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Sheinbaum: no molestar

Al hacer a un lado a Adán Augusto López, la presidenta no derrota a López Obrador, lo confirma

La remoción del cargo heredado a Adán Augusto López Hernández —político elevado a la categoría de hermano por Andrés Manuel López Obrador— es volantazo, movimiento electoral y pie hundido en el acelerador.

La destitución de Adán es volantazo. La salida del tabasqueño de la coordinación del Senado ha sido comentada como un triunfo de Sheinbaum en detrimento del expresidente López Obrador po...

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La remoción del cargo heredado a Adán Augusto López Hernández —político elevado a la categoría de hermano por Andrés Manuel López Obrador— es volantazo, movimiento electoral y pie hundido en el acelerador.

La destitución de Adán es volantazo. La salida del tabasqueño de la coordinación del Senado ha sido comentada como un triunfo de Sheinbaum en detrimento del expresidente López Obrador por quienes nada han entendido. Al hacer a un lado a Adán, Sheinbaum no derrota a Obrador, lo confirma.

Por algo fue que el fundador del ismo encargó cuidar la reputación del movimiento a una mujer que ya se había hecho buena fama por cuidar la reputación del movimiento.

Decir que el obradorismo habla por boca de Sheinbaum no equivale a imputarle obediencia ni sumisión. No la despoja de agencia ni la degrada a instrumento. Es, más bien, el reconocimiento de una identidad colectiva: la posibilidad de honrar a quienes nos preceden porque de eso también estamos hechos nosotros mismos.

Tan preciso es afirmar que a López Hernández lo han apartado como decir que él fue quien se apartó. Podía hacerlo: destruir la cosa es la máxima expresión del propio derecho. Si Sheinbaum y López Hernández se miraron alguna vez en el mismo espejo, hoy uno de los dos ha dejado de ser visible en ese reflejo. Sua culpa, sua máxima culpa.

Para la corriente más ética del obradorismo, la salida de López Hernández es una bocanada de aire. Un proyecto político que se proclama heredero de la corrección moral está llamado a depurarse. La corrección interna es el mecanismo mínimo de todo aquello que aspira a conservarse.

Y si se resisten a creer este teorema por considerarlo moral, propongo una lectura más pragmática. La remoción del tabasqueño sería la manera de Sheinbaum de socializar que, ante la cantidad descomunal de líos que ya carga, favor de no venir a sumarle ni uno más.

En ese sentido, la salida de Adán —además de hipotéticamente moral— resultaría aleccionadora. Disuasoria. Aquí no sobra nadie, pero ayuda mucho quien no estorba.

Claro que a la presidenta se le regateará la remoción del coordinador que ella niega. Si se la escatiman incluso cuando activamente la acepta. Pretextos nunca faltan. Toda acción de Sheinbaum, dicen algunos, se explica por la voluntad de Palenque o por el apetito de la Casa Blanca. Siempre existe una orden que anula su capacidad de decisión o una directriz que reduce su voluntad a simple consecuencia. Como suele ocurrir en el obtuso mundo masculino, a lo femenino habrá de imputársele el reino de la pasividad.

La cesantía de Adán Augusto López Hernández es movimiento electoral. No porque él vaya a hacer trabajo territorial en Tabasco (siempre pensé que el trabajo de un legislador era, por definición, de índole legislativo), sino porque reconoce que la caída en las encuestas de Morena guarda con él relación directa.

Hacerlo a un ladito no importará expulsar a sus leales. Ellos seguirán insertos como soldados griegos infiltrados en un gigantesco caballo de madera. Su destino aún no está escrito y cualquier pronóstico sobre su porvenir es reservado.

Si Claudia Sheinbaum aprendió bien de la elección intermedia que le tocó enfrentar en la capital y del penoso revocatorio de mandato de su correligionario Salomón Jara, sabrá dosificar la unidad sin cargar con la desgastada imagen de López Hernández como cara visible del popular proyecto.

Finalmente, el relevo de Adán Augusto López Hernández es el pie de la presidenta en el acelerador.

Sabe ella —16 meses después de llegar al cargo— que el tiempo se le agota. Tic toc. Tic toc. No hay margen para pian pianitos ni para despilfarros. En un parpadeo —pum— su sexenio se habrá terminado. El poder lo habrá de ejercer ahora.

Si leemos bien las señales, con la remoción —y cuando digo remoción quiero decir remoción— de Gertz, de Romero Tellaeche del CIDE, Pablo Gómez de la UIF y de Adán Augusto López del Senado, errores crasos de la anterior administración, Sheinbaum Pardo estaría dotando a su movimiento de una herramienta todopoderosa: la capacidad de corrección.

Prueba, error y saber corregirlo.

El daño que figuras como las antes mencionadas han infligido a la Cuarta Transformación es irreparable. No habrá retorno al punto de partida. Quedarán cicatrices indelebles que no permitirán comenzar nunca más de cero.

Con todo, la presidenta ha dado pistas del comienzo de un trazo nuevo.

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