Tras los pasos de Mutis
La directora del Real Jardín Botánico reconstruye el viaje que emprendió, junto a un equipo técnico científico, para seguir los pasos de José Celestino Mutis en Mariquita, Ibagué y Bogotá
La experiencia fue, sencillamente, maravillosa, y por ello deseo compartir algunas impresiones de la visita realizada a Colombia hace una semana, junto a un equipo técnico científico del Real Jardín Botánico-CSIC, siguiendo los pasos de José Celestino Mutis en Mariquita, Ibagué y Bogotá. El viaje se llevó a cabo en el marco de la colaboración establecida con Funbotánica, Fundación Segunda Expedición Botánica, una iniciativa que, más que un proyecto académico, representa un puente vivo entre ciencia, historia y territorio, a ambos lados del Atlántico.
En las tres ciudades sostuvimos conv...
La experiencia fue, sencillamente, maravillosa, y por ello deseo compartir algunas impresiones de la visita realizada a Colombia hace una semana, junto a un equipo técnico científico del Real Jardín Botánico-CSIC, siguiendo los pasos de José Celestino Mutis en Mariquita, Ibagué y Bogotá. El viaje se llevó a cabo en el marco de la colaboración establecida con Funbotánica, Fundación Segunda Expedición Botánica, una iniciativa que, más que un proyecto académico, representa un puente vivo entre ciencia, historia y territorio, a ambos lados del Atlántico.
En las tres ciudades sostuvimos conversatorios con académicos, investigadores, gestores culturales, ciudadanos y medios de comunicación, que nos recibieron con inmensa generosidad. Más allá de los encuentros formales —de indudable trascendencia académica—, quedó una sensación constante: la hospitalidad. Personas cordiales y generosas que nos integraron en su cotidianidad con una naturalidad entrañable. Así es el carácter colombiano; así es también, conviene decirlo, el carácter español.
Consigno aquí las impresiones sobre esta visita y los avances logrados en torno a la recuperación del legado de Mutis en Mariquita, cuna de la Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada, donde el sabio trabajó durante casi ocho años. El eje central de esta colaboración binacional es la conservación del bosque húmedo tropical (BhT), conocido como Bosque Mutis, una reserva natural protectora donde desarrolló buena parte de sus investigaciones.
El recorrido incluyó escenarios científicos de enorme valor. En Bogotá, el Jardín Botánico —que honra el nombre del científico gaditano— ofrece un tropicario excepcional donde las plantas dialogan organizadas por biomas. En Ibagué, el Jardín Botánico San Jorge, en pleno corazón de la ciudad, demuestra cómo, en apenas 25 años, es posible consolidar una colección botánica de notable relevancia, particularmente en aráceas. La Fundación Orquídeas del Tolima, por su parte, ejemplifica el compromiso de la sociedad civil con la biodiversidad: allí, entre aromas y colores, pude apreciar el tenue y delicado perfume de Peristeria elata, la Flor del Espíritu Santo, símbolo botánico de singular belleza. En la Universidad de Ibagué, donde fuimos recibidos por su rectora, Natalia Ruiz, tuvimos la oportunidad de participar en una reflexión colectiva titulada Mutis hoy: ciencia, bioeconomía y territorio.
Todos estos espacios, llenos de vida y entusiasmo, nos permitieron comprobar que el espíritu de Mutis sigue vivo. Uno de los momentos más conmovedores del viaje ocurrió en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, en Bogotá. Caminar por sus claustros es recorrer una parte esencial de la historia científica americana. Allí, en 1762, Mutis inauguró la primera cátedra de matemáticas en la Nueva Granada, gesto intelectual que rompió inercias escolásticas y anticipó transformaciones profundas. Pocas experiencias resultan tan significativas para una botánica como contemplar documentos manuscritos del propio Mutis: caligrafía serena, trazos firmes, pensamiento ordenado. Emoción semejante produjo la visita a la Biblioteca Nacional de Colombia, custodio del Fondo Mutis, verdadero tesoro bibliográfico y científico. Hubo también un espacio de íntima solemnidad: la capilla que guarda los restos del sabio. Guillermo Pérez Flórez, director de Funbotánica, lo comprendió al ratificar allí mismo nuestra voluntad institucional y personal de trabajar por preservar su legado.
Fueron momentos especiales. Pero fue en Mariquita donde la experiencia adquirió un matiz revelador. Al descender de la sabana bogotana hacia el valle del Magdalena —un tránsito geográfico que ya sugiere transformaciones vitales— comprendí mejor la elección histórica de Mutis para establecer la Real Expedición en estas tierras. No se trató solo de clima o paisaje, sino de una relación profunda entre naturaleza y observación científica.
Mariquita nos recibió bajo una lluvia torrencial que, por momentos, hizo temer que se malograría nuestra visita al Bosque Mutis. El aguacero, lejos de desalentar, pareció reforzar la atmósfera del lugar. A la mañana siguiente, con todo reverdecido y nubes aún suspendidas sobre la montaña, visitamos la sede de Funbotánica. Sus espacios evocan memoria, estudio, conversación; resulta fácil imaginar allí la persistente curiosidad intelectual del sabio. El ingreso al Bosque fue, sin exageración, un momento de profunda emoción. Guiados por el guardabosque Humberto el Mono Riaño, seguimos una tradición cargada de simbolismo: pedir permiso al bosque antes de recorrerlo. Bastaron unos pocos pasos para advertir la magnitud de lo que allí subsiste: plantas, hongos, texturas, silencios. Un ecosistema que, pese a la presión humana y la reducción de su extensión, conserva una vitalidad admirable.
Las jornadas de exploración estuvieron acompañadas por ciudadanos, historiadores, vecinos y defensores del territorio. Esa presencia colectiva constituye, quizá, la mayor garantía de conservación. La ciencia, cuando se vincula con la comunidad, deja de ser abstracción para convertirse en experiencia compartida.
Preservar este relicto de bosque húmedo tropical y avanzar en la recuperación del Jardín Botánico de Mariquita no es únicamente un deber ambiental: es también un acto de memoria científica y reparación histórica. Colombia y España comparten en Mutis una herencia intelectual que trasciende épocas y fronteras.
Ya se han delineado los primeros pasos: la búsqueda de financiación y la organización de una Segunda Expedición Botánica que permita actualizar el catálogo florístico e identificar la diversidad fúngica del bosque. Se trata de investigación, sí, pero también de continuidad histórica.
Desde Funbotánica y el Real Jardín Botánico-CSIC promoveremos la participación de voluntarios en tareas de herbario, ilustración científica y conservación. Porque la ciencia —como la memoria— se fortalece cuando se construye colectivamente. Mariquita, entendí entonces, no es solo un lugar emblemático en la historia de la botánica y en la vida de Mutis. Es un territorio donde su legado sigue respirando, en pleno corazón de Colombia.