Crítica:ALMERÍA | LA LIDIA

Hermoso de Mendoza arrasó

Pablo Hermoso de Mendoza está entrando en la dimensión de mito: comienza la ceremonia cuando el aficionado se acerca al camión para ver los caballos; allí trata de identificarlos reverencialmente, como los grandes actores de un ritual. Se susurra la admiración, casi se rezan los nombres en un mantra y se evoca a Cagancho, que no está para muchos trotes estos días, siendo ayer sustituido en el núcleo central de la faena por Albayzín, sobre el que recayó la misión de sacar al manso de tablas, lo que hacía metiéndose por los adentros y saliendo a dos pistas, llevando al toro prendid...

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Pablo Hermoso de Mendoza está entrando en la dimensión de mito: comienza la ceremonia cuando el aficionado se acerca al camión para ver los caballos; allí trata de identificarlos reverencialmente, como los grandes actores de un ritual. Se susurra la admiración, casi se rezan los nombres en un mantra y se evoca a Cagancho, que no está para muchos trotes estos días, siendo ayer sustituido en el núcleo central de la faena por Albayzín, sobre el que recayó la misión de sacar al manso de tablas, lo que hacía metiéndose por los adentros y saliendo a dos pistas, llevando al toro prendido, ofreciendo generosamente su anatomía como muleta hasta llegar a sufrir derrotes.

Cada día torea más y mejor y cada día el navarro asombra un grado más. Con Mariachi se tumbó sobre el toro en alarde de cercanía a base de banderillas cortas y adornos. Terminó cambiándole las querencias al toro, que fue desde las tablas hasta el centro del ruedo donde murió.

Zalduendo / Hermoso, Ponce, Califa, Castaño

Un toro de Murube, arreglado para rejones, manso, y seis de Zalduendo, desiguales de presentación, difíciles 1º y 4º. Pablo Hermoso de Mendoza: rejón trasero caído (dos orejas). Enrique Ponce: estocada trasera y contraria (ovación y saludos); media estocada (ovación y saludos con algunos pitos). José Pacheco, El Califa: estocada baja (oreja); estocada (oreja). Javier Castaño: media desprendida, descabello (oreja); pinchazo, estocada, dos descabellos (ovación y saludos). Plaza de Almería, 20 de agosto, 2ª de abono. Tres cuartos de entrada.

El comportamiento animal había de continuar siendo materia de asombro: no era creíble el tercer toro, castaño bociblanco recogido de atrás, que se dejaba hacer de todo; permitía que el torero, a un dedo de los pitones, le marcara la salida por un lado o por otro, gesto que el toro seguía al pie de la letra. Y no es que estuviera dominado, sino que era así, a pesar de que Javier Castaño lo había toreado de largo siempre hacia afuera, desplegando trapo y destemplando; a pesar de Castaño, el toro se toreaba solo. En el sexto empezó a buen nivel para ir bajando el diapasón, no se sabe si por agotamiento del toro o del matador, que, al final, se colocó muy cerca para calentar el ambiente.

El segundo fue bravo y El Califa sacó buenas series sobre ambas manos con algunos remates de pecho espléndidos. En el quinto, El Califa completó una labor de menos a más, algo intermitente y mejor con la diestra, que llegó con fuerza a los tendidos.

Abrió plaza un ejemplar zancudo, fino de estampa y anovillado, mansote de condición, de corta arrancada, reservón y listo, sin un pase por el izquierdo y punteando por el derecho. Ponce estuvo firme y capaz, sacándole algo más de lo poco que tenía. El cuarto también estaba fuera de tipo y sin fuerzas, llegando parado al último tercio: Ponce llegó a taparle los defectos, pero estuvo lejos de una labor lucida.