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Rasgarse las vestiduras en Perú

La dimisión de un ministro acusado de agresión sexual abre un debate sobre la violencia que sufren las menores

Angelo Alfaro Lombardi, en una fotografía son datar.MINEM

En su cabeza debía de sonar razonable, pero la justificación que ha dado la semana pasada el ya exministro de Energía y Minas de Perú, acusado de violar a una adolescente de 16 años cuando él tenía 46, es pasmosa: “Mi único pecado fue enamorarme”, soltó con aparente convicción en un programa de televisión al que fue invitado junto con su abogado defensor. El asunto fue a peor conforme el letrado añadía explicaciones, que incluyen un supuesto “factor cultural” en el oriente de Perú: “Aquí lo que pasa es que estamos exagerando, rajándonos las vestiduras. Lo que estás satanizando es usual”, le dijo al presentador, “no es ideal, pero no ha habido violencia”. El presentador, fuera de sí, vuelve al exministro, Ángelo Alfaro: “¿Qué le hacía pensar a usted que una adolescente de 16 años podía tomar la decisión de irse a vivir y tener un hijo con usted?”. La respuesta: “Porque ella lo quiso, me lo pidió y su familia lo aceptó. En ningún momento yo me impuse”.

De esos hechos hace 26 años, pero es ahora cuando Jennifer Canani ha decidido denunciar públicamente lo que le sucedió. En su relato en un programa de televisión, habla de violencia sexual: conoció a Alfaro en un restaurante, tomó alcohol, perdió el conocimiento y lo siguiente que recuerda es despertarse en la cama de él. Quiso denunciar ante la policía en ese momento, pero le pusieron trabas. A ello hay que sumar que convivieron siendo ella menor.

En un país que solo hace tres años penalizó el matrimonio infantil, el actual presidente interino, José María Balcázar, se abstuvo en esa votación y las redes han emergido algunas de sus absurdas ideas sobre las relaciones sexuales tempranas, de 2023, cuando afirmó que “ayudan al futuro psicológico de la mujer”. Su predecesor, José Jerí, tenía una denuncia por violación que fue archivada poco antes de que accediera al cargo, en el que ha durado cuatro meses entre sospechas de corrupción.

A dos semanas de las elecciones legislativas y presidenciales, esta normalización en el discurso público de la violencia contra las niñas y las mujeres apenas ha sido objeto de debate en campaña, centrada en la inseguridad ciudadana.

Solo el aborto, que está prohibido y castigado con cárcel en Perú en todos los supuestos salvo si corre peligro la vida de la gestante, se ha abierto paso en un puñado de programas electorales para los casos de violación, en un país donde cada día cuatro niñas de 10 a 14 años son forzadas a ser madres, según Promsex, una ONG feminista que promueve la lucha legal por los derechos reproductivos y ha logrado condenas internacionales por negar el aborto terapéutico a niñas, que por lo tanto también son víctimas de violencia sexual.

De las únicas cuatro candidatas presidenciales ―de un total de 36 aspirantes―, la más conocida, la ultraconservadora Keiko Fujimori, ha hablado del tema para negar el derecho incluso en caso de violación. Una de sus hijas, de 18 años, le llevó la contraria en Instagram: “En el caso hipotético presentado ―una violación― yo sí optaría por abortar, tanto si se tratara de mi como de una niña de ocho años”. Otra de las candidatas, en este caso a la reelección como senadora, es la pastora evangélica ultraconservadora Milagros Jáuregui, que preside la Comisión de la Mujer del Parlamento y que fundó hace años una casa de acogida para niñas embarazadas que estuvo envuelta en polémica. Entre sus logros parlamentarios está eliminar el enfoque de género en todas las leyes. De nuevo: presidenta de la Comisión de la Mujer.

Díganos, abogado, si nos rasgamos o no las vestiduras.

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