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Nuevo orden, nuevo dólar

Un dólar débil pone en duda la idea de que Estados Unidos es el centro incuestionable del sistema financiero global, donde no vendrá un reemplazo inmediato, pero sí de un reacomodo gradual del equilibrio monetario internacional

Dólares en una imagen ilustrativa.Olena Malik (Getty Images)

La secuencia es perfecta —o decidora al menos— una vez iniciada la guerra arancelaria (Liberation Day para el presidente Trump), el dólar index, esto es, el dólar respecto de una canasta referencial de monedas ha caído 10 puntos, de 107 a 96, lo que, por ejemplo, en Chile, se tradujo en una baja de casi 140 pesos en el mismo período.

¿Qué provoca que el dólar, monda referencial desde la conferencia de Breton Woods en 1944 haya perdido su llamada ‘excepcionalidad’? En una palabra, incertidumbre. Las políticas económicas y financieras del presidente Trump —por las que fue electo, dicho sea de paso— han dado paso de la ‘excepcionalidad de base’ con que cuenta la divisa, la única que es aceptada en todo el mundo y tiene un mercado cambiario conoció y público, a lo que algunos analistas y bancos de inversión han denominado el ‘debasement’ o la degradación del dólar americano.

¿Los efectos para Chile? Mixtos. Mientras las importaciones denominadas en dólares se vuelven más competitivas, lo que no necesariamente se traspasa al consumidor, pues sirve de variable de margen para las empresas, para los exportadores agroindustriales o mineros la situación se vuelve más compleja al recibir los mismos dólares, pero menos pesos por cada una de sus ventas al extranjero.

Para la economía estadounidense, y de ahí el temor, la situación es preocupante, misma incertidumbre que hoy están reflejando los precios en el mercado estadounidense. Un dólar débil encarece las importaciones, lo que vuelve más competitivo al mercado interno, aunque esta misma competencia es un riesgo inflacionario de largo plazo. El mayor consumo interno en el mediano plazo presionará la producción, que no verá otra salida que aumentar sus precios, estrechar márgenes, provocar desempleo, y un largo y peligroso etcétera.

¿Esto es algo que preocupa a la actual Administración Trump? Considerando que no puede reelegirse al final de su período, los incentivos (como siempre) no están puestos en una mirada de más allá de dos años. Soluciones de corto plazo que hacen tambalear la economía en el largo plazo, algo que poco a poco están recogiendo las valorizaciones y tasas.

Así, la debilidad reciente del dólar estadounidense no lo podemos ver como un efecto aislado o sólo atribuirlo a un rebalanceo o ajuste de portafolio del mercado financiero mundial, sino que es un claro síntoma de pérdida de confianza y de cómo los precios siempre son capaces de adelantar cambios en el ánimo.

Los mercados financieros dependen de tres factores: confianza, estabilidad y coherencia, los mismos que los analistas ven con preocupación tras las crecientes amenazas arancelarias, riesgos geopolíticos, declaraciones de anexión de territorios o presiones y amenazas contra funcionarios de la Reserva Federal, que han visto un constante cuestionamiento a su labor durante esta administración. Menos confianza, menos estabilidad y menos coherencia de la principal potencia económica y financiera global sólo se traduce en un dólar débil.

El caso de la Reserva Federal es algo que consterna al mercado: la incesante presión política sobre la FED para que reduzca la tasa de interés, su interés declarado en remover a su presidente, Jerome Powell, y la especulación sobre el nombramiento de un nuevo presidente alineado con la Casa Blanca, ha generado dudas sobre la independencia de la institución.

Pero más allá de la política coyuntural, existen factores estructurales que agravan la situación. El déficit comercial estadounidense continúa creciendo debido a que los aranceles han encarecido las importaciones sin lograr un repunte significativo en la manufactura local.

Pero quizá la consecuencia más profunda es simbólica: un dólar débil pone en duda la idea de que Estados Unidos es el centro incuestionable del sistema financiero global, donde no vendrá un reemplazo inmediato (en un año las reservas globales en euros sólo han subido 2 puntos), pero sí de un reacomodo gradual del equilibrio monetario internacional.

La debilidad del dólar no es solo un fenómeno económico; es un reflejo político. Las monedas, como los relatos nacionales, dependen de la confianza. Y hoy, la confianza en la estabilidad política y económica de Estados Unidos atraviesa un momento delicado.

Y como dice un viejo refrán económico: “Cuando Estados Unidos estornuda, el mundo se resfría”, algo que de seguro preocupa a la nueva Administración de Jose Antonio Kast, que ha dejado como uno de los pilares de su llamado “Gobierno de emergencia” la recuperación económica.

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