Videoanálisis | México: Más ricos y menos pobres
En el informe de Oxfam se presentan recomendaciones de valor, sin que aparezcan las falsas imputaciones que ciertos analistas opositores le adjudican
Son 22 y son nuestros.
En el último informe publicado hace algunos días por Oxfam, se lee que, en México —siguiendo la tendencia mundial— nuestros 22 milimillonarios concentran más riqueza que nunca. Su fortuna es igual al tamaño de las economías de Jalisco y Guanajuato. Juntas.
Malas nuevas. A nadie le entusiasma que los muy ricos se hagan todavía más ricos. Y eso pasa por dos razones. Primero, porque sabemos que la acumulación de los de arriba suele levantarse sobre los de abajo. La segunda, porque más dinero suele significar más poder. Poder para influir. Poder para presionar. Poder que debilita al Estado.
Sin embargo, esa idea de que, cuando a los ricos les va mejor, a los pobres les tiene que ir peor, no se cumplió en el México reciente. Los datos del Inegi dicen que, en el sexenio anterior, todos los deciles mejoraron. En un país habituado a crecer dejando atrás a la mayoría, pasó algo raro: a los ricos les fue bien, pero a los más pobres les fue mejor.
Las causas de esa rareza son reconocidas por Oxfam. Basta darse una vuelta por el informe para comprobarlo. Ahí no figuran las falsas acusaciones que algunos analistas opositores han atribuido al informe. Oxfam no denuncia ninguna traición al principio “por el bien de todos, primero los pobres”, ni invita a pensar que el país avanza por la gastada autopista del neoliberal.
Lejos de proponer una ruptura con la transformación en marcha, Oxfam recomienda profundizar la recuperación de la economía para que trabaje en favor de la mayoría y no solo les entregue ingresos más justos —como ya empezó a pasar—, sino tiempo, libertad y calidad de vida, así como estrategias para atacar la gran concentración del capital, como cobrar impuestos a la riqueza extrema, a las grandes herencias y a los bienes de lujo.
Eso es lo que dice Oxfam. Todo lo demás es puro enojo.