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Jesús Gallardo, el triunfo del niño de Tabasco que jugará su tercer Mundial

El lateral izquierdo, potenciado por el exseleccionador Juan Carlos Osorio, es uno de los hombres seguros para Javier Aguirre

Jesús Gallardo y Francisco Conceição durante el partido de México contra Portugal, en el Azteca, el 28 de marzo pasado. Emiliano Molina

Jesús Gallardo (Cárdenas, Tabasco, 31 años) es de esos jugadores que no necesitan hacer ruido para hacerse notar. Su trayectoria grita éxito. Han pasado 12 años desde que debutó en Primera División y está apuntado en la lista para jugar su tercera Copa del Mundo. Lo hará como titular, líder y un tipo de carcajada fácil. Es uno de los pilares para el seleccionador Javier Aguirre.

Hijo de un trabajador de una plataforma petrolera en Campeche y de una estilista, Gallardo es el héroe de Cárdenas, la segunda ciudad más grande del Estado. Fue el primer futbolista tabasqueño en alcanzar la selección mexicana, por lo que su nombre remite al del vecino que logró su sueño. La clave siempre estuvo en su zurda. “Me ha ayudado mucho ser zurdo, casi no los hay en el fútbol mexicano”, contó a EL PAÍS en una entrevista de 2018. “Los zurdos somos menos, pero siempre se ven más, marcan la diferencia”, agregó.

Su nacimiento en el fútbol ocurrió en 2014 bajo la tutela de Guillermo Vázquez hijo en los Pumas. Empezó como un atacante por la lateral izquierda. Su buen momento, sin embargo, estuvo apagado hasta 2016 cuando otro guerrero del fútbol, Francisco Palencia, le devolvió al primer equipo. No tardó nada en llamar la atención del seleccionador Juan Carlos Osorio, quien para octubre le llamó para disputar un amistoso contra Nueva Zelanda. El estratega colombiano, que levantó muchas cejas en México por sus decisiones, lo cambió de posición hacia la defensa, en el lado izquierdo. En ese momento, el círculo de medios deportivos tundieron al estratega colombiano por apostar por un novato en una banda que tuvo a grandes jugadores como Ramón Ramírez o Carlos Salcido.

Gallardo tuvo que picar piedra. Fue considerado para una selección B de México, que tuvo que disputar la Copa Oro en vez de la Copa Confederaciones en 2017, destinada para el equipo estelar. El tabasqueño fue titular en lo que le tocó. Su revancha ocurrió en el año mundialista de 2018 cuando Osorio lo incluyó en la nómina final, lo fortaleció como su defensa izquierdo y le hizo titular en el escenario más glamuroso del fútbol. El primer partido mundialista que sostuvo fue contra Alemania. Y fue ahí cuando el equipo mexicano sorprendió al mundo al ganar 0-1 al conjunto alemán. Los primeros consejos que tuvo en el combinado nacional fueron de Rafael Márquez, que en ese momento ya estaba cerrando la cortina de su carrera.

Gallardo se volvió en un fijo en la alineación mexicana. Su titularidad se mantuvo en el turbulento proceso de Tata Martino, que culminó con la caída en la fase de grupos del Mundial de Qatar, algo no visto en 40 años. En total, ha jugado siete partidos mundialistas, que lo erigen como uno de los más experimentados de la selección mexicana actual junto con Guillermo Ochoa (11 partidos disputados en los cinco Mundiales a los que ha sido llamado). Salvo lesión, la principal jaqueca para Aguirre en este proceso, Gallardo es el dueño de la lateral izquierda. Su suplente inmediato apunta a ser Mateo Chávez, quien juega en el AZ Alkmaar.

Gallardo, aquel delgado futbolista que jugó en Jaguares de la Tercera División, tiene tres títulos de la Liga MX: uno con Monterrey (2019) y un bicampeonato con Toluca (2025). También tiene dos Ligas de Campeones de la Concacaf (2019 y 2021), tres Copas de Oro (2019, 2023 y 2025), además de la Nations League de 2025. Un ganador total que intenta compartir sus experiencias y consejos ajenos a sus compañeros, como con Gilberto Mora de 17 años, con quien coincidió en un partido de estrellas del fútbol mexicano contra las de Estados Unidos. Aguirre lo ha notado y le ha otorgado la capitanía en un par de partidos.

Cada que tiene vacaciones, Jesús Gallardo vuelve a Cárdenas para dejarse querer por una ciudad que lo ve como un tótem, un ejemplo. Tras ganar dos veces el campeonato mexicano, el lateral izquierdo jugó una cascarita en una de las canchas de tierra. “Con los pies en la tierra, pero mirando el cielo”, reza una de las frases con las que empezó a decorar su cuenta de Instagram desde que inició como futbolista.

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