Los 10 lugares favoritos de… José Maza, astrónomo: “En la Confitería Torres, siendo universitario, como a la segunda cerveza tiraba la esponja”

El académico y Premio Nacional de Ciencias Exactas 1999 habla de su época escolar en el INBA, de su barrio actual –cerca de la casa de Allende de Tomás Moro- y de su centro de trabajo por 55 años: el cerro Calán

José Maza y el Observatorio Nacional de Astronomía.Cristóbal Venegas

INBA. Llegué de Parral el año 59, de interno en el Internado Nacional Barros Arana, el INBA. Era el mejor colegio de Chile. Los del Instituto Nacional decían que eran ellos, pero estábamos siempre entre el uno y el dos, peleando el primer lugar. Mi colegio tenía un predio muy grande, eran más de 10 hectáreas. Había tres grandes patios, un pabellón de dibujo, otro de trabajos manuales, piscina temperada, dos canchas de fútbol, dos canchas de tenis de ladrillo molido, otra de cemento. Una biblioteca enorme, un laboratorio que era casi un museo de biología. Había un pabellón de historia con unos 100 mapas. Era un lugar precioso. El INBA me cambió la vida. Sin el INBA no hubiera entrado nunca a la Escuela de Ingeniería de la Universidad de Chile. Fue en el INBA donde me fui interiorizando de la carrera espacial, de Yuri Gagarin, de los astronautas. En las noches veíamos pasar un satélite y era un griterío en los patios a las ocho y media, nueve de la noche, cuando íbamos a los dormitorios. (Santo Domingo 3535)

El observatorio de nacional de astronomía, en Santiago. Cristobal Venegas

Quinta Normal. Yo al internado debía llegar el domingo a las nueve de la noche y salíamos el sábado en la mañana. Cruzábamos por la Quinta Normal, en patota. Mirábamos los botecitos de la laguna. Había un trencito, el museo de Ciencias Naturales, imponente. Luego salíamos a la calle Compañía a tomar el trolley. El parque me trae recuerdos muy profundos. Para nosotros era una especie de paso a la libertad que, con los años, fuimos descubriendo de poquito a poco. (Avenida Matucana 520, entre Portales y Santo Domingo)

Plaza de Armas. Me bajaba del trolley en la Plaza de Armas. Un tío mío vivía en la calle Puente, a un costado del Correo. Ahí dormía los sábados por la noche. Caminaba por la plaza y sus alrededores. Iba a los juegos Diana, que estaban entre Ahumada y Estado, donde ahora está el edificio hexagonal. Había libros baratos de segunda mano. Como no tenía plata para dispararle a los patitos, miraba cómo los otros le disparaban y luego me ponía a hojear libros. La Plaza de Armas fue un eje que recorrí mucho. (entre las calles Merced, Ahumada, Monjitas y Estado)

Cerro Santa Lucía. El primer año en Santiago estuve con otro tío que vivía en un departamento de calle Máximo Humbser, muy pequeñita, que va de Miraflores a Santa Lucía, entre Huérfanos y Agustinas. Entonces, llegaba allá, y estaba al lado del cerro Santa Lucía. A veces me quedaba solo y, en vez de estar encerrado, me iba a caminar por el cerro en la tarde antes de que se oscureciera. Era muy bonito llegar a la zona del Castillo Hidalgo. Recorrí el cerro entero, subiendo y bajando por distintos lados. Parece muy grande, pero si uno lo mira en un plano, no es tan grande. Es un lugar al que me encantaba ir: como venía de Parral, el campo, ver árboles y pájaros era algo que me dejaba contento. (Avenida Libertador Bernardo O’Higgins 451)

Campus Beauchef. Entré luego a la escuela de Ingeniería de la Universidad de Chile, en Beauchef con Blanco Encalada. Fui estudiante ahí entre 1964 y 1969 y luego hice clases desde el año 70. Hice clases de historia a la astronomía como 40 años, desde el 79 al 2016, los dos semestres. Las distintas salas, los distintos ángulos. Llego a la escuela y mi cabeza empieza a trabajar de los miles de recuerdos que están en mi cabeza. El edificio, de los años 20, es muy bonito. Y enfrente, en Beauchef 851, hicieron un edificio nuevo, fantástico, donde terminé haciendo clases los últimos años, en el piso -1. Para mí, la Escuela de Ingeniería es una de las constantes en mi vida. (Beaucheff 850)

