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La hora y 50 minutos que Valeria sobrevivió dentro de la habitación 626

La joven, sonámbula desde los seis años, se despertó en un cuarto de hotel de San Luis Potosí con un hombre que no conocía y lesiones de violación. El acusado, Guillermo Baeza, es sobrino de uno de los hombres más ricos de México, fundador del Grupo Bafar. Los abogados de la víctima advierten de complicidades entre el denunciado y el Gobierno estatal

Valeria, de 28 años, víctima que denuncia agresión sexual.Mónica González Islas

A las 5.04 horas del 28 de septiembre de 2025, las cámaras del sexto piso del hotel Hyatt de San Luis Potosí captaron a Valeria salir de su habitación. Las imágenes muestran cómo la joven, de 28 años, toca en las puertas de varias habitaciones y después se queda parada en el pasillo. Cuando se regresa hacia la puerta de su propio cuarto, se abre otra, algo más alejada. Es la de la habitación 616. De ahí se había asomado en varias ocasiones la figura de un hombre. Le dice algo a Valeria y ella se dirige hacia allí. Después, entra. La puerta se cierra. Son las 5.07 de la madrugada. Una hora y 50 minutos más tarde, esas mismas cámaras graban cómo llegan con urgencia la gerente del hotel, el personal de seguridad y el novio de Valeria. Ella recuerda despertarse, oír cómo alguien mencionaba su nombre y darse cuenta de que no sabe ni dónde está ni quién es ese hombre en boxers que está dentro del cuarto. Está semidesnuda. Se tapa con una sábana y se va llorando a su habitación. Ahí se mira por primera vez al espejo y se da cuenta de que su ropa interior está del revés. “Fue cuando entré en pánico”, señala a EL PAÍS: “No conseguía hablar, solo lloraba. No sabía qué había pasado”.

Valeria fue diagnosticada con sonambulismo desde los seis años; en el estudio más reciente que se ha hecho aparecen pequeñas crisis epilépticas en las que ella no está consciente. Le pasan de forma recurrente. Nunca la habían puesto en peligro hasta que el 28 de septiembre entró en la habitación de Guillermo Baeza Prado, sobrino de Eugenio Baeza, fundador del imperio cárnico Grupo Bafar y uno de los hombres más ricos de México. El chico, de 27 años, también trabaja en esa compañía chihuahuense donde, además, es directivo su padre, Guillermo Baeza Faser. Valeria cuenta ahora con un dictamen médico —que señala lesiones sexuales— y uno psicológico —que registra estrés postraumático compatible con una agresión sexual— para enfrentarse a una de las familias más poderosas del país. Hasta el momento de esta publicación, ni el acusado ni el Grupo Bafar han contestado a las preguntas de este periódico.

El sonambulismo

Valeria es el nombre ficticio que ha elegido esta joven brasileña para contar su historia. Hace cinco años que llegó a vivir a Ciudad de México. Aquí conoció a su pareja y montó su propio negocio. Llevaba una vida muy tranquila, tenía planes de casarse y en el último tiempo lidiaba con una artritis que la había obligado a convivir con algunos dolores. Llegó a San Luis Potosí para celebrar con su pareja, Pedro (también nombre ficticio por seguridad), la boda de unos amigos. Lo pasaron bien, bebieron, bailaron, y a las cuatro de la mañana, pidieron un Uber de vuelta al hotel Hyatt, en el centro de San Luis Potosí. “Llegamos a la habitación, me quité el vestido, unas cosas que tenía en el pecho y me acosté”, narra Valeria: “Ya venía sin los zapatos”.

Su novio pidió una hamburguesa a la habitación, puso a cargar los celulares y se durmió. Un rato más tarde algo lo despertó. Se dio cuenta de que la joven no estaba en su cama. Se preocupó muy rápido. En estos años viviendo juntos, él la había visto levantarse y caminar por la casa, quedarse de pie en el pasillo o simplemente incorporarse y hablar. El sonambulismo —que tiene un factor hereditario— está considerada por los psiquiatras como una “condición en la cual la conciencia se encuentra suspendida y no existe capacidad de decisión ni control voluntario de los actos”. También una parte de la familia de Valeria lo tiene.

Pedro buscó por la habitación de hotel —“hasta por detrás de las cortinas”— y corriendo bajó a la recepción a pedir ayuda a las 6 de la mañana. Llamó a un amigo que estaba alojado en el mismo hotel para que lo apoyara en la búsqueda. Volvió a subir a la habitación y llegó por las escaleras de emergencia hasta el techo. No encontró a Valeria. Su amigo llamó a emergencias para poner un reporte por la desaparición de la joven. “Señores, necesito ver las cámaras, mi novia es sonámbula y necesito ayuda”, narra Pedro que exigió al personal del hotel. Eran las 6.20 de la mañana.

