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Magnífica desolación

Los astronautas han ido y vuelto, pero nunca antes el tiempo enrevesado de las mentiras donde todo parece falso, salvo los muertos en las guerras y los desaparecidos

Jorge F. Hernández

En 1969 los astronautas Neil Armstrong y Buzz Aldrin alunizaron en el arenoso mar de la Tranquilidad en la Luna. Sigue pendiente el merecido homenaje que le debemos a ...

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En 1969 los astronautas Neil Armstrong y Buzz Aldrin alunizaron en el arenoso mar de la Tranquilidad en la Luna. Sigue pendiente el merecido homenaje que le debemos a Mike Collins, el tercero en el cartel lunar que como fiel taxista o primer Über rodeó la Luna mientras sus compañeros descendieron en el Águila que parecía Araña para dejar sus huellas y su historia sobre la superficie cacariza del satélite de queso.

Tres siglos antes, al pie de la Sierra Morena, Sancho y Quijote se encuentran con la mochila de Cardenio que entre otras deshilachadas magias contiene un llamado Libro de Memoria, que sería justo describir como el remoto antecedente de un iPad de pantalla táctil -no de pixeles, sino de cera lisa. Cuando el Caballero de la Triste Figura decide quedarse en esa sierra para martirizarse por las cuitas y pendencias de su amor por Dulcinea, Sancho se compromete a llevarle una misiva a la Musa en su palacio de El Toboso, mas por un despiste olvida la memoria tallada en la tablet y tanto su señor Don Quijote como él mismo quedan expuestos a un vacío desolador.

Ayer mismo los tripulantes de otro Orión, en nave nodriza llamada Artemisa en español, han vuelto a rodear la Luna y desde su órbita alucinante han vuelto a ver la Bahía de la Tranquilidad, las huellas de los pioneros y los restos del Águila que quedaron como nido en el silencio más inmenso. Han ido y vuelto sin más cordón umbilical que la mejoradísima tecnología que seguirá conquistando el espacio, por lo pronto con mayor espacio para los astronautas dentro de la nuez levitante en la que viajan. Han ido y vuelto llevando consigo teléfonos móviles, no por la utópica cobertura universal, sino por las cámaras a la mano que garantizan el millar de fotografías, tal y como hacemos millones de usuarios sin red que no soltamos el celular por si acaso podemos filmar o fotografiar esa selfie invaluable donde posamos con un amigo al pie de la Sierra Morena.

Han ido y vuelto desde 1969 las frases e imágenes invaluables de una huella en la polvosa arena gris y a mí me dolía el divorcio de John, Paul, George y Ringo. Ayer como hoy. Han ido y vuelto, pero nunca antes el tiempo enrevesado de las mentiras donde todo parece falso, salvo los muertos en las guerras y los desaparecidos diario; falsa la retórica triunfalista del fascismo resucitado y contundente verdad en las virtudes simples que perviven en el silencio de un paisaje cacarizado por cráteres como cicatrices del sarampión como bombardeo estelar sobre las millones de biografías que se detienen de pronto ante el paisaje infinito del negro telón moteado por millones de estrellas como diamantes para murmurar en voz baja la frase célebre de los pasos agigantados que pronunció Armstrong como profeta con casco, pero olvidando la definición entrañable de Buzz Aldrin que al plasmar las segundas huellas sobre la arena de la Tranqulildad dijo que todo eso (y quizá todo lo demás) es no más que “Una magnífica desolación”.

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