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Puerto Vallarta, tras la venganza por la caída del Mencho: “Entendimos el mensaje, ellos mandan aquí”

El paraíso turístico sufrió una de las mayores represalias del cartel por la caída del Mencho. Tras una oleada de cancelaciones, con decenas de establecimientos calcinados y 17 reos fugados todavía, turistas y locales tratan de normalizar el aguijón del crimen organizado

Tienda Oxxo quemada cerca del malecón de Puerto Vallarta.Roberto Antillón.

Era una tienda y ahora es un amasijo de hierros retorcidos, cenizas y láminas desparramadas. Lo explican los señores de mantenimiento, ya quemados por el sol, porque el trabajo (que no el salario) se les desbordó desde el domingo: la estructura era débil, el metal se dobló por el calor extremo, no aguantó el peso del techo y todo se vino abajo. El fuego que provocó el Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG) en decenas de establecimientos y vehículos ha dejado lleno de cicatrices a Puerto Vallarta, un paraíso costero de México. La represalia por la caída de ...

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Era una tienda y ahora es un amasijo de hierros retorcidos, cenizas y láminas desparramadas. Lo explican los señores de mantenimiento, ya quemados por el sol, porque el trabajo (que no el salario) se les desbordó desde el domingo: la estructura era débil, el metal se dobló por el calor extremo, no aguantó el peso del techo y todo se vino abajo. El fuego que provocó el Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG) en decenas de establecimientos y vehículos ha dejado lleno de cicatrices a Puerto Vallarta, un paraíso costero de México. La represalia por la caída de Nemesio Oseguera Cervantes, El Mencho, espantó a miles de turistas, provocó una oleada de cancelaciones y devolvió el miedo a todos los que ya sabían quién, abajito, controlaba la ciudad. Hasta los que son de fuera comprendieron: “Entendimos el mensaje. Fue una señal de poder. Ellos mandan aquí”, señalan Karen y Chris, canadienses, después de hacerse algunos posados en ese derrumbe quemado que una semana antes era un Oxxo. No son los únicos que se llevan un selfie, con pamela y bañador, de recuerdo.

Aún no habían atrapado al Mencho en Tapalpa y ya salía el humo en Puerto Vallarta. A las ocho de la mañana, en la sierra, el Ejército mexicano seguía peleando contra el círculo de seguridad del líder del CJNG, pero a esa hora, Lalo, un trabajador de hotel, ya vio la primera humarada desde el malecón. A las 8.40, Rosa cerró nerviosa su fonda de comidas porque el cielo de la joya turística se estaba poniendo todo negro. A las nueve, Valeria pulsó el botón de emergencia de la gasolinera donde trabaja para que se cerrara el suministro antes de que llegaran las llamas. Después se echó a correr. Y el grupo de Edgar, que todavía jugaba vóleibol en una playa alejada del centro, recibió la llamada: busquen refugio, el cartel está prendiendo la ciudad.

Una cronología

Quemaron primero los coches, los autobuses y los camiones, en total más de 200, los atravesaron en las avenidas y en las esquinas. “En muy pocas ocasiones se les apiadó el corazón. Sí un compañero, que ya está muy grande, salió a pedirles de favor que le dieran la oportunidad de mover su carro, porque era de lo único que podía vivir”, cuenta Andrés, taxista: “Sí se lo permitieron”. A mediodía, cuando El Mencho caía herido en el bosque de Tapalpa por el ataque de los militares, a 400 kilómetros de allí, sus tropas ya arrasaban con todos los establecimientos de cadena, robaban tiendas motos antes de calcinarlas. En todo ese domingo no salió a hablar el alcalde, Luis Ernesto Munguía, pero el gobernador de Jalisco, Pablo Lemus, activó el llamado código rojo y pidió a la población del Estado guarecerse.

Mientras, en el penal de Ixtapa, a las fueras de Puerto Vallarta, se desató un motín. Un grupo armado llegó a la cárcel, disparó contra las instalaciones y, con la ayuda de un camión, derribó un portón para poder ingresar. Ayudaron a escapar a 23 presos, ocho de los cuales habían entrado juntos a la prisión el 11 de noviembre de 2021, unos días antes de que el Gobierno detuviera a Rosalinda González Valencia, la esposa del Mencho. Entre los reos fugados hay sentenciados por desaparición forzada y por asesinatos, también jefes de plaza del Cartel Jalisco Nueva Generación, como Cristian Alonso Moreno, conocido como El Joker, quien controlaba Lagos de Moreno y estaba detrás de una masacre. Los criminales, en su huida, mataron a Rafael Hernández, veracruzano, amable y trabajador, policía estatal con casi 25 años de servicio. Era custodio en el penal.

