Crítica:El cine en la pequeña pantalla

Niños y dinero

Los dos largometrajes sabatinos coinciden en hacer protagonistas a los niños y al dinero. En la enésima aventura de Tarzán, Boy, el retoño del rey de los monos, habla de un importante yacimiento aurífero en presencia de unos exploradores mancos que, sólo con oír la palabra oro se transforman en fieras ávidas de riqueza. El pobre Boy, con su ingenuidad incontaminada, tan buen salvaje como su padre, no podía prever este tipo de reacciones porque nada sabe de la codicia como pecado capital.Treinta y cinco años después, los muchachos han dejado de ser encarnación de la candidez. Su selva es urbana...

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Los dos largometrajes sabatinos coinciden en hacer protagonistas a los niños y al dinero. En la enésima aventura de Tarzán, Boy, el retoño del rey de los monos, habla de un importante yacimiento aurífero en presencia de unos exploradores mancos que, sólo con oír la palabra oro se transforman en fieras ávidas de riqueza. El pobre Boy, con su ingenuidad incontaminada, tan buen salvaje como su padre, no podía prever este tipo de reacciones porque nada sabe de la codicia como pecado capital.Treinta y cinco años después, los muchachos han dejado de ser encarnación de la candidez. Su selva es urbana, de asfalto, y hiede a aceites pesados. Puede que sueñen con una arcadia incontaminada, en la que la droga no sea objeto de tráfico o, mejor aún, en la que no sea necesaria. Mientras esa utopía no se concreta, la mejor manera de acercarse a algo parecido es robando a mano armada, empeño al que se dedica El Torete, uno de los protagonistas de la película de la noche y personaje en el que la ficción y la realidad se entremezclaban de forma trágica.

El tesoro de Tarzán es uno de los últimos tarzanes de la Metro. Weissmuller pronto sería contratado por la RKO y se confirmaría el declive de la popularidad de la serie. Aquí aún transita por esos fantásticos decorados de peñas inaccesibles y simas profundísimas por las que se despeña un porteador negro. Las pinturas y transparencias son lo mejor de estas cintas, los únicos momentos en que el cine no queda por debajo de las ilustraciones de Hogarth y en los que la ficción adquiere connotaciones superreales.

Perros callejeros forma también parte de una saga o serie, ya que, debido a su gran éxito, la película tendría dos continuaciones dirigidas por el propio De la Loma, un artesano al que siempre le ha gustado dirigir escenas de acción. Perros callejeros es también una película de denuncia, una obra que pretende explicar el cómo y el porqué de la conversión en delincuentes de unos jóvenes inmigrantes. La explicación tiene un sabor que sin duda será grato a los votantes convencidos del Grupo Popular, ya que el director tiende a sermonear a las plateas.

José Antonio de la Loma, que tiene tanto oficio como discutible es el empleo que hace del mismo, inició con Perros callejeros no sólo su serie -Perros callejeros II y Últimos golpes de El Torete -creo se titularon las prolongaciones del éxito-, sino también la de otros cineastas. Navajeros, Barcelona sur o Deprisa, deprisa se beneficiaron de la moda.

Esa obsesión ya le llevó a rodar una curiosa y tremendista variante del cochecito despeñado por las escaleras de Odesa: aquí era un Ford Mustang quien se llevaba por delante cochecito y bebé y sometía a ambos a un largo paseo por una de esas siniestras autopistas.

El tesoro de Tarzán se emite a las 16.05, y Perros callejeros, a las 22.40, ambas por la primera cadena.

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