Daniela Tarazona: “Todos estamos perseguidos por una maquinaria feroz de producción”
La escritora mexicana, que ganó el premio Sor Juana en 2022, publica ‘Corazón habitante’, una novela sobre el asombro y la búsqueda, lo humano y lo animal
William Harvey averiguó cómo funcionaba el circuito del corazón y lo plasmó en un tratado, que llamó Motu Cordis, en 1628. Hace 15 años que la escritora Daniela Tarazona lo encontró en una venta de saldos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y se obcecó con ese médico inglés que, obsesionado con entender el cuerpo, dedicó su obra al rey. De esa cadena de causalidades imprevisibles nació, como nace todo, la novela El corazón habitante (Almadía, 2025): Harvey es ahora un personaje y Tarazona su recreadora. Los acompañan el asombro inagotable de una mujer prehistóric...
William Harvey averiguó cómo funcionaba el circuito del corazón y lo plasmó en un tratado, que llamó Motu Cordis, en 1628. Hace 15 años que la escritora Daniela Tarazona lo encontró en una venta de saldos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y se obcecó con ese médico inglés que, obsesionado con entender el cuerpo, dedicó su obra al rey. De esa cadena de causalidades imprevisibles nació, como nace todo, la novela El corazón habitante (Almadía, 2025): Harvey es ahora un personaje y Tarazona su recreadora. Los acompañan el asombro inagotable de una mujer prehistórica y la nostalgia por la vida que fue de un astronauta mientras da vueltas a la Tierra. “Para mí escribir siempre ha sido escaparme del mundo, leer también. Y aquí mi intención fue reflejar la posibilidad de que no me van a atrapar: estos personajes no se pueden atrapar, aunque quieran que sigamos una serie de patrones, escapan, como escapamos todos", relata la escritora mexicana.
Daniela Tarazona (Ciudad de México, 50 años), que ganó el premio Sor Juana en 2022, ha trabajado de coordinadora editorial en museos, de redactora jefa en revistas de viajes y suplementos literarios, en la Secretaría de Cultura buscando a jóvenes escritores tierra adentro. “Siempre he tenido un trabajo de oficina, entonces acomodaba la escritura entre esos tiempos”, cuenta. Eso le permitía encapsular el oficio en una realidad paralela. “La escritura tiene un lugar para mí en el que no participa en toda esta necesidad de responder a lo que se supone que tendría que escribir”, narra: “A mí me interesa mucho quebrantar esa insistencia en que seamos todos de una manera, en que respondamos de una manera automática, establecida, rigurosa”.
Así, El corazón habitante desorienta; cuando parece que se acompaña cronológicamente a una mujer que descubre la lluvia, a un médico que abre cuerpos vivos para palpar el corazón y a un cosmonauta que añora caminar, aparece un nuevo explorador y los días se mezclan y los pensamientos recirculan, ¿se fue el hombre de la cueva o regresó? ¿El delirio continúa o ya cesó? ¿Sigue dentro de la nave o ya salió? “Sabes que las cosas ya no son, de ningún modo, cómo han sido. El significado de las palabras y los números es otro. Intentaste escribirlo en tu bitácora sin revelar el secreto, porque te asustó: cualquier señal contraria al orden, incluso el propio texto que te ocupaba, la suma de palabras podía alterar el devenir del universo. Te referías a los hechos circulares e incesantes”, escribe Tarazona.
Esta mezcla de tiempos “refleja una intención de mostrar cómo el presente en el que estamos también es una potencia de lo que fuimos y que está marcando ciertas posibilidades futuras”, explica ahora la escritora. “Supongo que todo esto tiene mucho que ver con la identidad: ¿quién soy? ¿Quién fui? ¿Quién voy a ser? ¿Lo que recordamos de nosotros es lo que somos ahora o es lo que seremos después? Ese oleaje de la existencia", apunta. Tarazona describe ahí una memoria ligada al lenguaje y a la transmisión de los afectos, a la herencia emocional: “Yo te miro a ti y sé que tu mirada es la mirada de muchas ancestras y ancestros”.
Tarazona terminó de escribir esta novela en Madrid, al otro lado del océano donde empezó. “El libro me va acompañando mucho tiempo, porque me tardo mucho en escribir, a pesar de que sean breves. Entonces es una lectura mía del mundo, desde 2016 hasta ahora”, relata. La autora vive desde hace tres años en la capital española desde donde indaga sobre la historia de su familia —un abuelo vinculado a la República española y un padre que nació en el precipicio de la guerra civil—, pero esta entrevista tiene lugar a unos pasos de la casa de su infancia, en Coyoacán, al sur de Ciudad de México, antes de que parta hacia la FIL Guadalajara.
La escritora apunta que tiene el libro familiar ya “muy avanzado en cantidad de páginas”, pero que luego falta el toque final: recortarlo. Tarazona hace libros breves —El corazón habitante tiene 120 páginas— con varios propósitos: “Me gusta compactar, las descripciones cortas”, dice primero. “No me interesa hacer una escritura lineal, también porque siento que para eso yo no sería buena, no sabría cómo manejar esos engranajes. Me gusta ser consecuente con lo que creo que me sale mejor, que es ir quebrantando todo el tiempo, haciendo un texto más fragmentario”, dice de segundo. “También creo que en este mundo cada vez es más difícil darse tiempo para leer, ¿no?“, dice finalmente.
En la última encuesta del Inegi se revela que el promedio de lectura en México es de una hora al día y la mayoría logra leer libros una vez a la semana. “Estamos todos siendo perseguidos por una maquinaria feroz de producción y ahí hay poco espacio para leer, entonces yo he querido entregar textos que no necesiten mucho tiempo extendido, sino que sean como un recogimiento, una convivencia sustancial”, apunta la autora mexicana: “Cuando uno lee un libro es un encuentro de dos interiores, que me parece maravilloso, porque son un poco intocables”.