Antes de que cayera la noche, cuando ya se sabía que el CJNG había colocado cientos de bloqueos en carreteras y atacado 20 Estados del país, Daniel, que es operador en el puerto, se decidió a volver a su casa, con su familia. Llevaba todo el día rodeado de fuegos, pero dejó el coche en el estacionamiento y comenzó a caminar. “Iba con la cabeza agachada, sin mirar a nadie. Oía pasar motos y motos de ellos. Fui rezando todo el camino”. Después de una hora llegó a su casa y ya no salió hasta el martes, igual que las 290.000 personas de Puerto Vallarta. “Esto nos encerró más rápido que el covid”, resume Guillermo, trabajador de una pequeña refinería.

¿Por qué Vallarta?

Aquí han matado a balazos a un exgobernador y han secuestrado a los hijos del Chapo, pero, aun con las marcas visibles, los turistas y los locales insisten: “Puerto Vallarta es muy tranquilo”. Los extranjeros afirman que es más seguro que algunas ciudades de Estados Unidos, incluso de Canadá, y que les gusta por el clima, las playas bonitas, la amabilidad de la gente y porque pueden caminar a cualquier hora. Eso también lo asegura Andrés, que acaba de terminar Ingeniería, pero trabaja mientras de taxista: “Por aquí podías andar a las cuatro o cinco de la mañana sin tema”. Todos los empresarios, vendedores y conductores, preguntados por este periódico, afirman que el crimen no les extorsiona, ni les cobra piso por trabajar en la ciudad. La explicación más sencilla es que el CJNG consigue suficiente de Vallarta de sus otros frentes: el narcomenudeo, el turismo y el lavado de dinero.

Igual que Cancún, Mazatlán o Los Cabos, Vallarta es territorio de grandes complejos hoteleros. Uno de los nidos favoritos para que el dinero negro entre al mercado legal. “La delincuencia organizada ha buscado históricamente cómo incorporar el dinero conseguido por vía ilícita a la economía formal, porque los carteles tienen una estructura empresarial”, apunta el abogado especializado Luis Pérez de Acha: “Y el sector inmobiliario se presta a ese lavado de dinero, especialmente donde existen obras grandes, que demanden muchos recursos, como son las zonas turísticas”. Solo tres días antes de la captura del Mencho, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos había sancionado a 17 empresas de esta costa (varias vinculadas a Carlos Rivera, hijo de otro exgobernador) por sus vínculos con el CJNG en un fraude inmobiliario. Hace tiempo que la Oficina de Control de Bienes Extranjeros (OFAC, por sus siglas en inglés) tiene identificado a Puerto Vallarta como un “bastión estratégico” de lavado de dinero del Cartel Jalisco.

Pero proteger el blanqueo no es solo lo que ocasionó la brutal respuesta de la organización el domingo. “Puerto Vallarta es la joya de la corona de un control territorial marítimo que no hay que olvidar”, apunta Rossana Reguillo, antropóloga de Jalisco: “Es además un lugar estratégicamente ubicado, rodeado de montañas, inexpugnable”. En las sierras que vigilan desde arriba, “hay campos de adiestramiento, laboratorios y cultivos”, detalla David Coronado, sociólogo especializado de la Universidad de Guadalajara: “Todos dependen de Puerto Vallarta”. Tanto Coronado como la periodista Alejandra Guillén llevan años estudiando las desapariciones en Jalisco, y ambos afirman que Puerto Vallarta forma parte de un corredor, que empieza en la costa, atraviesa la región Valles y la capital, para llegar hasta los Altos de Jalisco, a Lagos de Moreno y Encarnación Díaz; es un corredor desaparecedor, muy vinculado al reclutamiento forzado.

Erick, Fernando, Luis, Jonathan, Filiberto

Se acaba la tarde en el árbol de la esperanza, en el centro de la plaza principal de Ixtapa. De sus ramitas cuelgan esferas con rostros, nombres y fechas. Es el de Erick Javier Placencia, el de Iván Jiménez, el de Leonardo Sandoval, el de Óscar Noe Medina... Se los llevaron entre el 2010 y el 2025, los 15 años del brutal control que el Cartel Jalisco ha impuesto en esta zona. Son sus historias el recuerdo de lo que supone vivir en los territorios arañados por el crimen organizado.

