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Bukele, cercano a Trump, aprovecha el respaldo chino para reforzar su proyecto político

El mandatario salvadoreño ha aceptado donaciones millonarias para proyectos emblemáticos de parte de China mientras refuerza su alianza con Washington

Nayib Bukele en El Salvador, el 19 de enero.Javier Aparicio (EFE)

El presidente salvadoreño, Nayib Bukele, ha convertido su política exterior en un juego de equilibrios entre dos grandes potencias. En marzo de 2019, antes de asumir el cargo, viajó a Washington y despreció a China: “Ellos no juegan con las reglas. No son una democracia, pero se meten en tu democracia”, dijo en inglés ante un auditorio conservador. Seis meses desp...

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El presidente salvadoreño, Nayib Bukele, ha convertido su política exterior en un juego de equilibrios entre dos grandes potencias. En marzo de 2019, antes de asumir el cargo, viajó a Washington y despreció a China: “Ellos no juegan con las reglas. No son una democracia, pero se meten en tu democracia”, dijo en inglés ante un auditorio conservador. Seis meses después, ya instalado en la presidencia, celebraba un acuerdo con una “nación hermana”: más de 500 millones de dólares en cooperación no reembolsable de Pekín para proyectos de infraestructura que reforzarían su popularidad.

Siete años más tarde, en marzo de 2026, Bukele asistirá a un congreso antichino invitado por Donald Trump, a quien considera su aliado más cercano. Como un camaleón, el mandatario ha sabido cambiar de color más por conveniencia que por ideología, aseguran analistas. “Bukele, como todos los presidentes de Latinoamérica, está tratando de navegar tiempos difíciles: por un lado, necesita mantener relaciones comerciales, políticas y de seguridad con Estados Unidos y, por el otro, con China, un potencial inversionista”, dice Margaret Myers, asesora senior de Diálogo Interamericano.

La relación diplomática entre San Salvador y Pekín era incipiente cuando Bukele visitó Washington en 2019. Apenas unos meses antes, en agosto de 2018, el expresidente Salvador Sánchez Cerén había roto con Taiwán para establecer vínculos oficiales con la República Popular China. Bukele cuestionó entonces esa decisión, alertando sobre “trampas de deuda” y pérdida de soberanía. Pero pronto cambió de tono: en diciembre de 2019 viajó a Pekín acompañado de su hermano y asesor Karim Bukele, y selló un acuerdo de 500 millones de dólares para levantar la Biblioteca Nacional, un gigantesco edificio que sirve como atractivo turístico en el centro de San Salvador, y un estadio que promete ser el mayor de Centroamérica.

La embajadora china en El Salvador, Ou Jianhong, agradeció públicamente la mediación de Karim Bukele, al que atribuyó el éxito de la visita. Paradójicamente, meses antes ni siquiera había sido invitada a la toma de posesión presidencial.

Las inversiones chinas en El Salvador siguen siendo limitadas: apenas un 5% de la inversión extranjera directa entre 2018 y 2021, según el FMI. Lo que sí ha crecido es la importación de productos chinos, especialmente en el sector automotor, donde Pekín ya supera a Estados Unidos, Japón y México, tradicionalmente los principales proveedores del país, luego de aumentar sus ventas en un 400% respecto a los niveles de 2016.

Los expertos afirman que algo similar ha ocurrido con los demás países de Centroamérica, que buscan inversión permanente de parte de China. “China tiene una gran necesidad de exportar por la capacidad excesiva que tiene de producir. En ese sentido, por pequeño que sea un país, nunca lo verá como un cliente al cual despreciar”, dijo Myers.

Entre 2019 y 2024, el Ejecutivo de Bukele ha tenido tres reuniones con representantes del Gobierno de Xi Jinping para lograr un Tratado de Libre Comercio, lo que generaría las condiciones para que China establezca, por ejemplo, fábricas en El Salvador; sin embargo, el acuerdo todavía no ha logrado concretarse. Durante la pandemia de la covid-19, China donó a El Salvador más de seis millones de vacunas Sinovac. Bukele agradeció públicamente a Xi. La Embajada de China anunció en enero la donación de 344.000 computadoras y tablets para estudiantes salvadoreños. “Queremos trabajar conjuntos para profundizar la cooperación educativa”, escribió la institución desde su cuenta en X.

Bukele ha utilizado la relación con China como contrapeso frente a Washington. Durante la primera presidencia de Trump cultivó una estrecha cercanía con la Casa Blanca. Pero con la llegada de Joe Biden, el Departamento de Estado incluyó a funcionarios cercanos a Bukele en listas de corrupción y las relaciones se enfriaron. El mandatario salvadoreño giró entonces hacia Pekín.

El Salvador ofrece a China sus pocos recursos naturales. Bukele eliminó en diciembre de 2024 la prohibición de la minería metálica en El Salvador en medio de un rechazo generalizado de la población. Habitantes de la comunidad Santa Marta, una de las localidades con mayor potencial minero en el país, han denunciado movimientos de empresas chinas en el lugar. Esa información no ha sido confirmada por entidades oficiales.

De acuerdo con Nestor Hernández, el director salvadoreño del Instituto Confucio, la instancia que promueve la cultura, el idioma y las tradiciones chinas en El Salvador, “China no busca desplazar a Estados Unidos en sus relaciones con El Salvador, busca hacer comercio. No busca tener una presencia cultural como la tiene Estados Unidos o algo por el estilo”.

Conveniencia como regla

Con el regreso de Trump a la Casa Blanca, Bukele ha recuperado la sintonía con Washington. La renovada cercanía ha coincidido con un debilitamiento de investigaciones impulsadas por la Fiscalía estadounidense, en las que miembros de la MS-13 bajo custodia en ese país podrían aportar información sobre sus pactos con el Gobierno salvadoreño. Al mismo tiempo, la cooperación china continúa —biblioteca, estadio, donaciones de equipos escolares—, pero el presidente salvadoreño se alinea ahora con la agenda de Trump, incluso ofreciendo su país como extensión del sistema penitenciario estadounidense. Washington ha enviado al país centroamericano a decenas de personas detenidas por las redadas antinmigrantes.

El líder que en 2019 advertía que China “no cumple las reglas” opera hoy en una zona gris donde la regla principal es la conveniencia. Como resume Myers, “los países latinoamericanos deben pensar con más cuidado sus relaciones con China. Si cooperan en temas sensibles para Estados Unidos, como la seguridad, la reacción puede ser fuerte. Pero China tampoco sabe muy bien cómo proteger las inversiones que ya ha hecho. La tensión está servida”.

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