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El PSOE enfoca las elecciones andaluzas como unos comicios generales

Sánchez y Montero no ocultan, sino que exhiben la gestión del Gobierno

La candidata a la Presidencia de la Junta de Andalucía y secretaria general del PSOE-A, María Jesús Montero, interviene durante un encuentro sobre igualdad en Sevilla, este sábado.Rocío Ruz (Europa Press)

Cuando no hay nada que perder, se puede arriesgar. Esta actitud es la que exhibe la dirección federal del PSOE en plena complicidad con sus compañeros de Andalucía, la comunidad más poblada, que celebra sus elecciones autonómicas el día 17. La campaña va a ser más nacional que nunca; Pedro Sánchez no resta ni perturba en absoluto a la candidata, María Jesús Montero. Todo lo contrario, según interlocutores socialistas. Cuando todas las encuestas solo titube...

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Cuando no hay nada que perder, se puede arriesgar. Esta actitud es la que exhibe la dirección federal del PSOE en plena complicidad con sus compañeros de Andalucía, la comunidad más poblada, que celebra sus elecciones autonómicas el día 17. La campaña va a ser más nacional que nunca; Pedro Sánchez no resta ni perturba en absoluto a la candidata, María Jesús Montero. Todo lo contrario, según interlocutores socialistas. Cuando todas las encuestas solo titubean respecto a si el PP llegará a la mayoría absoluta o se quedará por debajo, los socialistas aspiran a que su electorado andaluz muestre la misma actitud que en las elecciones generales. El popular Juan Manuel Moreno les saca una sólida ventaja, reconocen, pero no habrá huelga de brazos caídos, se empeñan en transmitir los dirigentes cercanos al presidente y a la candidata Montero. En las generales de julio de 2023, con Pedro Sánchez como aspirante a la Presidencia del Gobierno, las candidaturas socialistas obtuvieron en Andalucía 576.000 votos más que los obtenidos en junio de 2022 en las autonómicas.

En Andalucía, la apuesta estaba decidida. María Jesús Montero, vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, era consciente de los riesgos de su candidatura, decidida por Pedro Sánchez y aceptada por ella con todas las consecuencias. Como miembro del máximo nivel del Gobierno, Montero tiene en estas elecciones el desafío de atraer y sacar de la abstención a los potenciales votantes socialistas que no se han sentido concernidos con las llamadas del PSOE en Andalucía desde 2018, y con más rotundidad en 2022.

La ayuda desde La Moncloa a Montero ha sido muy evidente. Se ha hecho todo lo posible por esquivar los argumentos que sitúan a la ministra de Hacienda como artífice de beneficios singulares para Cataluña, supuestamente en detrimento y perjuicio de Andalucía. El acuerdo de financiación autonómica para Cataluña entre el Gobierno central y el Ejecutivo catalán, del mismo color político, pero pactado con ERC, aún no se ha plasmado. Además, sigue lejos la posibilidad de que se conceda a Cataluña la capacidad de gestionar el 100% del IRPF. Se está en el no. Las elecciones andaluzas se celebrarán, y no habrá fecha para la financiación singular de Cataluña ni cambio de modelo para toda España por el rechazo de las comunidades del PP a aceptar la propuesta del Gobierno con miles de millones más de lo que ahora reciben. Solo el presidente valenciano, Juanfran Pérez Llorca, confía en que sus compañeros del PP cumplan su compromiso de que él sí pueda negociar y aceptar las ofertas del Gobierno central, dadas las necesidades perentorias de la Comunidad Valenciana por los destrozos de la dana de 2024.

Montero contará durante esta campaña sus intentos de mejorar la financiación para todos y no esconderá lo que ha sido y ha hecho desde el Consejo de Ministros. Es más, sacará pecho por una agenda gubernamental de la que fue una pieza esencial. Pedro Sánchez, por su parte, no se quitará en Andalucía la capa de presidente, en la creencia de que los ciudadanos de izquierda le escucharán.

El PSOE es consciente de la fragilidad en la que entró en 2018, cuando esta aún no podía achacarse a la gestión de Pedro Sánchez. Hace ocho años, el PSOE ganó las elecciones andaluzas con Susana Díaz como candidata, y aún en la presidencia de la Junta de Andalucía. Esa misma noche los socialistas supieron que llegaba el fin de sus décadas de gobierno. El PP, con el peor resultado de su historia, 26 escaños frente a los 33 de las elecciones anteriores, sumaba con Ciudadanos y el apoyo externo de Vox una mayoría holgada. El vendaval para los socialistas no hacía más que empezar. En 2022, con Juan Espadas como candidato tras ganar a Susana Díaz las primarias internas, el PSOE retrocedió tres escaños y se quedó en sus actuales 33 parlamentarios. Por contraste, el candidato popular, Moreno Bonilla, se tomó la revancha de su escuálido resultado anterior y ganó por mayoría absoluta: 58 escaños. Su primacía es indudable, aunque la felicidad del PP andaluz no fue absoluta tras los resultados en la comunidad en las elecciones generales de 2023: tan solo 130.000 votos más que el PSOE.

Lograr un resultado parecido al de esas generales es la aspiración de los socialistas ante las previsiones de que aún pueden bajar con relación al 2022. No habrá ni una palabra en contra de las otras candidaturas de izquierda, y mucho menos de la que encabeza Antonio Maíllo, coordinador general de IU, en Por Andalucía. Sin embargo, en el discurso de Pedro Sánchez rezuma la llamada a concentrar el voto en el PSOE.

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