Censo 2024: desafíos pendientes en educación
El fortalecimiento de la calidad de los aprendizajes, la ampliación de la cobertura educativa en zonas rurales, y la mejora de la educación parvularia deben situarse en el centro de la agenda educativa
Recientemente se publicaron los resultados del Censo de Población y Vivienda 2024, una fuente clave para comprender la realidad del país. Este instrumento recoge información en múltiples ámbitos y permite desagregar la situación de la población en diversas dimensiones, entre ellas, la educación. Los datos muestran claros avances en esta materia: mejoras en tasas de alfabetización, aumento de los años de escolaridad promedio, y una expansión significativa de la educación superior.
Sin embargo, una mirada más detallada revela que estos avances conviven con rezagos persistentes. Las altas tasas de alfabetismo, que para 2024 alcanzan al 97,8%, contrastan con los resultados de evaluaciones internacionales como la PIAAC 2022–2023, donde un 53% de la población en Chile sólo es capaz de comprender oraciones simples. La población adulta que declara que su nivel educativo más alto alcanzado es la educación superior ha aumentado un 43,2% desde 2017, pero, según la prueba mencionada anteriormente, un 56% tiene niveles bajos en razonamiento matemático y resolución adaptativa de problemas. Esto se traduce, en la práctica, que la mitad de la población sólo puede sumar y restar números pequeños, y resolver problemas simples con poca información relevante.
Asimismo, aunque los años de escolaridad promedio superaron por primera vez el umbral de la educación obligatoria (12,1 años), 10 de las 16 regiones del país aún no alcanzan dicho nivel. Ocho de estas 10 regiones se encuentran en la zona centro sur de nuestro país, zonas predominantemente rurales. A ello se suma que un 47,7% de los niños entre 0 y 5 años que podrían asistir a educación parvularia no lo hacen, una cifra prácticamente idéntica a la observada en el Censo 2017 y considerablemente menor al promedio de los países de la OCDE, cuyos niveles promedios alcanzan el 90%. Pese a que el 80% de la población considera que la educación parvularia es clave para el desarrollo infantil y el rendimiento escolar futuro, esta alta valoración no se ve reflejada de manera concreta en la asistencia a este nivel educativo.
A estas brechas se añade un problema menos visible, pero igualmente relevante: la sostenida caída de la tasa de natalidad. Esto se ve reflejado en una disminución de población en edad escolar, con 261.338 niños menos en comparación con 2017 y 613.887 menos respecto de 2002. Las consecuencias de esta reducción demográfica aún no se manifiestan plenamente, ni se han dimensionado sus implicancias para el sistema educativo. En conjunto, estos elementos evidencian que, pese a los avances observados en los indicadores agregados, persisten desafíos estructurales pendientes en materia educativa.
Con todo, así como persisten desafíos relevantes, también se abren oportunidades de mejora. El fortalecimiento de la calidad de los aprendizajes, la ampliación de la cobertura educativa en zonas rurales, y la mejora tanto en la calidad como en la cobertura de la educación parvularia deben situarse en el centro de la agenda educativa.
Algo similar ocurre con la sostenida caída de la tasa de natalidad. Este fenómeno demográfico abre la posibilidad de repensar la organización del sistema educativo, avanzando hacia modalidades más personalizadas, con una mayor inversión por estudiante y mayores recursos para que los docentes puedan atender las necesidades de sus alumnos.
La pregunta, entonces, no es si existen diagnósticos o datos suficientes, sino si habrá voluntad política para traducirlos en decisiones concretas. En la medida en que estos desafíos sean abordados con seriedad desde la política pública, la educación podrá volver a consolidarse como una palanca efectiva de desarrollo. De lo contrario, Chile seguirá acumulando cifras que describen con precisión el problema, mientras posterga las soluciones necesarias para avanzar.