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La guerra en Irán y su onda expansiva en América Latina: efectos económicos y reconfiguración política

Las economías de América Latina dependen en enorme medida de las materias primas que se importan, las cuales también se van a ver encarecidas al aumentar las cadenas de suministro por el incremento del valor del transporte y de los precios ligados al petróleo

Intercepción de un dron cerca del consulado de EE UU en la región del Kurdistán, Irak, este martes.GAILAN HAJI (EFE)

La globalización y la interdependencia de las relaciones exteriores generan que hoy por hoy, un conflicto que ocurre al otro lado del mundo pueda tener efectos muy palpables para la región. El impacto en la economía y la reconfiguración política internacional son algunos de los coletazos más evidentes que generan consecuencias en América Latina de las confrontaciones en Oriente Próximo.

Luego de que Estados Unidos e Israel se unieran para, según sus declaraciones, atacar a Irán por cuenta de defensa preventiva ante el aumento de su armamento nuclear, así como en respuesta a las violaci...

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La globalización y la interdependencia de las relaciones exteriores generan que hoy por hoy, un conflicto que ocurre al otro lado del mundo pueda tener efectos muy palpables para la región. El impacto en la economía y la reconfiguración política internacional son algunos de los coletazos más evidentes que generan consecuencias en América Latina de las confrontaciones en Oriente Próximo.

Luego de que Estados Unidos e Israel se unieran para, según sus declaraciones, atacar a Irán por cuenta de defensa preventiva ante el aumento de su armamento nuclear, así como en respuesta a las violaciones continuadas de derechos humanos por parte del régimen teocrático vigente, el fuego en Oriente Próximo se ha intensificado. Por un lado, la fuerza militar estadounidense no solo ha terminado con la muerte del líder supremo iraní, Alí Jameneí, sino con bajas a gran escala. Y, por el otro, las retaliaciones de un Irán profundamente herido han llevado a múltiples bombardeos en las principales urbes de Israel, Emiratos Árabes, Baréin, Catar, entre otros. Pero más allá del dolor de humanidad, ¿cómo puede afectar este conflicto a América Latina?

El primer impacto directo es de orden económico y tiene que ver con el mercado de energía. Debido a las tensiones, se ha dado un cierre de facto del denominado Estrecho de Ormuz, un canal oceánico localizado entre las costas de Irán al norte y Omán al sur, que en su punto más reducido tiene 33 kilómetros de ancho. Este espacio marítimo, aunque cuenta con la posibilidad del ejercicio al paso inocente o libre tránsito que proporciona la Convención del Mar de la ONU, actualmente no se encuentra en funcionamiento, tanto por las advertencias emitidas por Irán como por las amenazas de ataque, lo que desestimula a los navíos petroleros a continuar con sus operaciones cotidianas. Se calcula que allí transita más del 20% de toda la oferta energética del mundo.

El cierre de esta exclusiva vía de comunicación energética genera una reducción de la oferta de petróleo y gas licuado (principalmente), pero también prende alarmas en el mercado, lo que incrementa la compra de los recursos fósiles, previendo mayores crisis, haciendo que la demanda sea mucho más grande que la oferta y, por ende, causando incrementos notables en los precios. Antes de los primeros bombardeos, el barril de petróleo rondaba los 70 dólares; al inicio de la semana ya se acercaba a los 80 dólares y, de continuar el conflicto, podría llegar hasta los 90 o 100 dólares.

Ante los incrementos, aunque algunos podrían pensar que países como Brasil, México, Venezuela, e incluso Colombia, Ecuador o Argentina, podrían beneficiarse, porque podrían vender el crudo que exportan a precios más altos, lo cierto es que las economías de América Latina dependen en enorme medida de las materias primas que se importan, las cuales también se van a ver encarecidas al aumentar las cadenas de suministro por el incremento del valor del transporte y de todos los precios ligados al petróleo. Y es que del mercado energético dependen bastante otros sectores económicos como la energía y los combustibles, pero también la logística y el transporte, así como alimentos y bienes de consumo. En otras palabras, esta guerra en Oriente Próximo genera aumento de las divisas, incremento de costos de producción, inflación y aumento no previsto de los precios en los mercados locales. Se calcula que, por cada 10 dólares que sube el precio del barril de petróleo, puede aumentarse la inflación hasta 0,4%.

Así mismo, ante la inestabilidad económica, los grandes inversionistas deben buscar alternativas para encontrar mercados sustitutivos para sus activos, lo que a su vez genera incrementos en la inflación, la deuda externa, así como desaceleración de la participación de inversiones extranjeras en economías emergentes.

Desde el punto de vista político, la guerra en Oriente Próximo también agudiza las polarizaciones, lo que a su vez arrecia la inestabilidad internacional de América Latina. Así, mientras existen gobiernos, como el colombiano de Gustavo Petro, que condenan directamente los ataques de Estados Unidos e Israel y acuden en defensa de Irán, hay otros, como el argentino, chileno o ecuatoriano, que aprovechan para alinear mucho más sus agendas con la potencia mundial, enfocándose en la denuncia a las retaliaciones de Irán frente a los países de Oriente Próximo y no en la ofensiva estadounidense, anclándose cada vez en el discurso de la lucha contra el terrorismo. Esto también redefine o afianza el tablero del mapa geopolítico mundial entre actores como Estados Unidos, Rusia y China, con sus respectivos aliados mundiales.

Inestabilidad de los mercados con fuertes impactos económicos directos e indirectos, agudización de la polarización política e ideológica con Brasil y Colombia a la izquierda, por un lado, y Argentina, Ecuador, Chile, Paraguay y Perú a la derecha, por el otro, frente a una Bolivia y Uruguay más moderados; así como la consolidación del MAGA de Trump, cada vez más arraigado en la comunidad internacional, son algunos de los efectos más evidentes que ha dejado esta primera fase de un conflicto que arde en Oriente Próximo y que, por lo pronto, se proyecta más a su continuidad que a su cesación.

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