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El terreno de juego del amor

El periodista Joan Sans descubrió la existencia del Mallorca en una tarde familiar de juegos

Nos sucede, por lo general, tan pocas veces que tiende a convertirse en un recuerdo imborrable de la infancia. Esos instantes en los que fuimos capaces de arrastrar a nuestro padre o a un hermano mayor para que jugaran con nosotros al fútbol —o sucedáneo— dentro de casa. Cada uno en un extremo de la estancia —habitualmente, se trataba de un pasillo, ya que era el espacio más parecido a un terreno de juego, en el que las paredes marcaban el límite de las porterías y, más importante, donde había menos objetos susceptibles de ser destrozados por un balonazo—, se iban intercambiando los roles con cada golpeo de pelota. Primero chutaba uno y el otro intentaba atajar el balón. Luego, viceversa. Era un partido desigual, ya que el ímpetu y la pasión del más joven contrastaba notablemente con las ganas del mayor, que en realidad estaba allí un poco por cubrir el expediente y con la obligación moral de no detener todos los disparos y de patear el esférico con la intensidad justa para que pudiera ser detenido sin que pareciera una farsa. Pero lo más importante era, sin duda, el amor que se concentraba en aquel espacio rectangular. Un amor basado en el juego, en las conversaciones que surgían a su alrededor y en la admiración hacia el jugador más veterano.

Así fue como el periodista Joan Sans descubrió que su padre no quiso continuar con la tradición familiar y dedicarse a la panadería. Porque Rafael Sans le dijo un día, mientras jugaban en un pasadizo trasero de la casa de la abuela, que su sueño había sido ser futbolista y jugar en el Mallorca. Y a Joan, claro está, le parecía inconcebible que, con lo bien que golpeaba el balón, no lo hubiera logrado. Además de descubrir lo injusto del reparto de talento, aquel día el pequeño Sans descubrió la existencia de un equipo de fútbol que pasaría a ser parte de su desarrollo personal y profesional. Rectángulo de amor bizarro (Libros del K.O.) es el libro en el que une fútbol, música, periodismo, familia, pisos de estudiantes y la valentía que requiere el amor verdadero, que puede aparecer en casa o a cientos de kilómetros de donde juega tu equipo.

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