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Videoanálisis de Ana Francisca Vega sobre la llegada de Roberto Velasco a la SRE. Foto: EPV | Vídeo: Carlo Echegoyen

Videoanálisis | La llegada de Roberto Velasco a la cancillería

El tema no es el nombramiento del nuevo secretario, sino lo que desde hace años sucede en los escalafones más bajos del servicio exterior mexicano, el maltrato sistemático de la estructura que sostiene el trabajo diplomático

La llegada de Roberto Velasco a la Cancillería no debe leerse a través de la lente de la edad o la inexperiencia. Tampoco bajo el parámetro de si es o no miembro del servicio exterior mexicano. México ha tenido buenos cancilleres diplomáticos de carrera y buenos cancilleres que no son de carrera.

La decisión de la presidenta Sheinbaum debe leerse con base en tres factores que responden a la encrucijada en la que está México: Velasco tiene las manos en las tripas de la relación México-Estados Unidos desde hace años, cuenta con la confianza de Washington y tiene una buena relación con el secretario de Economía, Marcelo Ebrard. En un momento donde la revisión del TMEC no permite curvas de aprendizaje, la presidenta lo sabe y a eso responde el nombramiento. Velasco se apega al guion y difícilmente cuestionará el rumbo o se convertirá en una carga para la presidenta.

El tema no es el nombramiento de Velasco, sino lo que desde hace años sucede en los escalafones más bajos del servicio exterior mexicano y el maltrato sistemático de la estructura que sostiene el trabajo diplomático mexicano.

Y esta no es una opinión, es un dato: en algunos de los escalafones más bajos del servicio, hay personal administrativo y técnico al que no se le ha incrementado el salario en casi 30 años. Hay testimonios de sobra sobre cómo estos funcionarios sortean el día a día solo con programas sociales, bancos de alimentos y jornadas extenuantes que rayan en la precariedad.

Esta desatención ya provocó lo inevitable: una estampida. Solo en Estados Unidos —el foco ‘cuasi único’ de México — hay 69 plazas sin cubrir. Estamos hablando de que el 17% de nuestras posiciones diplomáticas en ese país clave están desiertas. Apenas 17 de los 53 consulados tienen equipo completo.

Más allá del canciller, cómo pretendemos una defensa eficiente de nuestros intereses en el TMEC o una protección real a nuestros migrantes, si la mitad de los puestos en sedes críticas están vacantes.

La lógica de la presidenta es entendible: Velasco garantiza continuidad y operación técnica en la cima. Pero una cancillería no se maneja solo desde un despacho en Avenida Juárez. Se sostiene en cada consulado y en cada embajada. Si la apuesta de Sheinbaum es fortalecer la relación con el norte, el primer paso no es solo elegir a un buen capitán, sino dejar de hundir el barco de quienes reman todos los días. Porque, al final, no hay diplomacia exitosa que aguante un servicio exterior en el abandono.

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