Inhumana, pero bellísima

Puede parecer que es una partida entre extraterrestres; sin embargo, contiene el germen que inspiró a Carlsen a cambiar de estilo

Foto: L.G. | Vídeo: EPV

Quien disfrute de esta partida -a poder ser, con calma, o pasando el vídeo varias veces, porque el estilo y los conceptos son muy diferentes a los humanos- despejará cualquier duda sobre si las máquinas pueden crear belleza, al menos en ajedrez. Lo más impresionante es que esa belleza no es solo el producto del cálculo bruto con muchas jugadas de antelación, dado que ninguna computadora actual, aunque procese millones de movimientos por segundo, está cerca de jugar perfectamente al ajedrez, dominando todas las partidas posibles: un uno seguido de 123 ceros. De algún modo, a principios de siglo, los científicos lograron programar algo similar a la intuición humana, adicionalmente a la potencia bestial.

La máquina ganadora de esta partida entre ajedrecistas de silicio, Stockfish, era la mejor del mundo en 2014, pero fue goleada por AlphaZero (de la empresa Deep Mind, de Google) en 2017. El campeón humano, el noruego Magnus Carlsen, decidió cambiar de estilo en enero de 2019, arriesgando mucho más, influido por partidas como esta de Stockfish y por varias de AlphaZero. Los jugadores inhumanos ejecutaban ideas de muy alto riesgo, como sacrificar una torre a largo plazo por compensaciones un tanto etéreas, como mayor dinamismo o iniciativa, que a él se le habían ocurrido muchas veces, pero no se atrevía a lanzarse al vacío. Carlsen se convirtió así en una especie de cíborg, un centauro del siglo XXI.

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