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El alcohol ya no está de moda

El consumo de alcohol entre jóvenes se ha reducido en más de la mitad en una década. Las razones reflejan desconcertantes y profundos cambios culturales en las juventudes

Con Bad Bunny a unos días de convertirse en la estrella de medio tiempo del Super Bowl, recordé una ironía que me llamó poderosamente la atención durante su último concierto en la Ciudad de México: la mayoría de los asistentes estaban sobrios.

Miles de voces perreaban, gritaban y coreaban canciones que son a...

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Con Bad Bunny a unos días de convertirse en la estrella de medio tiempo del Super Bowl, recordé una ironía que me llamó poderosamente la atención durante su último concierto en la Ciudad de México: la mayoría de los asistentes estaban sobrios.

Miles de voces perreaban, gritaban y coreaban canciones que son auténticas odas al exceso, al alcohol y a la fiesta, pero lo hacían sin una gota de alcohol encima. Los asistentes a la bacanal de Bad Bunny no estaban físicamente borrachos. Su exceso era mayormente retórico. Discursivo.

Para alguien como yo, de la ya no tan joven generación milenial, la escena resultaba casi alienígena. En nuestros conciertos la fiesta no era narrativa. El exceso no era una metáfora, sino algo visible y central, parte inevitable del paquete.

Parece increíble, pero, en el concierto de Bad Bunny, al vendedor de cerveza (ese que pasa cargando una hielera al hombro), no se le agotó la bebida, sino las botellas de agua. Pasaba entre los perreos y la ropa ligera disculpándose con quien le pedía una. A la mitad del concierto gritó, medio en broma, medio en crisis: “¡Ya no tomen agua nomás!”.

Lo sucedido no es exclusivo de Ciudad de México, ni de un concierto de Bad Bunny. Es una tendencia clara y medida: el consumo de alcohol entre los jóvenes mexicanos se ha desplomado.

El alcohol ya no está de moda. Según la más reciente Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco de México, realizada apenas hace unos meses, el porcentaje de adolescentes que reportan haber tomado consumido alcohol en el último mes se desplomó en la última década, pasando de 16,1% a solo 7,5%. La reducción en consumo se ha dado tanto en hombres (16,8% a 8,3%), como en mujeres (15,4% a 6,6%). El porcentaje de adolescentes que nunca ha probado el alcohol también ha aumentado.

No hay una sola zona del país donde el consumo de alcohol entre los más jóvenes no se haya reducido. En la región occidental, esto es, los Estados de Zacatecas, Aguascalientes, Jalisco, Nayarit y Colima, el consumo de alcohol durante el último mes se redujo en dos terceras partes, pasando de 28% a 10%. Esto significa que el número de adolescentes que consumen alcohol de manera mensual en estos estados pasó de ser más de 400.000 a menos de 150.000.

El consumo en exceso de alcohol también se redujo de forma sustantiva. El porcentaje de adolescentes que consumió alcohol en exceso en el último año (cinco copas o más por episodio para hombres y cuatro para mujeres) se redujo de 15% a 5% en la última década. La reducción en el consumo de alcohol también ha sucedido en la población general, no solo entre los más jóvenes. Mientras que en 2016 el 40% de los mexicanos de 18 a 65 años reportaban haber consumido alcohol en el último mes, el dato más actual es de solo 35%.

Interesantemente, la reducción en consumo se explica mayormente porque los hombres redujeron la cantidad de alcohol que beben. Las mujeres se han mantenido con niveles similares de consumo de alcohol mensual en la última década. El 25% de las mujeres consume alcohol cada mes.

La reducción en el consumo de alcohol entre generaciones jóvenes no es exclusiva de México. Tendencias similares se observan en Estados Unidos y Europa, al punto en que se han abierto “bares sin alcohol” en Nueva York, Austin y Atlanta para acomodar un nuevo mercado que desea socializar sin tener que embriagarse. En Estados Unidos, por ejemplo, el porcentaje de jóvenes que beben alcohol se redujo en un 72% entre 2005 y 2025. Estudios similares muestran reducciones en consumo en varios países europeos.

La pregunta es qué yace detrás de este cambio en patrones de consumo. Varios estudios apuntan a que una de las variables más relevantes es cultural: las generaciones más jóvenes valoran más su salud física, están más conscientes de los impactos negativos del alcohol en su salud mental y asocian al alcohol con mayor violencia sexual y física.

La baja en el consumo de alcohol también parece estar relacionada con una mayor atención a intentar ser productivo. Algunos estudios han reportado que los jóvenes se sienten más preocupados y desesperanzados sobre su futuro profesional, lo que los hace sentirse más presionados que generaciones pasadas para usar “bien” su tiempo, esto es, en actividades que les ayuden a mejorar su situación educativa o profesional.

Pero no todo es cultural. Una parte del cambio es sin duda económica. Los trabajos de los jóvenes son cada vez más precarios, lo que limita su capacidad de comprar bebidas alcohólicas. Además, la crisis de vivienda ha hecho que muchos jóvenes continúen viviendo con sus padres hasta edades más avanzadas y ello limita su capacidad de caer en excesos.

Hay algo importante: a diferencia de Estados Unidos, donde parte de la reducción en el consumo de alcohol se explica por el mayor consumo de otras substancias como la marihuana, en México los datos no parecen apoyar esa explicación. Si bien es cierto que el porcentaje de mexicanos que ha probado drogas ilegales en algún momento de su vida ha aumentado en la última década, el consumo regular, entendido como reportar haber consumido en el último año, no ha cambiado de manera significativa ni entre adultos ni entre adolescentes.

Otro aspecto que se menciona como potencialmente explicativo para la reducción en el consumo de alcohol de los más jóvenes es que las formas de socialización han cambiado. El alcohol es un producto que se consume de manera presencial y las generaciones más jóvenes se conectan cada vez más por redes sociales. No tiene mucho sentido beber si solo estás chateando. Algunos de ellos experimentaron periodos críticos de socialización durante la pandemia, lo que probablemente también redujo su familiaridad y acceso al alcohol.

Esto no significa que las generaciones más jóvenes no beban. Lo hacen, pero en menor medida. De hecho, los jóvenes no sienten que beban poco. Quienes se dan cuenta de que beben poco no son ellos, sino las generaciones más viejas que tienen punto de comparación.

Al final, lo que pasó en el concierto de Bad Bunny en Ciudad de México no es una rareza ni una moda pasajera, sino una señal clara de que algo cambió. La fiesta sigue ahí, pero se vive distinto: con más control, más conciencia y, quizá, más preocupación por el día siguiente. Los jóvenes no dejaron de celebrar, pero sí aprendieron a hacerlo sin perderse en el proceso.

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