A Fernando Peña se lo llevaron el 2 de septiembre de 2023, junto a su moto, cuando volvía de comprar unos taquitos para su esposa y su hijo de un año. “El niño todavía lo llama, pregunta en su cumpleaños que cuándo llega el regalo de su papá”, dice entre lágrimas Lidia Fregoso, que busca a Fer frente a todos los que se apartaron porque era peligroso. En su colectivo, Una luz para nuestros desaparecidos, está también Marcela Mendoza, quien ha vencido el miedo para salir a peinar la tierra y para salir a cámara con un colgante con el rostro de su hijo, Luis Miguel Mendoza. Él era albañil, la última vez lo vieron en Puerto Vallarta en junio de 2019, después de estar trabajando en una construcción en la sierra, dejó seis hijos.

Jonathan Araiza era ladrillero, se mudó de Puerto Vallarta a Ixtapa con 18 años, y el 3 de septiembre de 2024 su madre Liliana Ibarra recibió un mensaje: “Se llevaron a su hijo, le recomiendo que no haga denuncie, que no haga nada”. Pero no funciona así el coraje de una madre. Fue la policía la que levantó a Filiberto Nolasco, de entonces 33 años, el 9 de marzo de 2024. Así lo reconocen los informes policiales, después de dos años de lucha de su esposa Susana Muñoz, que ha recibido en dos ocasiones fotos de él hincado, flaco y descuidado, con carteles de ayuda: “Yo lo voy a encontrar”.

La ola violenta del domingo no sorprendió a estas mujeres, que conocen bien los zarpazos del crimen en Vallarta. Pero también les abrió nuevos miedos: “Ya no hallaba dónde meterme. Me hace sentir que ahorita todos los niños están en peligro”, apunta Marcela Mendoza. En esas pocas palabras se esconde lo que todavía nadie sabe: cómo van a ser los reacomodos criminales del CJNG tras la muerte de su líder. “Nos da miedo que Vallarta se vuelva como Mazatlán”, apunta Guillermo, quien está pensando en volver a Guadalajara con su familia, en referencia al espejo de la guerra fratricida de Sinaloa.

Son cuatro los nombres fuertes que el Gobierno de Estados Unidos identifica en Puerto Vallarta: Carlos Andrés Rivera Varela, La Firma; Julio César Montero Pinzón, conocido como El Tarjetas o Moreno; Francisco Javier Gudino Haro, La Gallina, y Gónzalo Mendoza Gaytán, El Sapo. Estos dos últimos fueron señalados a EL PAÍS por un alto cargo de Seguridad del Gobierno mexicano como prioridades por su rango dentro del CJNG. Además, El Sapo es el nombre que han revelado los pocos supervivientes a campos de reclutamiento forzado como el encargado de obligar a los secuestrados a matarse entre ellos.

“La continuidad criminal de Puerto Vallarta pone en evidencia que no ha bastado con descabezar grupos, eso se hace desde los años 80, que si no se atienden las redes de protección, las redes de impunidad, nada va a cambiar”, señala Carlos Flores, investigador en Ciencias Políticas de CIESAS: “Porque los actores criminales han ido cambiando de rostros y de jefes pero el poder empresarial, político que los ha permitido, sigue”.

Ahora

Se nota que son turistas porque traen arena pegada en las plantas de los pies, short y playera de anclas a juego, sombreros grandes, la piel quemada. Caminan por el malecón de Puerto Vallarta y toman el sol en las tumbonas, son menos de los que deberían ser en esta temporada, pero todavía aguantan; algunos mencionan el susto, otros que después de años viniendo a Vallarta también les duele ver la ciudad así, muestran preocupación real por los mexicanos que viven aquí, se enfrentaron también a estadounidenses y canadienses que aprovecharon el caos para hacer rapiña alguna tienda. “¡Sentí vergüenza!“, relata Karen, que se hizo viral por enfrentarse a los saqueadores. Para una ciudad que vive del turismo, ellos son esenciales. “Ayer trabajé todo el día y solo hice dos viajes”, relata Andrés desde su taxi.

El Gobierno trata de aparentar normalidad: aquí llegó esta semana el gobernador Pablo Lemus para afianzar que todo se estaba recuperando, también arribó un barco con un centenar de marinos para unirse a las tareas de patrullaje. “Que no se preocupen porque anda aquí toda la Guardia Nacional, también los marinos, y mucha policía, y los helicópteros: vamos, todo normal”, insisten con una sonrisa artificial desde los vacíos puestos de Turismo. Pese al despliegue de seguridad, todavía faltan 17 de los reos fugados por ser arrestados. A las afueras de Vallarta, por El Colorado, encontraron a cinco y mataron a uno —durante un enfrentamiento—, mientras el director del penal era destituido. “Ahora sí que se nos acabó la temporada, porque uno que vive aquí tiene susto, imagínate ellos”, relata Bernhard Güth, chef del reconocido Trío Restaurante, después de tres décadas en la ciudad: “Pero Vallarta ha superado tantas cosas, ¿cómo no va a superar esto?“.

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