Las lesiones sexuales

El alojamiento tuvo que pedir autorización y los minutos pasaban. Finalmente bajaron al estacionamiento —que también revisaron— y en una caseta los pusieron frente a las grabaciones. En esas imágenes se ve la entrada de Valeria en una habitación que no es la suya. “Algo está pasando, necesito que vayamos a ese cuarto”, dijo Pedro. Se apresuraron hacia allí. La gerente del hotel iba primero. Rozando las siete de la mañana, entraron en el cuarto. Aquí vuelve Valeria: “Yo estaba en la cama pegada a la ventana, de espaldas. Oigo mi nombre. Después que la señora pregunta a la otra persona: ‘¿Por qué no llamaste a la recepción?’“. Baeza no contesta a eso, solo dice: ”No pasó nada, no hicimos nada, ella durmió en otra cama”. “Pero yo miro y veo que la otra cama está hecha”, cuenta Valeria.

Al sacar a su novia del cuarto y comprobar que llevaba su ropa interior al revés, Pedro sale a acusar a Baeza de violación. Los policías reciben el aviso a las 7.15 y llegan 15 minutos después al hotel. A las 8.30, junto con la gerente del hotel, forzaron la entrada de la habitación, porque Baeza no abría. Le pidieron que se vistiera y tres minutos más tarde formalizan su arresto. Los policías recogen en el informe que el acusado dice: “Abrí la puerta y le dije [a ella] que pasara que yo le ayudaba y dormimos en camas separadas”. Los agentes, al igual que Valeria, corroboraron que la otra cama de ese cuarto “estaba completamente tendida”.

Llevaron primero a Baeza a la sede del Ministerio Público en San Luis Potosí y después a Valeria y Pedro. Cuando la joven estaba dentro de las instalaciones contestando al primer peritaje psicológico, un “viejito” le pide a Pedro salir a hablar afuera. “Yo ni quería salir, porque no sabía a qué me estaba enfrentando. Ahí llegó otro señor diciendo: ‘Oye, te aviso que al que estás acusando tiene una reputación impecable’. Resulta que era su papá”, relata el joven ahora: “Nos amenazó. Nos dijo que nos iba a fregar”.

A las 13.15 Baeza quedó liberado. La ministerio público firmó su “liberación inmediata” al entender que su detención había sido “ilegal”, puesto que los agentes de la policía habían tardado un “tiempo excesivo” en ponerlo a disposición del ministerio público a las 12.40, cuando había sido arrestado cuatro horas antes. “No se encuentra justificado además que los policías realizaron la detención de Guillermo Baeza sin un señalamiento directo de la víctima”, escribe la agente. La defensa de Valeria señala que no contaron con que el arrestado fue llevado primero al juzgado cívico antes de la Fiscalía, por eso, la demora.

A esa hora Valeria apenas estaba siendo examinada. El peritaje médico de la Fiscalía encontró ese día cuatro laceraciones vaginales y dos anales recientes, todas ellas todavía con color rojizo. Halló otras antiguas. A la pregunta de la Fiscalía de cuándo fue su última relación sexual consentida, Valeria dice con claridad el 22 de septiembre, es decir, casi una semana antes. La joven no presentaba hematomas en el resto de su cuerpo y tampoco se halló líquido seminal. Cuando llegaron al hotel, destrozados, hacía horas que Baeza había salido —acompañado de su padre— con sus maletas del hotel. La habitación entonces todavía no había sido precintada. Cuando ya fue revisada, a las 18.52, los peritos de la Fiscalía no encontraron nada.

El estrés postraumático

Después del 28 de septiembre comenzó la segunda fase de la pesadilla. “La peor parte fue al llegar a mi casa. Yo solo sentía vacío. Solo quería dormir, no podía hacer nada. Estaba en el cuarto viendo el techo todo el día. No quería ver a gente, no quería hablar con nadie”, narra Valeria. No podía trabajar, tampoco se atrevía a contarle a su familia lo que le había sucedido. En un peritaje privado, elaborado el 28 de octubre, un mes más tarde de aquella noche, se lee sobre el estado de Valeria: “Insomnio, hipervigilancia, ansiedad persistente y somatización: náuseas, fatigas, pérdida de apetito. Muestra sentimientos de evitación reprimiendo procesos emocionales con la intencionalidad de no revivir un evento o proceso traumático”.