Parque O’Higgins. Como alumno de ingeniería, fui descubriendo de poco en poco lo que en esa época se llamaba Parque Cousiño, hoy Parque O’higgins. Era como el patio, la parte forestal, de la escuela, que es de mucho cemento. El parque, que está al lado, es un lugar muy icónico para mí, sobre todo la parte norte, donde hoy día está Fantasilandia. Le doy un espacio en mi corazón. He vuelto, sí, a la cúpula, donde di una charla de astronomía como telonero de unos conjuntos de rock, una cosa bien rara. La última vez que estuve en el parque fue para ver a Serrat en el Movistar Arena. (Avenida Viel, entre Tupper y Rondizzoni)

Plaza del Palacio Cousiño. Mientras estaba en la universidad, viví en una residencia en calle Rosales, entre Dieciocho y San Ignacio. A cuatro cuadras de Alameda y a cuatro de Blanco Encalada. Y pasaba todos los días frente al Palacio Cousiño, que en la parte sur tiene una plaza. Hoy está integrada al palacio, pero antes era abierta. Recuerdo haber estudiado muchas materias en esta hermosa plaza, sobre todo las que había que leer, no con lápiz en mano. Es una plaza preciosa, con toda clase de árboles, que hizo la familia Cousiño. Pasaba ahí al ir y volver de la Escuela de Ingeniería. (Dieciocho 438)

Plaza del Palacio Cousiño, en Chile.CMN

Confitería Torres. Como no teníamos televisor en esta época en la residencia universitaria, la televisión estaba incipiente en Chile, los días viernes o sábado en la noche armábamos una fiestoca de alguna especie en el mismo pensionado o salíamos e íbamos a la Confitería Torres, caminando por Dieciocho. Llegábamos en grupo, de 10, 12 estudiantes, a tomar cerveza. Yo con la segunda cerveza tiraba la esponja. Nunca fui muy cervecero. Además, era re joven. Tenía 16 años años cuando entré a la escuela. Ahí aprendí a consumir alcohol, porque yo no consumía alcohol. Pero ir al Torres con todo el grupo, son grandes recuerdos. He vuelto muchas veces y miro qué es lo que queda de lo que había y qué queda en mis recuerdos de la Confitería Torres del Santiago antiguo. (Av. Libertador Bernardo O’higgins 1570)

Cerro Calán. Es, probablemente, el lugar más importante. Estuve contratado en Calán 55 años con ocho meses. Es un cerro de la comuna de Las Condes donde funciona el Observatorio Astronómico Nacional, que tiene una data de 1852 y se fundó, al comienzo, en el cerro Santa Lucía. Y entre 1958 y 1961 se trasladó al cerro Calán, donde funciona el Departamento de Astronomía de la Universidad de Chile. Tuve en Calán una oficina y venía a este lugar todos los días a trabajar. Aquí, donde hay instrumentos muy antiguos, hay un telescopio francés. Cuando en 1980 hubo una supernova muy importante, se podía fotografiar con este telescopio. Vine muchas noches y tomé fotografías con este aparato. Años después, con Mario Hamuy, hice fotometrías de iris y un paper con la curva de luz de este supernova. Ese telescopio, que está en Calán, tiene un significado diferente para mí (Camino del Observatorio 1515, Las Condes)

La casa de Allende de Tomás Moro. Vivo a dos cuadras de la que fue la casa de Salvador Allende en Tomás Moro. Paso siempre por ahí. No es la casa que estaba en disputa, la de Guardia Vieja, sino la que vivió al final. No sé por qué este lugar nadie lo ha recuperado. En la entrada hay un escudo de Chile hecho de piedra, precioso, que durante la dictadura pintaron con pintura blanca. Cuando llegó la democracia, lo único que he visto que han hecho es que limpiaron la piedra con vapor. Me emociona cada vez que paso ahí me emociono al pensar en que esta casa estuvo Allende y que desde esta casa salió la mañana del 11 de septiembre con los amigos personales, del GAP, en una flota de Fiat 125. Muchas veces salgo a caminar —unos 3.000 pasos diarios— y en mi circuito paso por la que fue la residencia del presidente. He vivido en este barrio durante 40 años (Tomás Moro 200, Las Condes)








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