parado, más enredada, a la salida de un córner, Savio estableció el 2-2. Pero como sucedió en la primera parte, al gol le acompañó otra expulsión, esta vez de Jaime. Y el Madrid ni se inmutó.

El Madrid se entusiasmó con nueve. Quedaron pocos, pero con ganas de tocarla y muy animados. Savio jugó mejor a cada momento, Mijatovic hizo y deshizo entre los centrales azules, Roberto Carlos interpretó al hombre bala y, si acaso, Raúl se fue espesando en la punta. El Madrid llegó a atacar con cuatro y a defenderse con tres. En el medio, se relevaron Redondo y Seedorf, que pasaron de la organización del juego a la cobertura en defensa ante la mirada cada vez más perdida de De la Peña y su escudero Stankovic. Luego, la rueda de los penaltis premió al Lazio. Incluso se pasó de los cinco primeros reglamentarios. Fue una vez más le decisión de la lotería, no de la calidad de juego.Pero la conmovedora imagen del Madrid, con nueve, resultará difícil de olvidar.

* Este artículo apareció en la edición impresa del miércoles, 12 de agosto de 1998.

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