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Morena vs. Morena

La dirección del partido propone cambios reglamentarios que reflejan un intento por corregir errores, al tiempo que se evitan correcciones de fondo

La dirección del partido Morena durante la inauguración del Consejo Nacional, el 7 de marzo 2026. CUARTOSCURO

Los reflectores políticos han estado orientados a la disputa entre Morena y sus partidos aliados, pero la pugna no termina ahí.

La refriega política más relevante se está dando al interior del partido y este fin de semana, en las discusiones dentro del Consejo Nacional de Morena, el contenido de tal dispu...

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Los reflectores políticos han estado orientados a la disputa entre Morena y sus partidos aliados, pero la pugna no termina ahí.

La refriega política más relevante se está dando al interior del partido y este fin de semana, en las discusiones dentro del Consejo Nacional de Morena, el contenido de tal disputa ha quedado evidenciado.

Morena no lo acepta públicamente, pero su Consejo reflejó con transparencia que la presidenta y el liderazgo del partido han caído en cuenta de algo importante: el cambio en las reglas del partido es tan necesario como inminente. Si Morena no da un giro en la forma en la que hace política y en cómo elige a sus candidatos, el futuro del partido será poco prometedor.

El problema es que no todos quieren los cambios. Morena es una orquesta de facciones, muchas empoderadas gracias a las mismas reglas que ahora debaten cambiar. Luisa María Alcalde, presidenta del partido, es el timón al que se le ha encargado dar el giro. Quizá por ello, cuando llega al Consejo, algunas facciones le aplauden poco.

El error más evidente que ha cometido Morena hasta ahora es haber creído que cuna es destino. López Beltrán, hijo del expresidente López Obrador, ha probado que no cuenta con las tablas para coordinar al partido. Morena ha decidido que es inminente que este deje su posición como secretario de Organización y pase a un asiento más modesto: ser diputado local de Tabasco, el Estado de su padre.

La señal es poderosa. Morena es, en gran medida, un partido de familias. Esta es la primera ruptura de alto calado con ese modelo y una indicación de que nadie, ni los hijos del fundador, están exentos de dar resultados.

Otros cambios que se han propuesto en el consejo revelan que el deseo de reformarse a veces es menos fuerte que la inercia. En la batalla épica por transformar a Morena, Morena misma es a veces el principal enemigo.

En nada es esto tan evidente como en el anuncio que se dio sobre el cambio en la forma de selección de candidatos. La propuesta hace evidente que el partido reconoce lo que muchos ya habíamos advertido: que su mecanismo de selección de candidatos (por medio de encuesta abierta entre la población) favorece a los candidatos más populares, no a los más probos.

El mecanismo genera un equilibrio perverso, pues hace que quienes más gastan en su promoción personal tengan mayores probabilidades de acceder a un cargo, independientemente de si los fondos utilizados para las precampañas provienen de compromisos pecuniarios innombrables.

Aquí es donde la épica profundamente contradictoria del poder se hace evidente. Morena propone un cambio, pero a la vez se deja abierta la puerta para no usarlo. La propuesta es mantener la encuesta abierta como método de selección, pero cambiar la ponderación que se utiliza para seleccionar al ganador para darle más peso a la opinión pública sobre la honestidad del candidato.

Anteriormente, la encuesta supuestamente ponderaba ocho atributos de los precandidatos, incluyendo la honestidad. La realidad es que la encuesta no servía para mucho, pues las candidaturas, al menos las de gobernador en 2024, se seleccionaron con base en una sola pregunta: si las personas consideraban que el precandidato era un buen perfil para Morena. La información colectada sobre la honestidad de los candidatos fue puramente testimonial.

De hecho, si en 2024 se hubiera seleccionado como candidato a gobernador a los que eran percibidos como más honestos, el país sería completamente distinto. Rocío Nahle no sería gobernadora de Veracruz (sino Manuel Huerta) y Clara Brugada tampoco sería jefa de Gobierno de la Ciudad de México (sino Omar García Harfuch). Además, el candidato de Morena en Jalisco habría sido Carlos Lomelí.

Ahora, el Consejo ha sugerido que la honestidad y la cercanía con el pueblo serán un contenido esencial en la ponderación para la selección de candidatos.

El dilema es que, aun lo fueran, los incentivos de los precandidatos no cambian. La encuesta de selección asegura que gane el más popular, con el único agregado de que ahora se le pida que sea competente en ocultar sus escándalos.

Los morenistas que apoyan el cambio en ponderación argumentan que, localmente, las personas conocen los escándalos de corrupción de los precandidatos y que será imposible que alguien deshonesto termine ganando la encuesta.

La realidad es que ocultar los negocios innombrables de un precandidato no es difícil cuando está afiliado a Morena porque sus enemigos lo perciben como un potencial gobernante. Esto desmotiva a las personas a dar a conocer escándalos del precandidato por temor a represalias futuras.

En el Consejo Nacional de Morena también se propuso que la Fiscalía General revise los perfiles de los candidatos. El avance es importante y casi parece una broma que no se hiciera así antes. Queda la duda de qué tanto ahondará la fiscal, Ernestina Godoy, en el pasado de los candidatos si ella misma es un miembro fundador del partido.

De fondo, el problema de Morena no es que desconozcan quién es probo y quién no lo es. El dilema es un desalineamiento entre sus incentivos de corto y largo plazo. Expulsar a los candidatos no probos es, en el largo plazo, el camino adecuado para mantener la vitalidad y el atractivo de Morena. Pero, en el corto plazo, crea problema. Los candidatos expulsados suelen tener buena capacidad de movilización y de atracción de recursos, lo que, fuera de Morena, puede terminar por empoderar a partidos con menores reglas de probidad como el Partido Verde.

Otras señales interesantes del Consejo de Morena fueron las ausencias. El senador Adán Augusto López tenía apartado un lugar en primera fila, pero no logró llegar. La imagen del partido sin duda se beneficia de su ausencia.

Ricardo Monreal, por su parte, estuvo presente, pero de manera muy discreta. Destaca que cada que se hablaba de apoyar la reforma electoral, el diputado encontraba forma de evitar aplaudir.

El principal ausente del Consejo Nacional de Morena, sin embargo, no fue una persona, fue el diálogo. Las propuestas de cambio se imponen de manera vertical. No se discuten, no se debaten. El partido se ha convertido en un conglomerado de facciones que aceptan, silenciosas, un liderazgo jerárquico, cuyos movimientos a veces no son claros ni para los asistentes.

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