Hándicap en contra
Con un desempleo que crece incluso en la ‘temporada buena’ del mercado del trabajo y unos resultados fiscales peores que los esperados, Kast tomará las riendas del Estado en unas condiciones que le obligarán a redoblar esfuerzos
El relato de cierre de la gestión económica de la saliente Administración ha sufrido en las últimas jornadas una serie de golpes. La idea de que se entregaría un país estabilizado, en mejores condiciones que las de hace cuatro años y en una pendiente que comenzaría a subir, luce hoy ajada, con un desempleo que majaderamente sigue sobre 8% (y que vuelve a subir a 8,3%, pese a las fuerzas estacionales en contrario), y con un desempeño en el primer mes del año que ni siquiera permite usar la palabra crecimiento, porque el Imacec de enero cayó 0,1%, algo que no estaba en las expectativas oficiales ni en los cálculos de los expertos.
Así, la composición de escena para la transición de una Administración a otra está siendo, aparte de áspera y sacudida por la contingencia, una suerte de fiasco narrativo, en donde los tercos números insisten en desmentir a quienes se van y dar la razón a quienes llegan, cuya retórica, que califica la performance del Gobierno saliente como una de las peores en muchas décadas, gana día a día más densidad.
A ello habría que sumar el desempeño fiscal agregado, en torno al cual el último diagnóstico del Consejo Autónomo Fiscal (CFA) elevó los decibeles en el reproche a la gestión de Hacienda, al comentar lo mostrado por el último Informe de Finanzas Públicas (IFP) del ministerio de Hacienda. Sin escatimar adjetivos, el CFA, que es un ente técnico, colegiado e independiente, aludió a una seguidilla de “errores reiterados y significativos” por parte de las autoridades, algo incomprensible, habida cuenta de las insistentes advertencias públicas realizadas y el repertorio de sucesivas equivocaciones cometidas por la Dirección de Presupuestos a lo largo de la presente administración.
Una Administración que en materia fiscal se atribuyó haber alcanzado un balance positivo el primer año, pero que hoy los expertos miran con otro prisma, ya que entonces también pudieron haber incidido en el resultado algunos factores extraordinarios en materia de ingresos en vez de a una acertada gestión. Algo similar está ocurriendo con la lectura de la contención del nivel de deuda pública respecto del PIB, que podría explicarse más por factores como el tipo de cambio y el PIB nominal que por decisiones de política fiscal. Por no mencionar otros aspectos polémicos de los últimos meses, como los traspasos de recursos desde Corfo o la desmejorada posición de activos consolidados del Tesoro Público para enfrentar contingencias, con un Fondo de Estabilización Económica y Social (FEES) que desde hace tres años no suma aportes
En síntesis, con un último dato de actividad negativo, con un desempleo que crece incluso en la ‘temporada buena’ del mercado del trabajo y unos resultados fiscales peores que los esperados, el Gobierno de José Antonio Kast tomará las riendas del Estado en unas condiciones que le obligarán a redoblar esfuerzos si quiere responder adecuadamente al 57% de los chilenos que piensa que a partir de ahora las cosas irán bien o muy bien, según la última encuesta Cadem.
Las expectativas, como se sabe, son un arma de doble filo. Porque si bien hablan de una confianza en que las cosas irán mejor, también son una expresión de deseo, una expectativa de que el cambio que plantea la nueva Administración producirá efectivamente ese mejor estado de cosas.
Las bajas bases de comparación —es decir, la vara baja que deja la Administración Boric— pueden ayudar a corto plazo, pero las circunstancias no dejarán de ser complejas. El aparato productivo nacional acumula muchos años en modo supervivencia, sometido a una maraña de trabas burocráticas que han sido solo parcialmente contenidas, y con leyes que encarecen la mano de obra y que ya están promulgadas y son vistas como derechos adquiridos. Por el lado fiscal, que según como se mire, representa algo más del 20% del PIB del país, nadie discute que es urgente hacer un ajuste, que si se hace en serio no será inocuo.
A ello se deben sumar unas condiciones geopolíticas internacionales sobrevinientes que están abriendo nuevos flancos de desafío a una economía altamente dependiente de las importaciones de hidrocarburos y donde la encrucijada abierta por dos grandes socios comerciales del país (EE.UU. y China) obligará a un manejo especialmente hábil para no ‘comprar’ nuevos problemas. A corto plazo, estas condiciones geopolíticas ya están impactando en los mercados (con una bolsa que cae y un dólar que sube) y, probablemente, también incidirán en algo en el manejo monetario de corto plazo. Un cuadro que configura un hándicap en contra que impondrá retos políticos y técnicos sustantivos a las nuevas autoridades de gobierno.