Durante todo este tiempo, Valeria ha estado tomando antidepresivos y trabajando con su terapeuta, especialmente por la culpa que sentía de no acordarse de lo que había sucedido dentro de esa habitación. El psiquiatra Andrés Barrera, especialista en trastornos del sueño, explica a EL PAÍS que no es posible para las personas sonámbulas recordar los eventos. “Son conductas no deseadas que ocurren durante la transición de la vigilia al sueño”, describe el investigador de la Clínica de Trastorno del Sueño de la UNAM: “El sonambulismo es un despertar que ocurre en la fase del sueño profundo y se manifiesta en un estado alterado de la consciencia. La persona no está consciente o no recuerda que se levantó estando dormida”. Algunas personas sonámbulas, señala Barrera, deambulan, ingieren alimentos, abren puertas e incluso pueden llegar a conducir.

El perito forense que analizó a Valeria el 28 de octubre añade al sonambulismo un trastorno de estrés postraumático: “Las fragmentaciones y vacíos amnésicos se explican clínicamente como fenómenos propios de la memoria traumática. No deben interpretarse como falsedad o contradicción, sino como un correlato clínico esperado tras un evento de agresión sexual, por relaciones con un proceso traumático que se retrata sobre el proceso corporal”.

El consentimiento

La defensa de Guillermo Baeza está a cargo del despacho Torsa Abogados, del que es fundador e integrante el secretario de Gobierno de San Luis Potosí, Guadalupe Torres Sánchez. A su vez, la esposa del funcionario, Xitlálic Sánchez, es la vicefiscal jurídica del Ministerio Público de San Luis Potosí. También su hermana, Silvia Torres Sánchez, quien estuvo antes con él en el despacho, es magistrada del Supremo Tribunal de Justicia del Estado desde septiembre de 2025. Este vínculo con el poder siempre ha preocupado a los asesores jurídicos de Valeria. Especialmente después de conocer que el Ministerio Público ha decretado el “no ejercicio de la acción penal” contra Baeza. Ese desestimiento es lo que lleva solicitando la defensa del acusado desde el 11 de diciembre: “No existe un dato de prueba que señale un hecho que la ley castigue como delito y mucho menos que mi representado haya participado en ese hecho”.

Sobre las cámaras, la ropa interior del revés o las lesiones sexuales, la defensa apunta que Valeria entró sin ejercicio de la violencia en la habitación 616, que al ir en “estado de ebriedad ella pudo colocárselas [las bragas] de manera errónea” y que también “es muy probable que las huellas de penetración reciente se deban a la relación sexual que tuvo en fecha 22 de septiembre”. Además, la defensa señala como clave el dictamen químico forense que “no encuentra líquido seminal ni células espermáticas”: “Ante tal situación es claro que al día de hoy no tenemos un hecho de índole sexual”, escribe el abogado Mauro Lara.

Sin embargo, según el Código Penal mexicano y también el de San Luis Potosí, no se necesita de eyaculación para considerarse una agresión sexual, tampoco la violencia. En el artículo 266 en el federal y en el 173 en el estatal se recoge como violación “al que sin violencia realice cópula con persona que no tenga la capacidad de comprender el significado del hecho o por cualquier causa no pueda resistirlo”. Ahí entra, según los psiquiatras, el sonambulismo: “Se concluye que la víctima no se encontraba en condiciones neuropsicológicas de otorgar consentimiento alguno, ya que cursaba un episodio de parasomnia no REM, situación que imposibilita la consciencia del acto, la voluntad y la autodeterminación corporal”, apuntó el perito privado que analizó a Valeria.

Los abogados de Baeza insisten en que en un delito de violación “el dicho de la víctima es crucial, pero en este caso la propia víctima dice no recordar lo sucedido”. Sin embargo, los psiquiatras afirman: “Durante el sonambulismo existe actividad motora sin vigilia consciente y amnesia total del episodio”. La Fiscalía de San Luis Potosí ha obviado en su resolución la condición sonámbula de Valeria y ha aducido que ella entró “sin coerción” en la habitación 616 y que al no presentar lesiones externas (y los desgarros anales y vaginales pudieron haber sido de días antes de su relación consensuada), no se acredita la circunstancia de privación ilegal de la libertad ni de violación.

En estos cinco meses de espera, tanto Valeria como Pedro han temido por su seguridad. Por un lado, la Fiscalía entregó su información personal a la defensa, por lo que el acusado y su familia conocen su domicilio y su número telefónico. Además, Guillermo Baeza Fares, padre del imputado, ha vigilado en redes sociales tanto a la víctima como a su pareja, según ha podido comprobar este periódico.

“Yo sé que no fue mi culpa, ya trabajé mucho eso, pero me da mucha vergüenza que haya pasado”, relata Valeria: “Y luego me pregunto por qué, ¿por qué conmigo?“. A lo que Pedro añade: ”Estamos hablando de una de las familias más poderosas y ricas de México, que también traen al Gobierno de San Luis Potosí ahí metido. Entonces, ¿cómo podemos combatir eso?“.

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