El núcleo duro de Morena impulsa la defensa de Sheinbaum hacia Cuba
La presidenta sale en defensa de la isla en una decisión que mezcla una larga tradición de solidaridad diplomática con las convicciones ideológicas del partido izquierdista
La defensa de México a favor de Cuba frente a la asfixia que ha impuesto Estados Unidos a la isla desde hace décadas, que Donald Trump ha profundizado recientemente, bien podría estar inscrita en los Estatutos de Morena, el partido en el Gobierno. La presidenta, Claudia Sheinbaum, ha elevado el caso de Cuba al nivel de una crisis humanitaria que requiere la urgente intervención de México como Estado, con la salvaguarda de evitar repercusiones para su propio país, dadas las presiones del Gobierno de Trump. La intervención de México tampoco cuestiona el espinoso tema de la represión política del castrismo en la isla y la falta de garantías democráticas, una preocupación de antaño de la izquierda regional. La elevada apuesta de Sheinbaum se ancla en una larga tradición de cooperación de México con La Habana, pero también abreva de la biografía política de la propia presidenta y de los valores de Morena, custodiados por el núcleo duro de ideólogos que marcan el rumbo del partido y del movimiento fundado por Andrés Manuel López Obrador.
El Gobierno de Sheinbaum se ha tenido que plegar a muchas de las exigencias de Trump tras su retorno a la Casa Blanca, hace poco más de un año. La reducción de la migración irregular y los duros golpes a los carteles del narcotráfico, en una cruzada particularmente aguda contra el fentanilo, se explican en ese marco. También las barreras impuestas por México al comercio con China, incómodo competidor global de Estados Unidos. En el caso de la cuestión cubana, sin embargo, Sheinbaum ha fijado un límite a las presiones de Washington, luego de que Trump anunciara castigos arancelarios a los países que vendan petróleo a la isla. México pausó los envíos de crudo, que se sustentaban en un acuerdo comercial con La Habana, pero ha proveído a la población con cargamentos de comida. Mientras, según ha dicho Sheinbaum, se busca la manera de reactivar la venta de petróleo a un grado que no implique afectaciones para México desde EE UU.
Los intelectuales morenistas, caracterizados también como “los duros” o “los puros”, niegan que la presidenta actúe en el caso cubano atendiendo a un libreto de postulados. “Creo que [ayudar a Cuba] no es una decisión personal: es una decisión de Estado y es correcta”, indica Rafael Barajas, director de la escuela de cuadros de Morena y uno de los principales ideólogos del partido. “Lo que la presidenta piense como ciudadana a partir de su formación pasará siempre a un segundo plano ante los intereses del Estado”, agrega. El Fisgón, como se conoce al caricaturista, sostiene que el apoyo a Cuba es coherente con la Doctrina Estrada, que guía la política exterior de México, resumida en el principio de no intervención en los asuntos de otros países y en el derecho a la autodeterminación de los pueblos.
Ni siquiera la intervención ilegal de Washington en Venezuela y el secuestro de su presidente, Nicolás Maduro, motivó una respuesta tan firme y persistente de parte de México. La crisis cubana es tan relevante que el Gobierno de Sheinbaum elevó la semana pasada un reclamo a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) luego de que una de sus integrantes, Rosa María Payá, abierta opositora del castrismo, visitara México de manera no oficial para participar en foros donde se criticó al régimen cubano y la situación de precariedad económica y persecución política. Para abonar a la incomodidad de Sheinbaum, Payá se reunió con personajes que se oponen a los Gobiernos de Morena.
Para El Fisgón, el embargo a la isla ―que ya cumple décadas― y la nueva asfixia ordenada por Washington responden a un criterio de avance imperialista de EE UU en la era de Trump, que ha revitalizado la Doctrina Monroe. En ese marco, indica, la intervención en Venezuela y el bloqueo a Cuba son avisos claros para México. “El gran rival a vencer el corolario Trump son los gobiernos progresistas de la región; se han ido uno por uno contra ellos”, incide. “Más de las dos terceras partes de los bloqueos económicos de los años recientes fueron perpetrados por Estados Unidos contra países independientes, y es para reforzar los intereses económicos de Washington”, añade.
Los intelectuales morenistas apelan a que México tiene “memoria histórica” dado su pasado de invasiones por parte de potencias extranjeras, de España a Francia hasta Estados Unidos. “Hay un Gobierno [EE UU] que está queriendo determinar cómo se debe gobernar otro país; ese es el problema principal, y en México tenemos un ADN nacional de resistencia que aplica para el caso cubano y para cualquier otro país, por la simple razón de que México ha padecido la intromisión extranjera y los intentos por decirnos cómo nos debemos gobernar”, refiere el escritor Pedro Miguel Arce, miembro del consejo directivo de la escuela de cuadros de Morena. “Hay un elemento de identidad nacional de resistencia”, resume.
Más allá de la posición estratégica en términos geopolíticos que representan Cuba y su defensa, de fondo están los lazos culturales que unen a los dos países latinoamericanos, mucho antes de Morena, incluso antes del PRI, que en sus décadas de dominio político de México procuró mucho la relación con la isla, porque “Cuba representaba, justamente, la defensa radical de la autodeterminación”, apunta Arce. En el ala dura de Morena se incluye a César Cravioto, actual secretario de Gobierno de Ciudad de México, en la gestión de la jefa capitalina, Clara Brugada. El exsenador, como El Fisgón y Arce, niega que exista una corriente dogmática que aconseje al oído a la mandataria, a la que, desde la oposición, se le suele subordinar a algún hombre o poder que actúa de director de orquesta: López Obrador, Trump, los intelectuales.
“Nuestra presidenta tiene una trayectoria de lucha desde que era estudiante, como académica y luego como servidora pública, siempre militando en proyectos de izquierda. Es importante su trayectoria, y es parte de lo que la define a ella y a muchos de los que estamos en el movimiento, y no nos avergüenza, todo lo contrario, lo decimos con mucho orgullo”, afirma Cravioto. El funcionario capitalino apunta que la decisión de Sheinbaum respecto de Cuba entrelaza la trayectoria de la presidenta y los postulados que rigen la política exterior mexicana. “No tiene que ver con un ala de un movimiento político, sino con la responsabilidad histórica de un Gobierno que siempre ha estado apoyando a pueblos que lo requieren”, indica.
La afirmación de Cravioto tiene matices. Desde tiempos de López Obrador, el Gobierno mexicano se metía más o menos en la política interior de otras naciones, caso de Perú, tras el derrocamiento y encarcelación del presidente Pedro Castillo, o el caso de Argentina, tras el triunfo del ultraderechista Javier Milei. Tratándose de Estados Unidos, México alzaba la voz en defensa de los migrantes o para equilibrar responsabilidades respecto de la epidemia compartida de narcotráfico y adicciones. La crisis cubana ha ameritado una respuesta contundente y homogénea dentro del oficialismo. “Es un escándalo que un Gobierno extranjero pretenda determinar cómo debe vivir su vida política y social otro país. Y el hecho de cuestionar [la ayuda de México] me parece una monstruosidad moral”, indica Arce.